La neofascista AfD se prepara a tomar el poder ejecutivo regional
La Alternativa para Alemania (AfD) ha celebrado su 17.º congreso haciendo alusión al histórico nazismo sin que la Justicia alemana pueda sancionarla por ello. Los sondeos auguran que su auge continúa y que incluso podría lograr la mayoría absoluta en un land que vio triunfar a Adolf Hitler hace un siglo. Su éxito determinará el futuro del canciller, Friedrich Merz (CDU).
Gara, , 09-07-2026La AfD debe tener cuidado cuando actúa porque no pocos de sus adversarios políticos la llevarían ante la Corte Constitucional para pedir su ilegalización anticonstitucional. Por eso, algunas oficinas regionales del servicio secreto interior BfV buscan en determinadas estructuras territoriales su relación con el neonazismo violento. Para no caer en la trampa legal, su dirección ha elaborado una lista de organizaciones cuyos miembros no pueden militar en la formación. Entre ellos, el partido neonazi NPD y el austríaco Movimiento Identitario, que protagonizó algunas mediáticas acciones en Berlín y que goza de cierta popularidad entre los jóvenes militantes. Para prevenirlo, la AfD desarticuló su organización Alternativa Joven para refundarla como Generación Alemania.
En este contexto se explica cómo y por qué el partido celebró su 17.º congreso bajo el lema “Reinicio para Alemania” el pasado fin de semana en Erfurt (Turingia). Un siglo antes, en 1926, el Partido Nacional Socialista Obrero Alemán (Nsdap) de Adolf Hitler hizo lo mismo tras volver a ser legalizado. No lo hizo en la capital de Turingia, sino en Weimar, donde había nacido en 1919 la república que tanto detestaba.
LA AFD, POR SUPUESTO, EVITÓ CERRAR FILAS CON EL HITLERISMO,
pero sí mandó una señal de unidad a sus militantes y simpatizantes, igual que ocurrió hace cien años. La fecha y el lugar elegidos para el congreso servían para contentar al «antecampo patriótico» que, en su jerga, reúne a la nueva derecha con los neonazis explícitos. La voz cantante la lleva el jefe del comité regional de Turingia, Björn Höcke. El (neo)fascista, según una sentencia, condenado por utilizar el eslogan nazi “Todo para Alemania”, dio la bienvenida a los delegados. «Tenemos que sentar a una parte de la nación en el diván y someterla a terapia» para recuperar la identidad alemana, aseguró en el land que se hizo tristemente famoso por albergar el campo de concentración de Buchenwald. «Y cuando hayamos curado esta identidad rota, entonces volveremos hacer Alemania grande», concluyó. Al grupo a tratar lo definió en una entrevista en el diario suizo “Weltwoche”: «Solo las personas en el este [alemán] son alemanes», porque las del oeste «han encontrado una identidad sustitutiva dejándose usurpar totalmente por la cultura [norte]americana».
Sus palabras causaron cierto rechazo en la cúpula de la AfD, pero en Erfurt nadie le pidió cuentas a Höcke. Por contra, el ultra amplió su poder al situar a dos personas de su confianza como uno de los tres vicepresidentes y el tesorero. Además, logró que aplazar el debate sobre la lista de organizaciones incompatibles con la militancia en la AfD.
La convención transcurrió tranquilamente, dando una imagen de cohesión. Los delegados reeligieron a sus dos copresidentes, Alice Weidel y Tino Chrupalla, con el 80% y el 70% de los votos, respectivamente. La presidenta, lesbiana y casada con una suiza originaria de Sri Lanka, se vio reforzada; su compañero, sin embargo, un tanto debilitado, porque osó a criticar el nepotismo en sus filas.
FUE EN VANO, PORQUE LA AFD SE PREPARA PARA LOGRAR LA MAYORÍA EN LAS ELECCIONES REGIONALES DE SAJONIA-ANHALT
el 6 de septiembre. Los sondeos le auguran un 41% de los votos, que podría ser suficiente para alcanzar la mayoría absoluta. Dos semanas después, podría ser el partido más votado en Mecklemburgo-Antepomerania y, en Berlín, el tercero detrás de Die Linke y de los Verdes, y por delante de la Unión Demócrata Cristiana (CDU).
A nivel nacional, lidera las encuestas con el 27% de apoyo, por delante de la CDU de Friedrich Merz (22%), cuyo futuro como jefe de Gobierno y presidente del partido depende de los resultados definitivos, ya que algunos sectores buscan colaborar con la AfD.
El auge neofascista se debe, en primer lugar, a los errores y mentiras de destacados políticos de la CDU, como el propio Merz y el alcalde-gobernador de Berlín, Kai Wegner, que mintió sobre su gestión de un sabotaje que dejó a 50.000 habitantes sin luz durante días. El canciller ganó las generales con la promesa de no tocar el freno de la deuda, que abandonó pocos días después de conocerse el resultado electoral, y su política de rearme va a la par de duros recortes sociales, laborales, en el sistema de salud y en las pensiones. Llamarle, por eso, «Fede el mentiroso» (Lügenfritze) es delito, según una sentencia reciente.
Es una ironía que justo la AfD se erija en defensora de la libertad de expresión, exigiendo la derogación del artículo 188 del Código Penal, que protege a las personas de la vida pública contra las calumnias y castiga, según vox populi, un «crimen de lesa majestad».
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