El Mundial impulsa la reconexión de mexicoestadounidenses: “Ponerse la camiseta de México esta vez tuvo un significado distinto”

La racha histórica de la selección mexicana ha inspirado que millones de personas migrantes o sus descendientes busquen y reconstruyan sus raíces con el país

El País, Alfredo Corchado, 08-07-2026

La racha ganadora e improbable de México en el Mundial terminó el domingo con una derrota ante Inglaterra, pero eso no impidió que el corazón y la tenacidad del equipo dejaran un resultado exitoso fuera de las canchas: un notable aumento de mexicoamericanos que viajan al sur para reconectar con sus raíces, su idioma y su cultura, según muestran observadores de larga data y figuras del sector turístico.

La tendencia, que surgió mucho antes del Mundial, ganó intensidad en el contexto de incertidumbre generado en Estados Unidos por lo que muchos ven como un clima antiinmigrante, impulsado por una intensa ofensiva contra los indocumentados por parte del Gobierno de Donald Trump. Los latinos, con o sin papeles, generalmente dicen sentirse blancos en lo que aspira a ser la mayor operación de deportación de migrantes indocumentados —y de otros sospechosos de estatus indocumentado— en la historia.

La sensación de rechazo es palpable en todo Estados Unidos, en comunidades mexicoestadounidenses desde Los Ángeles hasta El Paso, y entre latinos estadounidenses entrevistados en la Ciudad de México. Incluso se refleja en el verdadero indicador del momento: la venta de camisetas del equipo mexicano. Se han vendido más de cinco millones —la mitad en Estados Unidos—, lo que ha roto récords. Y millones más se mueven en el mercado negro.

El sueño continúa
“Ponerse la camiseta de México esta vez tuvo un significado distinto”, dijo Leny Hernández, de 32 años, empresario y exsoldado de combate que estuvo destacado en Fort Houston, en San Antonio. Su viaje de El Paso a la Ciudad de México fue documentado por Puente News, y comenzó a principios de junio. “No veo esto como una derrota, sino como una victoria. Sigo creyendo en el sueño.”

Aunque los datos demográficos no precisan cuántos latinos o mexicoamericanos viajan anualmente a México, el sitio de viajes Road Genius señaló que casi 5 millones de los 48 millones de viajeros extranjeros visitaron el país en diciembre, época en que los mexicoamericanos tradicionalmente regresan para celebraciones religiosas y vacaciones de varias semanas. Se estima que 40 millones de mexicoamericanos viven en Estados Unidos. La población de México es de alrededor de 133 millones.

Aficionados en la transmisión del partido México – Inglaterra, en Pike Place Market, en Seattle, Washington, el 5 de julio.
CHRIS TORRES (EFE)
Durante décadas, el Gobierno mexicano ha intentado tender puentes con su creciente diáspora global, una iniciativa de poder blando conocida como acercamiento. Ha tenido cierto éxito. Pero lo que hace tan convincente este último acercamiento es que no fue diseñado por el Gobierno. Es resultado de un movimiento orgánico de base mexicoamericano, en el que inmigrantes y sus descendientes se acercaron en mayor número a través de la frontera, buscando en su tierra natal, dijeron algunos, la aceptación que les permitiera superar esa sensación de rechazo.

Las redes sociales, sin fronteras, difundieron el mensaje entre los dos países.

El Mundial fue el detonante, dijo Carlos González Gutiérrez, cónsul general de México en Los Ángeles. González ha sido testigo de la evolución de los lazos entre México y sus emigrantes en el extranjero durante más de cuatro décadas, desde que comenzó como joven funcionario consular en la administración del presidente mexicano Carlos Salinas de Gortari.

Una hoja en blanco
“Lo que hace tan interesante este acercamiento hoy es que es más generalizado, con gente más joven”, dijo González, señalando un sentido de urgencia como una diferencia clave. “Lo emocionante es que esta generación no busca borrar el pasado, sino comenzar de nuevo. No cargan con la misma desconfianza y resentimiento que sus padres y ancestros guardan contra el país (México) que no pudo evitar que emigraran al norte.”

Desde el 11 de junio, cuando arrancó el Mundial en la Ciudad de México, los mexicoamericanos han acudido en masa a encuentros de aficionados por todo el país o han hecho el viaje a la capital para llegar a su recinto emblemático, la llamada Catedral del futbol, el Estadio Azteca —renombrado Estadio de la Ciudad de México durante el Mundial, por reglas de la FIFA.

En Los Ángeles, el consulado patrocinó fiestas de transmisión en Casa México LA, en el centro de la ciudad, frente a la Plaza Olvera, el corazón cultural de la comunidad mexicana. El sitio histórico es también la cuna de la segunda comunidad mexicana más grande de Norteamérica.

El partido entre México y Ecuador atrajo a unos 3.000 aficionados a uno de los eventos del consulado. Antes del encuentro, las imágenes de agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) irrumpiendo en vecindarios, estacionamientos de Home Depot, puestos de fruta o tacos y autolavados estaban frescas en la mente de muchos. Lejos de ser los criminales que la Administración Trump insiste en señalar, la mayoría de las personas detenidas son trabajadores comunes.

Asistentes a la transmisión del partido México – Ecuador en el Parque Rivers Edge, en Aurora, Illinois, el 30 de junio.
TALIA SPRAGUE (IMAGN IMAGES via Reuters)
La mayoría de los detenidos no son criminales violentos, sino personas que llevaban años viviendo en Estados Unidos, donde tenían empleo y criaban familias. Según datos recopilados por el Consulado de México en Los Ángeles, de los 2.154 mexicanos detenidos desde el 6 de junio de 2025, cuando comenzaron las redadas federales en Los Ángeles, cerca del 46% de los entrevistados en centros de detención del ICE por funcionarios consulares llevaban en promedio 10 años viviendo en Estados Unidos. Un 36% tenía hijos nacidos en el país. De los empleos que desempeñaban, el 15% correspondía a la construcción, seguido de jardinería, trabajo agrícola y autolavados.

Asustados, tristes, vulnerables
Las redadas del ICE han dejado heridas emocionales que no sanarán fácilmente para muchos, quienes describieron a sus padres y abuelos —incluidos aquellos con residencia legal en el país— como “asustados”, “tristes” y sintiéndose “vulnerables”.

“Muchos de nosotros, nuestras familias tienen estrés postraumático”, dice Daphne Amezcua, de 21 años, trabajadora social especializada en desarrollo infantil, vestida con una camiseta verde con la bandera mexicana. “Mi mamá todavía tiene miedo de salir, y eso que tiene sus papeles en regla.”

A su lado, un compañero, Santiago Salazar, de 22 años, con la camiseta negra de la selección mexicana. “No se me olvida que hace un año, en junio, nuestra comunidad (en Los Ángeles) estaba bajo ataque por las redadas del ICE”, hace una pausa y agrega: “Cuando un lado te rechaza, volteas al sur, a la tierra de tus ancestros, para buscar aceptación.”

Hoy, las redadas continúan, con nuevos videos apareciendo en redes sociales: una madre separada de su hijo en Houston; persecuciones en Los Ángeles y San Antonio; o el sonido y la vista de helicópteros de la patrulla fronteriza estadounidense sobrevolando comunidades fronterizas como El Paso, donde continúa la construcción de tramos de un nuevo muro fronterizo.

En un lapso de cinco días, según reportó recientemente The New York Times, el ICE detuvo al menos a 10.000 migrantes en todo el país, como parte de un nuevo repunte de actividad de la agencia gubernamental.

El deporte más hermoso
Incluso en ciudades fronterizas de mayoría mexicoamericana como El Paso, donde la presencia de agentes del ICE y de la Patrulla Fronteriza de EE. UU. lleva tiempo integrada al paisaje comunitario casi como un elemento más, algunos residentes están en alerta.

Gracias al futbol, muchas veces llamado el deporte más hermoso del mundo, muchos encontraron la distracción que necesitaban.

Fanáticos en el Estadio Shell Energy, en Houston, en la transmisión del juego México – Ecuador, el 30 de junio.
Ashley Landis (AP Photo/Ashley Landis)
“No he ido a México en mucho tiempo, así que poder hacer esto y apoyarlos (al equipo mexicano) sí me hace sentir un poco más cerca de casa”, dice Elizabeth García, de 46 años, quien vio el partido México-Ecuador en un parque del centro de El Paso. “Mucho tiene que ver con temas políticos.”

Los mexicoamericanos, tanto aficionados como jugadores, se han destacado en las primeras fases del Mundial como un grupo apasionado que impulsa un creciente amor nacional por el deporte, su doble afinidad reflejada en banderas que combinan los símbolos mexicano y estadounidense, y el apoyo al equipo de EE UU cuando México no juega. Subrayando esa doble lealtad: dos mexicoamericanos juegan para la selección de Estados Unidos —uno de Ciudad Juárez y otro de El Paso— y dos más juegan para la selección mexicana.

“Se me enchina la piel”, dijo Pamela Huebner, cantinera en Los Ángeles. “Tenemos jugadores de los dos lados.”

“Encontré algo más”
Al inicio del torneo, el recorrido de la selección mexicana parecía prometedor. Miles de mexicoamericanos viajaron al sur para reconectar con su familia y, quizás, presenciar una historia deportiva de Cenicienta, el clásico relato del equipo débil que se enfrenta al mundo.

En el primer partido, Alejandro Rodríguez, quien había viajado desde Houston, cantó a todo pulmón la inmortal y atronadora canción El Rey al unísono con más de 81.000 aficionados en el Azteca. Tenía los ojos llorosos, abrumado de alegría. “De verdad necesitábamos esto”, decía entonces Rodríguez. “Estar aquí, en este momento, lejos del caos (allá en Texas).”

Cerca de él, una pareja efusiva llamaba a su familia en California: “¡Ganamos!”. Unas filas más allá, Hernández, el paseño vestido con la camiseta negra de México, estaba extasiado, chocando la mano con desconocidos a su alrededor.

Aficionados festejan el triunfo de México ante Corea del Sur, en Boyle Heights, Los Angeles, California, el 18 de junio.
Lisi Niesner (REUTERS)
Aunque México ya quedó eliminado, Hernández dice que él sigue dentro, a largo plazo. Se unió a un grupo de voluntarios que recauda donativos para un orfanato en la capital mexicana. Planea cargar un camión con ropa, comida y otros artículos y hacer el viaje de casi 3.200 kilómetros al sur, hasta la Ciudad de México, más adelante este año.

“La experiencia de estar en la Ciudad de México fue transformadora para mí. Me sentí abrumado por la experiencia, por la emoción de estar ahí”, dijo Hernández. “Había planeado pasarla bien, perderme en el desenfreno, en la disipación, pero descubrí algo más, algo más profundo.”

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