Nueve años hasta esclarecer el homicidio del guardia civil Rafael en Almuñécar

Una compleja investigación de la Benemérita sentó un precedente con Marruecos, ya que el país juzgó allí al culpable de esta muerte

Diario Vasco, Laura Velasco, 05-07-2026

Rafael Peso tenía 33 años, dos hijos pequeños y una mujer a la que adoraba. Natural de Palma del Río (Córdoba), se había mudado junto a ella al puesto de la Guardia Civil de La Herradura – los dos eran agentes – . Estaban comenzando a vivir cuando todos sus planes se truncaron. Un conductor lo atropelló a propósito mientras realizaba un control de tráfico. La investigación para esclarecer el homicidio corrió a cargo de la Guardia Civil. Fue muy compleja, extensa y pionera. Culminó con la detención del culpable, Jalal Benabbou, en su país, Marruecos. Sentó un precedente para la colaboración entre ambos países, ya que por primera vez se juzgó allí al responsable de un delito cometido en España.

El suceso ocurrió el 15 de enero de 2005. De madrugada, sobre la una, una patrulla de Tráfico que realizaba controles de alcoholemia en Motril le dio el alto a un BMW. El coche, lejos de parar, se dio fuga. Los agentes lo comunicaron por radio y otras patrullas se pusieron en marcha para intentar pararlo, una de ellas, en Almuñécar (Granada). Allí, montando ese control, se encontraba Rafael Peso. El BMW apareció a toda velocidad por el lado contrario al que se encontraba el agente. Con gran sangre fría, cruzó al carril opuesto, donde estaba Rafael, y lo atropelló a gran velocidad. Después, volvió al suyo y huyó.

El guardia civil voló más de veinte metros. Murió en el acto. La noticia causó un gran pesar e indignación en la sociedad. La Benemérita estaba de luto, habían perdido a un compañero. Fue esta institución la que se hizo cargo de la investigación. Entonces no lo sabían, pero por delante tenían nueve largos años de pesquisas, pistas falsas e hipótesis variadas. Todo ello con una familia destrozada y una esposa, también compañera del cuerpo, que suplicaba respuestas.

Los implicados dejaron abandonado el BMW, con matrícula suiza, en La Herradura. Aquello ofrecía una primera pista: habían necesitado que otro vehículo les diera apoyo para fugarse. Comenzaron las primeras pesquisas. Tenían que rastrear la matrícula y tirar del hilo para saber de dónde venía el turismo y, sobre todo, quién lo conducía. «Estamos hablando del 2005, hace ya 21 años. Los medios técnicos no tenían nada que ver con los de ahora», recuerda el capitán jefe de Policía Judicial de la Comandancia de Granada.

Recopilaron las imágenes de cámaras de seguridad del Puerto de Motril y dos gasolineras, entre otras. Eran tres las personas que viajaban a bordo. Al comprobar el recorrido que realizó el BMW, lo centraron en la zona de Campohermoso, localidad perteneciente a Níjar (Almería). La noche anterior al suceso, el coche durmió en una zona donde vivían principalmente inmigrantes magrebíes. «Nadie quería hablar. Era muy difícil saber quién podía haber conducido el coche para atribuirle el homicidio por el atropello», admite el capitán.

Paralelamente, realizaron en el BMW dos exhaustivas inspecciones oculares y consiguieron huellas dactilares y numerosos indicios, como colillas sueltas y un paquete de tabaco Marlboro. Lo habían comprado, tal y como comprobaron, en una gasolinera BP de Motril poco antes. «Los cigarros se los tuvieron que fumar desde ahí a Almuñécar. Y aparecieron en la zona del conductor, o sea que era él quien estaba fumando», explica el capitán jefe de Policía Judicial.

Los meses pasaron y la Guardia Civil nunca dejó de investigar. Realizaron innumerables gestiones, entrevistaron a incontables fuentes. Y tuvieron que descartar nombres constantemente. «Al ser un caso mediático, recibimos informaciones de bastantes personas que decían que lo habían hecho ellos o culpaban a otra persona. Querían atribuirle el marrón a otro», señala. Con una de las hipótesis, por ejemplo, estuvieron meses hasta descartarla.

El primer punto de inflexión se produjo con una coincidencia en la base de datos policial de Francia, donde detectaron a un individuo cuyas huellas se correspondían con unas de las que se encontraron en el BMW. El hombre al que le pertenecían, que utilizaba pasaportes falsos, se llamaba Mehdi el Hadaf. «Eso no quería decir que fuera él quien atropellara al guardia. Además, el coche podía haberlo cogido alguien antes y que las huellas no fueran del autor», recuerda el capitán jefe. Pero iban estrechando el cerco.

El segundo punto de inflexión se produjo en 2010, cinco años después del homicidio. La Policía detuvo a un hombre marroquí por tráfico de armas. Al realizarle la reseña genética, saltó una coincidencia con aquella colilla de Marlboro que hallaron en el coche. Quien iba fumando aquella madrugada y, por tanto, conduciendo el coche, según todos los indicios, era un hombre llamado Jalal Benabbou. El siguiente paso era encontrarlo.

Podía estar en cualquier lugar del Mediterráneo, así que había que realizar pesquisas por diferentes rincones, desde Málaga hasta Barcelona. Centraron al objetivo en Benidorm, donde presuntamente vivía con una identidad falsa. La Benemérita preparó un dispositivo para detenerlo, pero se trasladó a Elche. De ahí, viajó hasta Marruecos antes de que pudieran capturarlo, según pudieron saber a través de los servicios de Inteligencia. La situación se complicaba.

Los siguientes cuatro años continuaron las pesquisas, en este caso destinadas a presionar a Marruecos para que detuviera a Jalal Benabbou, quien era un narcotraficante protegido por su país. España había firmado con Marruecos un convenio bilateral para juzgar allí delitos cometidos aquí. Y era el momento de ponerlo en marcha. Comenzaron las presiones internacionales por parte del Gobierno de España. «Fue esencial el trabajo de María José, juez del juzgado de Instrucción número 2 de Almuñécar, y Javier, juez de Denia», recuerda el capitán jefe.

Jalal Benabbou fue detenido en Marruecos en 2014, nueve años después del homicidio. Lo condenaron a pasar una década entre rejas por el homicidio de Rafael. Aquello sentó un precedente para el futuro con un país que «no era colaborador». A nivel personal, fue «complicado» para la Guardia Civil, al tratarse de un compañero. A nivel profesional, fue todo un reto, sobre todo porque hay «un abismo» entre los medios actuales y los de entonces. La investigación fue capitaneada por el grupo de Homicidios de Granada, con el apoyo de la UCO y el laboratorio de Criminalística. Han pasado 21 años desde que Rafael murió atropellado, pero ni su familia ni quienes trabajaron en aquel caso lo han olvidado.

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