La industria vasca cubrirá el 26% de sus puestos técnicos con inmigrantes ante el envejecimiento

La ausencia de un relevo generacional local amenaza la capacidad de producción de las fábricas del territorio, que acuden a la mano de obra foránea

Diario Vasco, Mikel Calvo, 03-07-2026

Euskadi ha alcanzado este verano un listón histórico con 1.044.685 trabajadores en activo, un récord de afiliación apuntalado en Gipuzkoa por 345.328 cotizantes. Sin embargo, detrás de este músculo laboral se esconde un desafío demográfico insoslayable. El progresivo envejecimiento de la población activa vasca y la consecuente falta de relevo generacional han convertido a las personas de origen extranjero, que ya representan el 14,1% de los residentes en la comunidad, en un componente completamente estructural del sistema productivo.

Un extenso estudio elaborado por la Fundación Begirune sobre el acceso foráneo al empleo en Euskadi, sustentado en 172 entrevistas en profundidad a empresas vascas, cuatro consultas a entidades expertas del entorno institucional como Lanbide o Cáritas, y un sondeo cuantitativo que recabó un centenar de respuestas, revela un síntoma preocupante para la salud económica: el 75% de las empresas de la comunidad admite sufrir «serias dificultades» para cubrir sus vacantes de personal, y un 51% señala directamente a la «falta de candidatos con la formación y la preparación adecuadas».

La necesidad más acuciante golpea con especial dureza al corazón económico vasco, la industria, dado que un de tercio de las demandas de las compañías se concentra específicamente en las fábricas, el metal y la manufactura. En este sector, los requerimientos son claramente especializados: un 26,6% de los perfiles solicitados corresponden a puestos técnicos o cualificados asociados a la formación profesional, frente a un exiguo 6,9% de operarios con baja formación. Como resume en esta línea un empresario industrial del territorio en el propio informe, «gente de aquí en esto no quiere trabajar» y, cuando se publica una oferta, «ya sabes que quienes te van a responder y están interesados son de fuera, y eso que tenemos buenas condiciones, pero el trabajo es duro».

En Gipuzkoa, este fenómeno se palpa a diario en los talleres locales, donde la industria manufacturera se erige como un motor indiscutible con 69.672 afiliados tras sumar 223 nuevos empleos netos este mes. Para desatascar los cuellos de botella y las exigencias burocráticas que tradicionalmente asfixiaban la vía formal, el proceso de la regularización extraordinaria en España está sirviendo de auténtico desatascador laboral. El Ministerio de Inclusión ha recibido un aluvión de 1,17 millones de solicitudes en todo el país, traduciéndose en Euskadi en 49.451 expedientes presentados para dar cobertura legal a puestos de trabajo que las empresas necesitaban regularizar.

El desglose territorial de este proceso administrativo confirma que la necesidad de mano de obra legalizada es generalizada, liderada por Bizkaia con 28.834 solicitudes, seguida de Gipuzkoa con 12.063 peticiones gestionadas en dos de cada tres casos por despachos de abogados, y completada por Araba con 8.554. El impacto práctico de esta regularización rápida ya se ha dejado sentir con fuerza en las estadísticas guipuzcoanas: durante el mes de mayo, el territorio anotó un máximo histórico de 36.831 trabajadores extranjeros tras registrar una subida mensual inédita para un único mes de 1.237 nuevos cotizantes foráneos en la Seguridad Social.

Frente a los discursos que asocian la llegada de mano de obra foránea a fricciones en las dinámicas organizativas, el empresariado vasco realiza un balance sumamente positivo sobre su experiencia directa con estas plantillas. Según las encuestas de Begirune, el 67% de las compañías de la comunidad autónoma describe la integración de sus empleados de origen extranjero como «satisfactoria» (36%) o «muy satisfactoria» (31%). Si a esto se le suma un 30% que califica el encaje cotidiano dentro de la absoluta normalidad, solo un residual 3% de las corporaciones reporta haber experimentado verdaderas trabas o incidentes en sus equipos.

Cuando surgen pequeños baches en las rutinas de las fábricas, las empresas identifican factores puramente funcionales y operativos: un 34% señala problemas circunstanciales de «comunicación e idioma», y un 27% apunta al «desconocimiento inicial de ciertas normas sociales o laborales internas». Este engranaje laboral y de adaptación mutua se asienta sobre un mapa de personal donde los perfiles procedentes de Latinoamérica (35,8%) y del Magreb (34,3%) constituyen el núcleo sólido de las plantillas extranjeras que sustentan la competitividad del ecosistema manufacturero guipuzcoano y vasco.

Con todo, la plena inclusión laboral se enfrenta a obstáculos estructurales extramuros de la fábrica, donde el acceso a un alojamiento estable y la sobrecualificación actúan como severos frenos al desarrollo profesional. Por un lado, el 72% de los trabajadores foráneos debe recurrir al alquiler (62%) o a viviendas compartidas (10%) en un mercado tensionado, lo que ha provocado que empresas industriales medianas pierdan contratos ya comprometidos porque sus operarios no encuentran un sitio donde residir.

Por otro lado, las trabas en la homologación de títulos condenan a más del 20% del colectivo al infraempleo, una brecha que escala hasta el 21,8% en el caso del personal de procedencia latinoamericana, que ve cómo sus tareas diarias se sitúan nítidamente por debajo de sus competencias académicas acreditadas.

A esta barrera logística se añade el fenómeno de la sobrecualificación, un desajuste que penaliza la eficiencia del mercado laboral al perpetuar el infraempleo del capital humano internacional. El laberinto administrativo para la homologación y convalidación de títulos obtenidos en el exterior actúa en la práctica como un filtro que aboca a profesionales cualificados a los eslabones más bajos de la estructura productiva, según recoge el informe.

Actualmente, más del 20% de las personas de origen extranjero en Euskadi desempeña ocupaciones situadas por debajo de su nivel de estudios real. Este desperdicio de competencias afecta con especial intensidad a la población procedente de Latinoamérica, donde el 21,8% de los trabajadores con experiencia activa en la comunidad autónoma confirma que padece esta asimetría entre su formación académica y su desempeño profesional diario.

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