Guía básica para un poteo sanferminero sin sionismo
La bandera palestina se ha hecho un hueco en los sanfermines, y este año reclama uno más, el de la barra. Aske, Yala Nafarroa y el txosnagune de Herri Sanferminak han rastreado marca por marca qué se puede beber sin dejar un euro en manos cómplices del genocidio.
Gara, , 10-07-2026Echar un pote, disfrutar de una buena comilona o simplemente salir de fiesta en sanfermines sin dejar un solo euro en la caja de empresas cómplices del genocidio es más complicado de lo que parece. Una caña, un cubata, un refresco para el bajón de media tarde y combatir el calor y la resaca… detrás de casi cualquier consumición hay una marca que aparece en las listas de boicot del movimiento BDS. Cuesta, pero se puede, y hay quien ya ha dejado buena parte del camino desbrozado.
Aske, el festival que en Atarrabia recogió el testigo del Hatortxu Rock, se convirtió en su primera edición en uno de los pioneros en sacar adelante una barra con boicot total a Israel, sin una sola bebida vinculada al sionismo. Un empeño, cuenta Maider Auza, miembro de la comisión de barras, que obligó a rastrear los productos uno a uno.
El primer paso, recuerda, fue asumir que no podían asegurar el boicot total de un día para otro. «Al principio queríamos un boicot absoluto, con todos los productos, pero enseguida vimos que no lo podíamos garantizar así como así», afirma. En una barra de festival solidario el sostén económico pesa, y cada bebida arrastra proveedores, precios y logística.
Así que fijaron un objetivo claro, la menor relación económica posible con Israel, y contactaron con el BDS para saber por dónde empezar. La primera diana fueron los refrescos, empezando por los grandes, The Coca-Cola Company y PepsiCo, ambas señaladas por sus vínculos con Israel, que copan casi toda la barra. Como alternativa dieron con Frixen, una empresa de refrescos de Zaragoza que produce cola, naranja, limón y tónica.
Pero surgió un problema con el reciclaje. Frixen no usaba botellines retornables, así que cada refresco servido dejaba un envase de vidrio de un solo uso y se podrían acumular montañas de cristal. La alternativa era pedirlo en lata, más fácil de reciclar, pero Aske quería reducir residuos al máximo. Lo consultaron con la Mancomunidad, que prefería gestionar vidrio antes que latas, y así la mayoría de refrescos acabó sirviéndose en botella y solo la tónica, en lata.
Con los refrescos resueltos quedaba lo más espinoso para cualquiera que quiera pedir en una barra estos días, el alcohol. Aquí Aske fue mirando marca por marca, y el resultado es una chuleta que sirve igual para un txosna que para el bar de la esquina. ¿Un gin-tonic sin ayudar a Israel? Con ginebra Master. ¿Un vodka? Moskovskaya. ¿Whisky? Bold. ¿Ron? Barceló. Cuatro nombres que, según su rastreo, salvan el boicot cuando el resto de la barra está lleno de marcas señaladas.
Aunque a veces el problema no es la marca, sino la empresa que hay detrás, capaz de cumplir el boicot en un producto y saltárselo en otro, así que su consejo es tirar de la destilería más pequeña y cercana que se pueda. Con el patxaran, para tranquilidad de la parroquia, no hubo ni que investigar. Es de aquí, así que difícilmente va a financiar nada en Tel Aviv, como los licores de casa, la cerveza o el vino.
No Room for Genocide
En esa misma dirección empuja Yala Nafarroa con Palestina, que ha traído al herrialde la campaña del BDS ‘No Room for Genocide’, pensada para la hostelería y el turismo. La idea es cerrar el paso a quienes participaron en el genocidio de Gaza y, al mismo tiempo, recibir con los brazos abiertos a palestinos y refugiados.
Para sumarse basta con colgar los dos carteles, el de la sandía y el de derecho de admisión, aunque quien quiera dar un paso más siempre puede vaciar el mostrador de marcas cómplices y llenarlo de producto de aquí.
Ya pasan de medio centenar los locales navarros sumados, y desde Yala matizan que no es una campaña de verano. Pero los sanfermines mandan, y el colectivo, que el año pasado tiró el txupinazo desde el balcón del Ayuntamiento, no piensa faltar a unos días en que Iruñea se llena de turistas. La idea, dicen, es «convertir la barra en terreno de boicot, para que en unas fiestas de proyección internacional se lea también que no hay sitio para el genocidio».
Herri Sanferminak
En el txosnagune de Herri Sanferminak el boicot también es protagonista. «Es total, en todos los sentidos», resume Zuberoa, del colectivo, que mete en el saco hasta el veto a Spotify. No ha sido sencillo, admite, porque las empresas que colaboran con Israel son legión, pero se apoyaron en los contactos que facilita la campaña y en el ejemplo de las comparsas de Bilbo, que ya habían dado el paso.
En la barra, fuera Coca-Cola, Pepsi, Kas y Fanta, y dentro Nabarcola y Euskola en versión cola, limón, naranja y tónica. Con los alcoholes siguieron el mismo criterio, apartando las marcas con vínculos como Seagram para quedarse con ginebra Tanqueray, ron Añejo y vodka Moskovskaya.
Para quien quiera hacer esa criba por su cuenta, existe una herramienta que se ha vuelto casi imprescindible, la aplicación No Thanks, que permite escanear un producto y saber al instante si su marca está señalada por el boicot. Pero en Herri Sanferminak el gesto no acaba en lo que se sirve. El txosnagune lo ha llevado también al terreno de lo comunicativo, dejando claro que los sionistas no son bienvenidos y que «Euskal Herria está con Palestina», apunta Zuberoa.
En esa misma línea y al igual que el año pasado, se han sumado a la manifestación convocada por Palestinarekin Elkartasuna, que recorrerá Iruñea el 10 de julio a partir de las 18.00 con salida desde la plaza de la O.
(Puede haber caducado)