Pregunten al Vaticano

Torticera utilización, sobre todo porque ni El Vaticano dice a pies juntillas lo que nuestro gobierno le arroga, ni Sánchez parece el más indicado intérprete de la doctrina de la Iglesia, ni siquiera en materia de inmigración

La Razón, , 26-06-2026

Está resultando de tal magnitud la instrumentalización de la figura del Papa por parte del gobierno especialmente a propósito del asunto de la inmigración (después cuando interese ya aparecerán los «mata curas» de la izquierda) que a Pedro Sánchez solo le falta desvelar en alguna de sus comparecencias ante la prensa – todas por supuesto fuera de España – la condición de León XIV como militante de la agrupación socialista de Tetuán. El presidente del Gobierno tenía que apechugar hace pocos días en el último consejo europeo con los reproches, no solo de la primera ministra italiana Giorgia Meloni, sino de algún otro homólogo continental a propósito de la posición de su ejecutivo en materia de inmigración, sobre todo en un momento en el que la Unión Europea va por un lado y la España gobernada por Sánchez va por otro, con las consiguientes consecuencias colaterales para los socios comunitarios de medidas como la regularización masiva de cientos de miles de inmigrantes en territorio español, que es lo mismo que decir territorio UE y en un momento en el que el propio Parlamento Europeo sentaba las bases de una política mucho menos laxa con la inmigración indiscriminada incluida la creación de centros de devolución fuera de las fronteras continentales.

Ni corto ni perezoso el presidente español ante la pregunta de un informador sobre estas diferencias con sus homólogos no solo desplegó todo el argumentario ya conocido del «pasen que al fondo hay sitio», como si toda África cupiera en España, sino que acabó por lanzar una coletilla que desde luego ha hecho de todo menos gracia en círculos de la jerarquía católica: «además pregunten al Vaticano». A nuestro jefe de gobierno habría que recordarle de entrada que el estado vaticano no pertenece a la Unión Europea ergo, difícilmente se puede recurrir a una supuesta opinión de terceros para rebatir críticas de los que sí son socios.

La inmigración será uno de los principales caballos de batalla en la campaña de las próximas elecciones generales y el PSOE parece haberle cogido el gusto a arrojar a la iglesia católica sobre el cogote de las derechas. Torticera utilización, sobre todo porque ni El Vaticano dice a pies juntillas lo que nuestro gobierno le arroga, ni Sánchez parece el más indicado intérprete de la doctrina de la Iglesia, ni siquiera en materia de inmigración. Poco pues que preguntar al Vaticano.

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