Margaryta Yakovenko: «La prioridad nacional es violencia institucional»
La escritora evoca su memoria familiar en «Ocupación», donde relata cómo perdió su país y su casa en la guerra de Ucrania. «Estamos en una época de creación de tiranos», asegura con preocupación mientras observa el auge de los extremismos en Europa
La Razón, , 30-06-2026Aquí hay dos relatos que avanzan en paralelo. Uno proviene del destino que corren las naciones, con sus guerras, identidades y revoluciones. La gran historia. El otro nace de lo minúsculo, de las gentes a las que nadie recuerda ni dedica una nota a pie de página. Margaryta Yakovenko ha encarnado en su memoria familiar, en el retrato velocísimo de sus abuelos, padres y antepasados, el porvenir de todas esas personas que han vivido y sobrevivido al albur de los imperios que caen, los países que surgen y las caprichosas idas y venidas de las fronteras. Su libro,
«Ocupación»
(Seix Barral), arraiga en la toma, en 2022, de su ciudad, Tokmak, por el ejército de
Putin
durante la guerra con
Ucrania
; de la posterior expropiación de su casa por colonos rusos y de la huella que dejó el fallecimiento de su abuelo. Pero la narración también es un sólido baluarte y una oportuna reflexión sobre la tiranía, el nacionalismo y la pérdida de la democracia.
¿Qué es quedarse sin país?
Pierdes el suelo bajo tus pies. Te quedas en el aire. No hay opción de regreso. Los inmigrantes económicos, cuando la experiencia va mal, pueden volver. A los que se nos ha arrebatado el territorio de la infancia porque está ocupado por otro país, esa opción desaparece. No tienes billete de vuelta. Tienes que quedarte donde estás. A partir de ahí, tienes que construir una vida sin raíces. Aunque lleves viviendo muchos años fuera, entiendes que el sitio al que pertenecías te está vedado. No vas a poder volver. Ese sentimiento no se lo deseo a nadie. Bueno, sí hay una persona en el mundo a la que se lo deseo (risas). Y también que pierda la certeza y la seguridad que da el hogar infantil. Esas son dos de las cosas que más importan en la vida. Es lo que marca tu forma de ser en el futuro.
Y perdió su casa, también.
Para mí, el concepto de patria es ese trocito de tierra en el que está la casa de mi bisabuela y al que íbamos cada verano. Mi hermano, cuando era pequeño, pensaba que Ucrania era esa casa. No sabía que había un país llamado Ucrania. Pero también he perdido muchos derechos, como el de regresar a mi hogar, uno de los más básicos del ser humano: el derecho a estar en el sitio donde naciste.
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El odio de los ucranianos hacia Rusia va a durar generaciones
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Margaryta Yakovenko
El conflicto con Rusia es antiguo. ¿En Ucrania siguen abiertas las viejas cicatrices con ese país?
Esas cicatrices están presentes porque no ha habido reparación. Después de la URSS, se debería haber llevado a cabo una política de reparación, de reconocimiento del daño que se había hecho al pueblo ucraniano, pero no se produjo. Si no se hubiera iniciado la guerra, Ucrania habría acabado por olvidar esas cicatrices. Pero si invades el país, el odio hacia Rusia de la gente que se ha quedado en Ucrania va a durar generaciones. Todos los lazos que había entre Rusia y Ucrania se han perdido. Incluso los culturales.
Putin le ha robado eso, la memoria…
Y un idioma. Hay muchos ucranianos rusófonos, como yo, que se sienten culpables por hablar su idioma materno porque sienten que están hablando el idioma del invasor. Estás identificando un idioma, una cultura y una tradición escrita con un solo tirano. Putin es un gran ladrón, más allá de lo físico, porque la casa de mis abuelos me la ha robado él.
¿Por qué es tan importante la memoria para los países del Este?
Venimos de familias donde el silencio ha sido la base de la estructura familiar y de la estructura estatal. Es lo que nos ha definido. Toda la generación de autores del Este que publicamos ahora hablamos de esos silencios. Somos los descendientes de generaciones enteras que no han tenido derecho a hablar ni a pensar. Se les ha prohibido, y los pensamientos que no se pronuncian, ¿dónde quedan? Ese diálogo se ha perdido a lo largo de los años y ahora somos nosotros quienes lo estamos manteniendo. Habría estado bien mantenerlo con la gente que vivió esa época, pero ya no les podemos preguntar.
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Europa está perdiendo su autoridad moral, que es lo que le quedaba
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Margaryta Yakovenko
¿Espera volver?
No pierdo la esperanza, pero jamás voy a recuperar las cosas que estaban dentro de esa casa. Ucrania volverá a sus fronteras, aunque tardaremos en verlo. Debe producirse un cambio de régimen en Rusia. Probablemente después de la muerte de Putin, que no sé cuánto tiempo más estará, pero tampoco tanto. No es tan joven. Entonces, la crisis que habrá en Rusia será tan grande como la de la Perestroika. El poder quedará descabezado porque no hay una alternativa. Putin se ha encargado de que no la haya. Entonces veremos cómo Rusia colapsa y Ucrania recupera sus fronteras. Lo que juega en contra de Ucrania es que la población está disminuyendo. Aguantar durante mucho más tiempo va a ser complicado. Ahí es donde debería entrar la Unión Europea.
¿La posición de Europa?
Insuficiente. Siempre ha sido así. ¿Qué vamos a decir de Europa? ¿Cómo está Europa si ha recibido a unos talibanes? Los valores europeos están muy degradados. Está perdiendo su autoridad moral, que es lo que le quedaba. Éramos un gran museo y una gran autoridad moral. Ese humanismo europeo que surgió después de la Segunda Guerra Mundial, ahora, ¿quién puede seguir defendiéndolo? En Europa hay una gran falta de integridad moral y de grandes pensadores que puedan representarla.
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Yo entré con la regularización de Aznar. ¿Cuánto tiempo habría pasado viviendo como una niña en situación irregular, con el miedo que supone vivir así?
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Margaryta Yakovenko
¿Se necesitan políticos como los que hubo?
Sí, pero tampoco tienen audiencia. En el momento en que entra la política de las emociones, la gente que quiere seguir conectando con discursos más intelectuales es una minoría… No va a conseguir suficientes votos. ¿Por qué la izquierda ahora no tiene ningún tipo de poder? Porque no ofrece ningún discurso emocional, como sí hace la derecha.
Y la ultraderecha.
Me inquieta lo que va a pasar conmigo en este país, porque si ciertos discursos de ultraderecha triunfan… Me preocupa que esa violencia se generalice hacia personas que son como yo. Si aquí se instaura la ultraderecha, no sé si me iría unos años fuera. Hay muchas formas de anular a las personas, las ideas y los discursos que están a favor de la inmigración quizá no tengan más cabida en este país. Me preocupa vivir en un Estado donde se ejerza la violencia verbal y la institucional, porque la prioridad nacional es violencia institucional.
Prioridad nacional.
Si hubiera existido la prioridad nacional cuando vine a España, jamás habría trabajado en un periódico. Tan simple como eso. Yo he vivido de las becas del Estado español. Si ahora el Estado cambia las reglas y, en vez de acceder por renta y clase social, accedes por tu nacionalidad, estamos dejando fuera a gran parte de la población que necesita esas becas. ¿Y qué sucede si el Estado se niega a hacer regularizaciones? Yo entré con la regularización de Aznar. ¿Cuánto tiempo habría pasado viviendo como una niña en situación irregular, con el miedo que supone vivir así? ¿Con el miedo a sufrir los abusos del alquiler, a que te roben en la calle y a no poder denunciarlo porque, si acudes a la Policía, te expones a una deportación? Se está condenando a mucha gente a vivir con ese miedo. Hablar de prioridad nacional crea una bolsa de descontento social que acabará explotando. España no tiene problemas con la inmigración.
«La gente está desencantada. Piensa que ya no tiene poder para frenar a ningún tirano»
Margaryta Yakovenko
Asegura que los tiranos se crean poco a poco. ¿Estamos en una época de creación de tiranos?
Están surgiendo y, además, están probando hasta dónde resistimos y hasta dónde pueden tensar la cuerda. Sí, estamos en esa época, sobre todo porque hemos olvidado los tiempos de los grandes tiranos y ellos se aprovechan de ese olvido, ya que estamos preocupados por otras cosas. Ahora mencionan grandes cuestiones como la libertad. La libertad ha sido una palabra tan prostituida a lo largo de los últimos años por tantos partidos políticos… Cada partido la usa a su manera y cada uno tiene su propia idea de la libertad. Los valores morales se van degradando hasta el punto de que, dependiendo de quién use la palabra, significa una cosa u otra. Eso allana el camino a los tiranos.
Y está la desilusión.
La gente está desencantada. Piensa que ya no tiene poder para frenar a ningún tirano. Hemos vivido épocas en las que se nos ha dicho que nuestro poder político, el que tiene un ser humano, es irrelevante. Si salimos a la calle y nos quejamos de la invasión de Irak y nadie la detiene, el ciudadano piensa: «La próxima vez no salgo». Estamos en ese momento de desconfianza, de pérdida de fe de los ciudadanos en su poder político. Es lo que están aprovechando estas figuras que cambian las leyes, que no respetan la Constitución y que deciden invadir un país sin afrontar castigos por parte de las instituciones internacionales.
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La vivienda es un problema muy grave y me sorprende que no estén las calles llenas, que no haya habido una revolución juvenil
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Margaryta Yakovenko
El olvido…
Estamos en una época en la que se ha repetido tanto que hay que vivir el ahora —y me refiero al crecimiento personal o la autoayuda— que mucha gente lo ha interpretado en el sentido de olvidar la historia. Esos discursos juegan en contra de que retengamos las lecciones que nos ha dejado la historia. No se puede vivir eternamente en el pasado, con miedo a lo que sucedió en el pasado o con culpa por lo que ocurrió en ese pasado. Eso es cierto. Lo hemos visto en muchos países, como Alemania. Aunque luego hay países que no han olvidado el pasado y eso está jugando en su contra.
¿Cómo…?
Rusia. Allí, la Segunda Guerra Mundial ha estado presente a lo largo de todos estos años con los desfiles de la victoria. Eso ha pervertido el discurso. Ha hecho que la gente piense que ahora necesita otro gran momento de heroísmo como el que vivieron sus abuelos. El país necesita otra coyuntura para demostrar su fuerza. Y, probablemente, eso también sea una de las causas de la guerra en Ucrania. Lo que olvidan es que la Segunda Guerra Mundial fue una victoria compartida. No una victoria solo de Rusia, aunque el discurso allí sea que solo ellos ganaron la guerra.
«La apatía es el terreno más fácil para los dictadores».
Se están aprovechando de que el ciudadano ya no está comprometido. No se le ha enseñado a estarlo. Se ha olvidado la formación política del ciudadano. El mercado ha dicho tantas veces que no tienes por qué salir a la calle, que es mejor quedarte en casa… Ni siquiera los sindicatos valen ya. No tienen poder. Si conviertes a la persona en un consumidor, no en un agente político, lo que va a necesitar es seguir consumiendo, pero no va a creer en los derechos. Las redes sociales han jugado un papel en esto. Cojamos el problema de la vivienda. Es un problema grave y me sorprende que no estén las calles llenas, que no haya habido una revolución juvenil por este problema. No veo una acción de protesta por parte de la ciudadanía más allá de un tuit. Las redes sociales lo que hacen es apagar tu frustración. Echas agua sobre ella viendo vídeos absurdos o memes graciosos.
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