La Escuela de Ro impulsa PRITHA, la metodología que une psicología y estrategia para mujeres migrantes que emprenden en España
A través de PRITHA, la asociación desarrolla una metodología por fases que combina diagnóstico, mentorización, digitalización y comunidad
La Vanguardia, , 30-06-2026Llegar a un nuevo país implica aprender un nuevo idioma, enfrentarse a decenas de trámites, entender la burocracia y, en muchas ocasiones, empezar una vida laboral completamente nueva. Para quien además decide emprender, ese proceso puede convertirse en una carrera de fondo marcada por la incertidumbre, la falta de red y la necesidad de sacar adelante un proyecto sola, sin red y muchas veces sin saber por dónde empezar. Rosalba Bueno lo vivió en primera persona cuando llegó a España hace siete años.
Venía con ideas, experiencia y ganas de construir un proyecto propio, pero pronto entendió que emprender lejos del país de origen no se parecía a empezar de cero en un entorno conocido. “Todo empezó con mi propia experiencia como emprendedora migrante. Llegué a España con mucho potencial, ideas y ganas de establecerme, pero me di cuenta de que emprender aquí no era igual que hacerlo en mi país”, explica.
Aquella sensación de no tener red, de no entender el ecosistema y de sentirse más sola de lo esperado fue el punto de partida de una metodología que en la actualidad busca acompañar a otras mujeres en ese mismo camino. Rosalba es psicóloga clínica y, antes de arrancar su propio negocio, observó cómo muchas mujeres migrantes que emprendían en España no solo necesitaban ordenar su propuesta de valor, entender su modelo de negocio o mejorar su comunicación. También estaban atravesando un proceso emocional ligado a la migración, la adaptación y la búsqueda de pertenencia. “Cuando vi que lo que yo estaba sintiendo también les pasaba a otras mujeres, quise crear una metodología para que todas las que se habían sentido como yo tuvieran un espacio de acompañamiento”, recuerda.
De esa mirada nace La Escuela de Ro, una asociación sin ánimo de lucro dirigida a artistas y emprendedores migrantes. Su principal línea de trabajo es PRITHA, el programa que quiere consolidar como referencia en emprendimiento migrante femenino en España. La iniciativa se plantea como una metodología de acompañamiento de doce meses para mujeres que llevan al menos un año emprendiendo en el país. No funciona como una aceleradora tradicional ni promete resultados inmediatos de facturación. Su objetivo es ayudar a validar, ejecutar y consolidar negocios sin perder de vista a la persona que los sostiene.
“No somos una aceleradora porque no soltamos a las emprendedoras al cabo de pocos meses. Aquí trabajamos el negocio y a la persona que lo sostiene: la facturación importa, pero también cómo estás tú mientras la consigues”, defiende. Por eso, el acompañamiento combina estrategia empresarial, marca, marketing, fiscalidad, project management y acompañamiento psicológico. La idea es que cada emprendedora pueda entender su negocio, adaptar su propuesta al mercado español y encontrar nuevas vías de crecimiento sin vivir el proceso en soledad.
El programa trabaja con perfiles muy diversos. En sus anteriores ediciones han participado mujeres de países como Perú, Chile, Honduras, Venezuela, Argentina o Colombia, con edades que van desde los 21 años hasta los más de 50 y negocios de sectores variados, desde tecnología y retail hasta consumo, servicios o proyectos creativos. “No trabajamos desde la competencia, sino desde el ecosistema y el objetivo es construir comunidad”, señala la fundadora. Durante el programa, algunas participantes han llegado a lanzar sus propios proyectos. María Zambrano creó su propia agenda Magu y Nathali Leal puso en marcha un ciclo de pausas conscientes en Impact Hub Barceló, uno de los grandes partners del programa. Otras siguen vinculadas al ecosistema una vez terminado el proceso, como Carolina Albornoz, que tras culminar PRITHA se incorporó como mentora de marca.
Una de las claves del acompañamiento es la digitalización. Muchas emprendedoras llegan con modelos basados en el boca a boca, el trato directo o la venta uno a uno, y descubren que sus productos o servicios pueden abrir nuevas líneas de ingresos a través de herramientas digitales. Para Bueno, ese aprendizaje es especialmente importante porque permite ampliar posibilidades sin sustituir la esencia de cada negocio.
PRITHA se estructura en cuatro fases. La primera es una etapa de diagnóstico y selección en la que las emprendedoras se postulan de forma voluntaria, completan información sobre su negocio y pasan por entrevistas. La segunda, llamada fase valiente, se centra en entender el negocio, revisar la propuesta de valor, los costes y la comunicación. Después llega la fase mentora, donde se ejecuta lo planificado y se comprueba qué funciona y qué debe ajustarse. El proceso termina con una fase de control, en la que cada emprendedora aprende a trabajar con objetivos e indicadores vinculados a su propio proyecto. En ese recorrido, las emprendedoras no están solas: junto a Bueno trabaja Jethro Cortés, project manager de PRITHA y director de su segunda edición, que acompaña la ejecución y el seguimiento de cada proyecto. Su papel es clave para que la metodología no se quede en la teoría y cada negocio avance con un plan y unos plazos reales.
Pero el acompañamiento no acaba al cumplirse el año. Las mujeres que pasan por PRITHA quedan dentro del ecosistema y forman parte de un modelo de economía circular. A través de una bolsa de créditos vinculada a patrocinadores, algunas de ellas ejecutan productos o servicios para empresas colaboradoras. De ese importe, el 66% va para la profesional que realiza el trabajo y el 33% se reinvierte en PRITHA y en el acompañamiento de otras compañeras. Para la asociación, este sistema permite cerrar el círculo entre formación, oportunidad y sostenibilidad.
La salud mental ocupa un lugar central en todo el proyecto. Rosalba defiende que el emprendimiento migrante no puede analizarse solo desde la facturación o el crecimiento, porque muchas veces detrás hay duelo migratorio, presión económica, trámites pendientes, familias que sostener y una fuerte necesidad de pertenecer. “Se habla mucho de salud mental y me parece hermoso, pero creo que debería implementarse mucho más en el emprendimiento. Estos perfiles necesitan estar acompañados”, sostiene.
Esa visión también explica la importancia que PRITHA da a la comunidad. Para ella, las conexiones reales no solo alivian la soledad de emprender en otro país, sino que también pueden abrir oportunidades, alianzas y nuevos clientes. “Yo empecé PRITHA con cero euros y mis primeros 10.000 los conseguí gracias a conexiones reales”, recuerda. Por eso, el programa insiste en construir una red activa entre mujeres que comparten procesos parecidos, aunque sus negocios sean distintos.
La Escuela de Ro encara ahora una nueva etapa con la tercera convocatoria de PRITHA y con la voluntad de seguir creciendo como referente en emprendimiento migrante en España. En la última convocatoria, alrededor de 500 mujeres mostraron interés en participar y la asociación aspira a impactar entre 200 y 300 emprendedoras al año. Además, el proyecto trabaja en la financiación de un documental sobre PRITHA, impulsado por una de las participantes del programa, para contar las historias que hay detrás de esas mujeres y visibilizar lo que ocurre en la mente emprendedora cuando se cruzan negocio, migración y adaptación.
Para Rosalba, todo ese camino conecta con su propia historia. Ella también empezó sin recursos económicos, pero con tiempo, personas y conexiones que le permitieron avanzar. Ahora quiere devolver esa red a otras mujeres que llegan con talento, experiencia y ganas de construir algo propio. “PRITHA es el reflejo de lo que yo misma viví y es mi propósito en la actualidad. Encontrar mujeres que, cuando te sientes más sola, están viviendo algo parecido a nivel emocional, no se puede pagar con dinero”, concluye.
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