Opinión
La memoria de los crímenes de odio frente al auge de las extremas derechas
Público, , 01-07-2026“No quiero moros en el local”, dijo un exmilitar español cuando vio a una camarera hablar con un hombre de origen árabe. Younes salió en defensa de la trabajadora, recriminó al hombre sus declaraciones racistas y volvió a su asiento. Al rato, el alborotador volvió armado y asesinó al marroquí a tiros. Sucedió en Mazarrón, Murcia, en junio de 2021. El asesino fue condenado a más de 20 años de prisión, pero el jurado no apreció agravante de racismo ni de islamofobia, a pesar de las palabras contra los ‘moros’ y los musulmanes que profirió el autor durante el crimen.
Un mes después, Samuel salía de una discoteca con sus amigos en la playa de Riazor, en A Coruña, cuando varios individuos le increparon al grito de maricón. Le persiguieron y le dieron una brutal paliza que acabó con su vida. El caso estuvo envuelto de una campaña de desinformación por parte de la extrema derecha, que primero quiso racializar el crimen acusando falsamente a un grupo de migrantes, y después, culpando a la izquierda, asegurando que los autores pertenecían a un grupo antifascista del Deportivo. Nada de esto era cierto, pero el bulo quedó impune. Luego vino su campaña negacionista, borrando la homofobia del caso, culpando a la izquierda y a las personas LGTBIQ+ de querer politizar y manipular el crimen. Finalmente, el tribunal consideró que se trataba, efectivamente, de un crimen de odio por homofobia. El caso de Samuel Luiz es hoy un símbolo para la comunidad LGTBIQ+ y una alerta de que el odio homófobo sigue vivo, y sigue matando.
El caso de Younes Bilal y el de Samuel Luiz son dos de los siete casos nuevos incorporados al proyecto crimenesdeodio.info, cuya actualización se presentó el pasado mes de mayo en Barcelona. Se trata de una página web que contiene un mapa interactivo donde geolocalizar cada uno de los casos registrados. Estos están documentados y clasificados según el tipo (racismo, homofobia, aporofobia, etc.), la fecha o el lugar de los hechos, cada uno con su archivo de noticias propio y otros materiales de consulta para entender cada caso y el fenómeno en sí de los crímenes de odio.
Desde 2015 llevo documentando y analizando las decenas de casos que nos llegan al periodista catalán David Bou y a mí, autores de este trabajo en constante actualización, y que da cuenta de la huella del odio y de la intolerancia en nuestro país. Todo empezó hace más de diez años, cuando decidimos poner sobre la mesa todas estas muertes que habían quedado relegadas a las páginas de sucesos, sin memoria ni contexto, sin atender a aquello que las hacen diferentes, y que demuestran la indolencia que ha planeado siempre sobre la mayoría de estos casos.
La investigación se ha desarrollado desde sus inicios en colaboración con las entidades LGTBIQ+, las que trabajan con personas sin hogar, los colectivos de migrantes o los grupos antifascistas, ya que las instituciones no cuentan con registros oficiales sobre este tipo de casos. También con periodistas que han tratado estos asuntos y que se empeñaron en su día en seguir las huellas de estos crímenes, que entendieron que iban más allá de un suceso violento, que había algo más detrás, un odio aprendido, y alguien que se empeñaba en difundirlo.
Hubo algunos muy mediáticos, como el de Lucrecia Pérez (1992), el de Sonia Rescalvo (1991), Guillem Agulló (1993), Aitor Zabaleta (1998), Rosario Endrinal (2005), Carlos Palomino (2007) o el citado de Samuel Luiz (2021), pero son tan solo una pequeña parte de la lista de casi un centenar de crímenes de odio en 35 años que hemos podido acreditar. La mayoría de estos han pasado desapercibidos porque las víctimas eran personas sin hogar, sin papeles o sin entorno que los recordase. La lista era todavía más larga, pero hemos tenido que descartar casi una veintena de casos por no poder tener acceso a más información al respecto.
Desde que pusimos en marcha esta investigación, hemos recibido nuevas informaciones sobre nuevos casos que desconocíamos. El de Ferran Vilarmau, por ejemplo, un joven asesinado en 1990 por cabezas rapadas neonazis en Premià de Mar. Fue un amigo suyo quien nos lo hizo llegar tras años en silencio. O el de Tomás Martínez, un hombre sin hogar quemado vivo por neonazis mientras dormía en su coche en València, en mayo de 1993.
En gran parte de los casos, los protagonistas son grupos de extrema derecha, que hacen bandera de estos odios, pero no todos estos crímenes son perpetrados por ellos. Hay un odio latente en una parte de la sociedad que, aunque tiene representantes y propagandistas, el victimario no tiene adscripción política. El racismo, la transfobia o la islamofobia son, a menudo, transversales. Y también hay odios interseccionales, que se entremezclan y vulnerabilizan todavía más a las víctimas. Negra, pobre, sin hogar, transexual, migrante… Múltiples circunstancias que pueden ser objeto de desprecio y motivo del crimen o la saña empleada. Son varios los casos que tienen doble o triple tipología discriminatoria.
España nunca ha reconocido oficialmente ninguna cifra de crímenes de odio. De hecho, la mayoría de los que figuran en este proyecto no fueron juzgados ni sentenciados como tal. Unos porque antes de 1995, el Código Penal no reconocía este agravante. Y otros, porque ni siquiera se tuvo en cuenta que decir ‘no quiero moros’ podía ser racista, como vemos en el caso de Younes. Por eso, esta herramienta llamada crimenesdeodio.info muestra una realidad que se ha tratado de ocultar o de minimizar, y que urge mostrarla para alertar sobre el peligro de los discursos de odio, el principal combustible para este tipo de crímenes.
Esta última actualización cuenta, además, con un informe especial sobre los crímenes de odio en el Sur Global realizado por la abogada penalista Nora Rodríguez, experta en esta materia, y que expone las diferencias en la legislación y en el contexto de cada país y los efectos de los discursos de odio que transcienden fronteras. Las cifras en algunos países son brutalmente alarmantes. En Colombia, por ejemplo, solo en 2024 se registraron 164 asesinatos LGTBIfóbicos. En otros países del sur ni siquiera existen registros, a pesar de haber intensas campañas de odio promovidas a menudo por organizaciones transnacionales con centro en Europa o EEUU. En un mundo cada vez más interconectado, con una extrema derecha global en auge, cada vez más cruel y descarnada, dispuesta a promover todavía más los odios, y que diseña y aplica sus campañas a nivel internacional, es imperativo reflejar sus consecuencias.
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