«Estudiar ayuda a romper prejuicios»

Tres jóvenes de origen magrebí que esta tarde reciben los diplomas por acabar sus estudios relatan sus esfuerzos por «ser uno más»

Diario Vasco, Ane Deba y Maddi Aldaya, 26-06-2026

La asociación Jatorkin Al-Nahda trabaja en Gipuzkoa por la integración de alumnos de origen magrebí mediante unos premios que valoran el esfuerzo extra para hacer frente a dificultades como el idioma. Esta iniciativa visibiliza historias de superación real y sigue sumando galardonados, que esta tarde recibirán su recompensa en forma de diploma por haber superado la educación obligatoria, el Bachillerato, un grado de FP o estudios universitarios. En esta edición, 47 estudiantes van a recibir este reconocimiento. Lo harán esta tarde a las 17.00 horas en el aula magna de la facultad de Educación de EHU en Donostia. Esta periódico ha hablado con tres de los jóvenes galardonados: Rim Benamer (4º de la ESO), Ayman Belaaraj (2º de Bachillerato) y Fatima El Aroussi Boukriti (Grado Superior). Sus casos reflejan tanto la realidad de los nacidos en el Magreb como la de los jóvenes criados aquí, demostrando que estos títulos académicos son clave para acceder a empleos cualificados, derribar prejuicios y lograr una integración real.

«Nunca es tarde para estudiar; al final se puede conseguir»
Fátima El Aroussi Boukriti

«Nunca es tarde para estudiar; al final se puede conseguir»
A sus 44 años y con dos hijos a su cargo, Fátima es el vivo ejemplo de que nunca es tarde para estudiar. Natural de Marruecos, donde se tituló en horticultura, llegó a Errenteria en 2010. En 2024 decidió dar un giro a su vida y se matriculó en el grado superior de Análisis de Laboratorio. La conciliación familiar ha sido el reto más exigente de su día a día, los horarios eran milimétricos. «No ha sido nada fácil, pero se puede conseguir con mucha voluntad», afirma. Tras graduarse, reconoce que este título supone un verdadero alivio: «Significa mucho, porque he tenido que salir adelante con mi familia y buscarme la vida».

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El idioma fue otra barrera que derribó poco a poco. Al llegar no sabía castellano, pero se apoyó en el francés hasta dominarlo. En 2019 empezó con el euskera, aunque la pandemia interrumpió unas clases que espera retomar. De hecho, anima a sus hijos a aprender todas las lenguas posibles.

Detrás de su éxito está el motor de sus padres, que siempre apostaron por su educación. «Tuve unos años difíciles por mi situación familiar, pero los profesores te comprenden cuando les cuentas tus circunstancias y te ayudan muchísimo. También he tenido muy buenos compañeros que te apoyan en los bajones», agradece.

Fátima no piensa detenerse. Su objetivo inmediato es hacer una especialización este año y buscar trabajo en producción o control de calidad para sacar adelante a sus hijos. Además, por las tardes asiste a un cursillo de inteligencia artificial (IA). «No importa a qué edad empieces a estudiar; sé que lo más difícil es dar el primer paso, pero luego ves las recompensas», asegura.

«El euskera me cuesta un poco más, pero me esfuerzo»
Ayman Belaaraj

«El euskera me cuesta un poco más, pero me esfuerzo»
Ayman tiene 17 años. Nació en Vitoria, pero en 2020 se mudó a Ordizia con sus padres, de origen marroquí. Para él, el mayor reto de este curso ha sido ponerse al nivel del resto con el idioma. «Las asignaturas en euskera me cuestan un poco más que a los demás y por eso tengo que esforzarme más. Ha sido un pequeño obstáculo, porque en inglés o castellano me manejo sin problemas», explica.

Esa barrera se notaba también en casa. «Mis padres no saben euskera. De pequeño me ayudaban con los deberes, pero con el euskera he tenido que aprender a buscarme la vida yo solo. Es una dificultad que mis amigos no han tenido», señala.

Su meta es estudiar Ingeniería Informática, aunque al tener que ir a la segunda convocatoria de selectividad, asume que las plazas podrían estar llenas. «Por eso estoy mirando otras opciones, como hacer un grado superior. De aquí a unos años me imagino trabajando en diseño o programación», comenta.

Para Ayman, este título es un orgullo y una oportunidad que su familia no tuvo. «Mis padres no pudieron estudiar. Mi madre no terminó sus estudios porque se casó con 17 años, la misma edad que tengo yo. Estoy muy contento de tener esta opción», confiesa. Además, destaca el valor de su esfuerzo: «En mi entorno casi todos mis amigos han hecho un grado medio; no conozco a muchos que hayan terminado Bachillerato, por una cosa o por otra. Estoy muy orgulloso de mí mismo».

A nivel social, su adaptación ha sido completa. «Quitando el idioma, no he tenido problemas. Encontré mi cuadrilla y me he integrado muy bien», dice.

«Es mi recompensa por no haberme rendido»
Rim Benamer

«Es mi recompensa por no haberme rendido»
Tiene 16 años y acaba de graduarse de 4 de la ESO de la UZ Ikastola (Zumarraga). Nació en Segovia y vivió allí hasta los 8 años, cuando su familia por temas de trabajo tuvo que mudarse al País Vasco. Su madre es de Marruecos y su padre de Argelia, y llegaron a España hace casi veinte años. El proceso de adaptarse al idioma fue complicado. No saber euskera le afectó académicamente al tener que sacrificar horas de otras materias y, en consecuencia, bajó sus notas. Iba al euskaltegi y le metían horas extra en el colegio, toda su vida giraba en torno al euskera: «Era un agobio», afirma Rim. También confiesa que le acabó cogiendo rencor, pero que al final consiguió superarlo y ahora habla y entiende perfectamente el idioma.

Por otro lado, señala que ha sufrido discriminación. Comentarios en clase sobre su físico y su origen. Supuestos piropos que esconden prejuicios sobre las personas magrebíes, frases como «qué bien hueles para ser mora» o «que blanca eres para ser mora» son algunas de ellas. En la ESO sufrió de «acoso» por parte de un grupo de chicas que «me empujaban» y siguió así hasta que un día les plantó cara. Asegura amar sus raíces y asegura que «mucha gente tiene ideas equivocadas y mezclan cultura con religión».

«Tengo ganas de empezar un nuevo camino», dice Rim. Tiene pensado hacer un grado de Farmacia y Parafarmacia, aunque lo que realmente le gusta es la estética. El diploma para ella es un recordatorio de todo su esfuerzo, al haber sido ella misma su único apoyo y haberlo conseguido a pesar de todos los altos y bajos que ha tenido. Finalmente, quiere recordar que «los prejuicios son cosas temporales, porque un día te odian y al otro te aman. Si mañana se va a poner de moda lo que eres o lo que haces, no hay que hacer caso».

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