El segundo despegue de Vox
El partido de Santiago Abascal es el que mejor capitaliza la actual convulsión interna española
La Vanguardia, , 04-07-2026Vox es, por el momento, el principal vencedor de la actual coyuntura política española. Es el partido que marca el ritmo en el bloque conservador que puede ganar las próximas elecciones generales españolas. Lo veremos reflejado en los sondeos y lo podemos leer perfectamente estos días en el pacto que acaban de firmar con el Partido Popular en Andalucía.
Vox marca el ritmo. El partido de Santiago Abascal ha ganado la carrera de obstáculos ideada a finales del año pasado por Alberto Núñez Feijóo para poner de relieve que el PSOE ha dejado de ser el partido hegemónico, ni que sea por los pelos. La dirección nacional del Partido Popular quiso que se adelantasen las elecciones autonómicas en Extremadura y Aragón, para que el periodo comprendido entre diciembre del 2025 y julio del 2026 fuese una campaña electoral continua, con éxitos continuos del Partido Popular y fracasos reiterados del Partido Socialista. El mejor competidor en esta pista americana ha sido Vox, hoy el partido más ‘americano’ de cuantos concurren a las elecciones en España. Los datos no engañan.
Vox ha ganado posiciones en esas cuatro citas electorales. No ha retrocedido en ninguna de ellas. Extremadura sumó seis diputados más, rozando el 17% de los votos. Un éxito fenomenal. Recordemos que la presidenta extremeña María Guardiola adelantó esos comicios alegando que Vox le bloqueaba la aprobación de los presupuestos del 2026. Ella no quería aceptar sus exigencias. Adelantó, se quedó corta, Vox se reforzó y Guardiola ha tenido que aceptar la ‘prioridad nacional’ grabada en platino. Platino con nácar sobre un fondo taurino generosamente subvencionado. En Aragón aún les fue mejor. Obtuvieron siete diputados más en febrero del 2026, rozando el 18% de los votos, con retroceso del Partido Popular. El presidente aragonés Jorge Azcón, un dirigente que se caracterizaba por una cierta prudencia, con perfil bajo en los debates ‘nacionales’. A la espera de su momento, quiso acumular fuerzas y no lo consiguió. En marzo se vio obligado a negociar la incorporación de Vox al gobierno aragonés.
El carrusel constaba de cuatro estaciones. Después de las dos elecciones ‘adelantadas’ en Extremadura y Aragón, vinieron las que ya estaban fijadas en el calendario, por agotamiento de la legislatura: Castilla y León y Andalucía, la comunidad más grande de España y la más poblada.
En ambas citas, Vox también logró mejorar sus resultados anteriores. En Castilla y León, donde ya estaban altos, alcanzaron el 19% de los votos y sumaron un diputado más. En Andalucía, el resultado fue más modesto, 13,7%, pero también ganaron un escaño más. Un diputado más y la oportunidad de hacer pasar al PP por el aro. La pasión táctica de José Manuel Moreno Bonilla por favorecer a Adelante Andalucía tuvo el efecto de una bola de billar roja en el Círculo Mercantil de Sevilla. Me explico. El equipo de Moreno Bonilla propició un cierto apoyo táctico y mediático a Adelante Andalucía para favorecer una mayor fragmentación de la izquierda. Este tipo de maniobras suele presentar riesgos. Los nuevos andalucistas de izquierdas empezaron a llamar la atención, conectaron con los deseos de protesta que no se conformaban con la plataforma de Izquierda Unida y subieron más de lo previsto. Los trotskistas entregados al andalucismo limaron tanto los restos en algunas provincias que el Partido Popular acabó perdiendo la mayoría absoluta por dos escaños. En privado, Moreno Bonilla lo lamenta.
Con un resultado bueno, pero no espectacular, en Andalucía, Vox ha conseguido el pacto más vistoso. Ha doblegado a Moreno Bonilla, el ‘centrista’ que hace tres meses rechazaba toda posibilidad de pactar con ellos. Han obtenido una vicepresidencia que vale por tres consejerías, y ha colocado sus ideas – fuerza en un programa común de 150 puntos. La secuencia comenzó en Extremadura con un óptimo resultado y concluye en Andalucía con una negociación bien manejada que todo el mundo coincide en señalar como la mayor concesión que el PP ha hecho hasta ahora a Vox.
El centrista Juanma ha palidecido. Podía haber intentado forzar la máquina, podía haber amenazado con la repetición de elecciones si Vox no rebajaba sus exigencias; podía haberse arriesgado incluso a una repetición de las elecciones, pero Alberto Núñez Feijóo no podía correr ese riesgo. No quería. Stop en Génova. Consigna de Génova: pactar rápido con Vox en Andalucía, no malograr el mensaje de que PP y Vox conforman hoy la nueva “mayoría natural” española, no arriesgarse con una repetición electoral que vete a saber cómo acaba. El foco del PP está hoy puesto en el intento de destrucción de Pedro Sánchez en el menor tiempo posible. Ganar por derrumbe del adversario. Por ejemplo, llegar a las próximas elecciones generales con el presidente del Gobierno investigado por la Justicia, con una dramática votación de suplicatorio en el Congreso. Madrid DF es estos días un hervidero acalorado y de sus calderos jurídicos ha surgido una hipótesis alternativa, que está siendo publicitada con pasión: la posibilidad de que a Sánchez le fuese aplicado el artículo 102 de la Constitución, jamás activado, que prevé que el presidente del Gobierno pueda ser juzgado por el Tribunal Supremo por sospecha de delito grave, previa petición del Congreso por mayoría absoluta. En lugar de moción de censura, proceso de ‘impeachment’ a la española, forzando el artículo 102. Esa maniobra, jamás intentada, necesitaría el voto afirmativo de PP, Vox y Junts per Catalunya. Sánchez podría responder convocando elecciones de manera inmediata, presentándose a las mismas como el hombre al que quieren abatir a toda costa, por las buenas o por las malas; por lo civil o por lo criminal. Madrid DF no duerme.
Ante este panorama, el PP no puede permitirse una repetición de elecciones en Andalucía, en las que Vox podría subir más, capitalizando el fastidio y el deseo de protesta que hoy se percibe en todo el país. Es paradójico. Repiten a diario que el PSOE ya está muerto, pero no se atreven a rematarlo en Andalucía. Ello quiere decir que algunos números no están muy claros.
Solo una cosa es cierta: Vox es el partido que más sube, Vox es el partido que en estos momentos mejor capitaliza el malestar existente. Por ello, Moreno Bonilla ha tenido que guardar en el armario sus mejores camisas centristas, para firmar, con rostro afligido, un acuerdo de gobierno en el que el partido de Santiago Abascal ha clavado vistosas banderillas: ‘prioridad nacional’ en muchos apartados, veto total a los menores emigrantes no acompañados, exclusión de los inmigrantes sin documentación de los servicios sanitarios y sociales a menos que presenten una situación de ‘riesgo vital’, desaparición de las clases de árabe que se impartían en algunos colegios andaluces, eliminación de ayudas de la Junta de Andalucía a entidades u oenegés que presten ayuda a los inmigrantes sin documentación, acuerdo que abre la puerta a retirar todo tipo de ayuda a Cáritas, cuando aún no se han apagado los ecos de la visita del papa León XIV a España. Castigar a la Iglesia católica por su compasión por los inmigrantes. Castigar a la Iglesia católica en la tierra de las hermandades. La puesta es muy fuerte,
Vox ha sellado con lacre gótico cada una de las páginas del programa de gobierno de la Junta de Andalucía. El centrista Juanma pasa a ser de nuevo Juan Manuel Moreno Bonilla, barón de Andalucía, necesitado de apoyos. Isabel Díaz Ayuso es hoy la principal dirigente territorial del PP que no depende de Vox, aunque en este plano el mejor situado sigue siendo el presidente de la Xunta de Galicia, Alfonso Rueda, puesto que el ‘galleguismo’ del PP en aquella comunidad, su fuerte dominio de las estructuras territoriales, ha impedido hasta la fecha que Vox tenga representación en el Parlamento de Galicia. Feijóo puede estar orgulloso de ello, pero en el Ruedo Ibérico hoy tiene que contar con Vox, le guste o no le guste; nada puede hacer sin Vox. De alguna manera se lo ha recordado José María Aznar esta misma semana. En los últimos diez días, Feijóo ha hecho lo siguiente, juzguen: tuvo una intervención muy áspera, sin brillantez retórica en el debate del Congreso durante la última comparecencia de Sánchez; amnistió a Carles Puigdemont al anunciar en Barcelona que el PP también quiere “pasar página” del ‘procés’. “El cambio no se hará contra Catalunya”, dijo el sábado en Barcelona. El lunes retomó el tema principal de la intervención de Abascal en el debate parlamentario: cuidado, que los socialistas quieren aprovechar la concesión de pasaportes a los nietos de los exiliados españoles en Latinoamérica, cuidado con Cuba y Argentina, palabra de Vox que Feijóo hizo suya el lunes. El miércoles Aznar ya le enmendaba la plana: cuidado con Junts, nada con Junts antes de las elecciones, la alternativa tiene que ser ‘nacional’. Aznar le estaba diciendo, como te pongas a jugar ahora con los independentistas catalanes, Vox te puede pellizcar; Vox te puede sacar más votos, cuidado con dejar de ser el partido más votado.
Estamos asistiendo al segundo despegue de Vox. Los de Abascal podrían haber entrado en declive hace tres años, en las elecciones generales del 2023, pero han conseguido reaccionar. Hoy podrían obtener más de 60 escaños en el Congreso de los Diputados y jugar un papel absolutamente decisivo en la próxima legislatura.
La olla exprés de la corrupción favorece claramente al partido del distintivo verde. La narrativa de asalto, imperante estos días en buena parte de los medios de comunicación españoles, favorece claramente a Vox, partido fundado con voluntad de operar como fuerza de asalto.
Vox está adquiriendo fuerza en el plano interior, en la medida en que también dispone de una fuerza exterior creciente. Vox es hoy, a todos los efectos, la formación política mejor conectada con la presidencia de los Estados Unidos, con nódulos importantes de la actual Administración estadounidense y con el movimiento MAGA. El político español hoy mejor conectado con la derecha republicana norteamericana ha dejado de ser José María Aznar. Ahora es Santiago Abascal, asistido por algunos de sus principales colaboradores.
Vox informa a sus amigos norteamericanos y recibe información. A su vez, están tejiendo una valiosa red de contacto prioritario con los nuevos gobiernos latinoamericanos orientados a la derecha, a una derecha de caligrafía fuerte y en algunos casos libertaria: Argentina, Chile, Ecuador, El Salvador, Perú, Colombia, a la espera de lo que puede ocurrir en las elecciones presidenciales de Brasil en octubre; a la espera de lo que pueda ocurrir en Cuba en los próximos meses, a la espera de lo que acabe de decidir Estados Unidos respecto a Venezuela.
Hay una reorientación trumpiana en toda Hispanoamérica. Rozando el empate en algunas elecciones presidenciales, tal y como acabamos de ver en Perú y Colombia, la izquierda está perdiendo posiciones en América Latina. La apurada situación personal de José Luis Rodríguez Zapatero es hoy un reflejo de ello. El exdirigente socialista José Bono podría tener algún contratiempo en la República Dominicana, país en el que reside desde hace unos años, operando desde posiciones de influencia. Las cosas están cambiando en esos países. Estados Unidos ha regresado a la doctrina Monroe y el partido español que mejor se mueve en ese trasfondo es Vox. Están coleccionando hilos y contactos, aliados y simpatizantes. Veamos qué ha pasado en Colombia, por ejemplo. Abascal apostó pronto por el candidato Abelardo de la Espriella, que acudió a las elecciones presidenciales colombianas con reverberaciones de Javier Milei y Nayib Bukele. Abascal movió ficha en favor de Espriella a tiempo; el Partido Popular ha tardado en reaccionar. Colombia es un país verdaderamente importante en el mosaico latinoamericano.
Esa buena red de contactos con la América que está virando a la derecha refuerza a Vox en Europa, tras la derrota de Víktor Orbán en las elecciones presidenciales húngaras que tuvieron lugar el pasado mes de abril. Abascal cuida de manera muy especial sus relaciones con la primera ministra italiana Giorgia Meloni. La única vez que el líder de Vox ha disentido públicamente de Donald Trump desde que este inauguró su segundo mandato ha sido en fecha reciente, para defender a Meloni de las impertinencias del presidente norteamericano.
(En estos tiempos de olla exprés, la semana política siempre es muy movida. Hay grandes trazos. Pero también hay que prestar atención a los detalles, al menos a dos detalles esta semana. José María Aznar corrigió a Feijoo respecto a Junts, en una conferencia en Madrid que fue presentada por Esther Muñoz, actual portavoz del Partido Popular en el Congreso de los Diputados. Aznar quiso dar visibilidad a Esther Muñoz en ese acto. En el PSOE reaparece Meritxell Batet, presidenta del Congreso de los Diputados entre 2019 y 2023, hasta ahora retirada en el ámbito privado. Batet presidirá la Fundación Avanza, laboratorio de ideas del Partido Socialista, una fundación que el PSOE puso en marcha como contrapunto a FAES, siendo dirigida hasta el pasado mes de marzo por Manuel Escudero, fallecido tras una larga enfermedad. El laboratorio de ideas del PSOE será dirigido ahora por una socialista catalana muy apegada a la Constitución).
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