“Donde muchos ven inseguridad, yo veo una oportunidad de convivencia perdida”

Isatou Sankaray, vecina de Mataró de 32 años, relata como el racismo condiciona su vida en el trabajo, la vivienda o su desarrollo personal

La Vanguardia, Emili Mora NúñezLaura FontIsadou Sankaray/Barcelona, 05-07-2026

¿Qué significa ser un ciudadano de pleno derecho? Hace 32 años que Isatou Sankaray nació en Mataró. Y, aún a día de hoy, ella es consciente que, para muchos, eso no sirve para consolidarla como una ciudadana de igual a igual. “Hay gente que vive con muchos prejuicios, y poca empatía”, describe. “Yo he nacido y crecido en Mataró, pero muchos hasta que no me conocen y hablan conmigo, desconfían simplemente porqué tengo raíces africanas”.

Aun así, Sankaray tiene muy claro cómo se define. “Soy mujer, negra y de cultura africana”, asegura. “He tenido que romper muchos esquemas para salir adelante. Incluso dentro de mi familia”, añade. Cuando terminó los estudios obligatorios, Sankaray no tenía muy claro qué hacer con su vida. Sus padres le obligaron a estudiar un grado medio de enfermería. Según ella, influenciados por el contexto de “donde venían”, una localidad senegalesa donde el sistema sanitario destacaba por su ausencia. “Querían que alguien tuviese formación sanitaria para poder cuidar de la familia, o incluso poder ir a Senegal para ayudar”, describe.

La incomodidad de empezar unos estudios que no quería le hizo movilizarse. Empezó a preguntar, “a llamar a muchas puertas” y buscar ayuda. En una de esas puertas la recibió Laura Font, directora de la fundación Magone Salesians de Mataró, y fue allí donde conoció al proyecto de la entidad. La ayudaron a encontrar un trabajo adecuado a su voluntad, después de acompañarla a matricularse a a un grado sociosanitario y le encontraron trabajo, primero en una residencia en Barcelona y luego en la misma Mataró.

Todo eso lo tuvo que combinar con el acompañamiento y cuidado de sus hijos. Omar llegó primero, cuando tenía 18 años. Después de sufrir un divorcio llegaron los tres siguientes: Fatima, Malick y Jamila. Todos ellos – menos Jamila que aún tiene 1 año recién cumplido – , pasaron por la fundación.

“Nuestro punto fuerte como entidad es el acompañamiento social y laboral”, describe Font. Gracias al trabajo conjunto con el programa Caixa Proinfancia, de la fundació La Caixa, la entidad ha conseguido reunir a 25 profesionales que se dedican al mundo de la educación social.

Actualmente atienden a 120 familias. Muchas de ellas monomarentales y migrantes. “Nos encontramos con muchas mujeres que llegan a la entidad con mochilas muy cargadas”, después de afrontar un proceso migratorio, con el peso de las tareas de cuidado familiar y, en algunos casos, sin contar con formación educativa previa.

Aun así, Font es consciente que hay una preocupación que atraviesa a todas las personas que atiende la entidad: el acceso a la vivienda. Es el caso de Sankaray también. A pesar de haber nacido en Mataró y considerarse “una capgrossa de pies a cabeza”, ha sufrido repetidas discriminaciones para encontrar un piso para ella, su actual pareja y sus cuatro hijos.

Muchas veces consigue citas telefónicas con inmobiliarias que transcurren con aparente normalidad hasta que pronuncia su nombre. “De repente ese piso que estaba libre pasa a estar alquilado o retirado del mercado”, señala Sankaray.

A pesar de que ve el futuro muy negativo, ella tiene claro sus objetivos: quiere comprar un piso para garantizar un futuro seguro para sus hijos. Aun así, Sankaray señala retos que van más allá de la vivienda. “Deberíamos luchas por conseguir vivir todos juntos y dejar atrás las diferencias”. “Donde muchos ven inseguridad, yo veo una oportunidad de convivencia perdida”, concluye.

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