De la guerra de Siria a dormir al raso en Sevilla

Una familia de refugiados sirios con un padre discapacitado y dos menores sobrevive a su suerte abandonados por las administraciones

La Razón, Elena Genillo, 26-06-2026

Hay personas que parecen estar condenadas al destierro, a la

vida errante. Hay personas que no tienen permitido el descanso, que se preguntan cada día ¿y ahora qué? sin una casa en la que refugiarse de los envites del destino, sin una

red de apoyo

en la que sostenerse cuando la tragedia llama a la puerta.

Amal

, nombre ficticio pero cuidadosamente elegido porque significa «esperanza» en árabe, es una de esas personas. Esta mujer de origen sirio ha pasado por una

guerra civil

, por un campo de refugiados con sus embarazos correspondientes, por el ictus incapacitante de su marido, por la

muerte de un hijo

, por el maltrato institucional de quien le ofreció una vida mejor en España… pero en esta historia de dolor y resiliencia hay que ir por partes.

Cuando estalla la

guerra civil en Siria

, allá por 2012, Amal vivía con sus dos hijos y su marido, albañil de profesión, en la

provincia de Idlib.

La situación de violencia y terror obligó a esta familia, como a muchas otras en Siria, a trasladarse a un campo de refugiados. Ellos fueron a parar a uno del

norte del Líbano

, donde logran sobrevivir a duras penas, entre tiendas de campaña y comida racionada, durante nueve años. En este tiempo Amal

tiene dos hijos más

en el campo de refugiados, pero allí la vida se les hizo imposible cuando el

marido sufre un ictus

que le deja incapacitado y totalmente dependiente. Debido a la situación de extrema vulnerabilidad en la que se encuentran,

Acnur

les propone formar parte del

grupo de reasentamiento de refugiados

promovido por la Unión Europea. Así,

a finales de 2022 llegan a Sevilla

, con la esperanza de rehacer sus vidas de forma digna.

Amal, su marido enfermo y sus cuatro hijos (de 17, 14, 8 y 7 años) son alojados en el

Centro de Acogida y Protección Internacional de Sevilla

(CAPI), dependiente del

Ministerio de Inclusión,

Seguridad Social y Migraciones, el órgano encargado de ofrecer una atención integral a las personas que como ellos llegan como refugiados a nuestro país. Pero en Sevilla, lejos de emprender una vida alejada del terror de Siria, esta familia sufre la mayor de las catástrofes.

En una excursión organizada por el CAPI a la

playa de Matalascañas

en julio de 2023, el hijo mayor de Amal, de 17 años,

muere ahogado. Según denuncia la

Asociación Pro Derechos Humanos de Andalucía (APDHA)

, Amal avisó a los responsables de que sus hijos no habían visto el mar y que no sabían nadar. Ella se quedó en casa para cuidar de su marido y por ello se culpa, cuentan desde esta asociación.

Tras lo acontecido, la familia

no quiere volver a hospedarse en el CAPI

de Sevilla y piden el traslado. No se lo conceden y, a la desesperada, deciden marchar a Alemania a intentar empezar de nuevo arropados por otros familiares que vivían en el país. Son acogidos en el

centro de refugiados de Bavier

a y allí permanecen seis años hasta que las autoridades alemanas les conminan a regresar a España aludiendo que forman parte del cupo de refugiados español y que es el

Estado español quien debe hacerse cargo de su atención.

Alemania envía a la familia de Amal al aeropuerto de Barajas a finales de 2025 y allí no les recibe nadie. Pasan

dos días malviviendo en la calle

y con los pocos recursos económicos que les quedan

deciden volver en bus al centro de refugiados de Baviera.

Tras seis meses de estancia, las autoridades alemanas

vuelven a deportarlos. Sin saber qué hacer, Amal, su marido y sus tres hijos

regresan a Sevilla

, al CAPI encargado de prestarle alojamiento y apoyo. Pero allí, «les cierran las puertas», denuncia la APDHA, la oenegé que ha dado a conocer esta historia. El centro de acogida de Sevilla asegura que la familia

se marchó a Alemania sin avisar

y, su expediente, se congeló. Este centro dependiente del Ministerio de Inclusión

pasa la pelota al Ayuntamiento de Sevilla

para que se haga cargo de esta familia siria.

«Nos consta que, en un primer momento el consistorio no hizo nada,

los dejaron durmiendo en la call

e, a las puertas del CAPI de Sevilla Este dos noches, la del lunes y martes de Feria», asegura la APDHA a este diario. La fuerza vecinal hace que el gobierno municipal realoje a Amal, sus hijos y marido en un

hostal de la Gran Plaza.

Allí permanecen 10 días, hasta que

son expulsados por la Policía Local

y vuelven a pasar una noche a la intemperie.

Gracias a vecinos y oenegés como

APDHA, Sevilla Negra y Mairena Solidaria

, esta familia de refugiados sirios que ha visto lo peor de la guerra y ha sufrido el desgarro de perder a un hijo, puede dormir bajo techo, pues sufragan los gastos de una habitación, sin saber hasta cuándo podrán quedarse. Sin saber qué será de ellos… una vez más.

“Se les atendió dentro del marco legal”

El

Ayuntamiento de Sevilla,

por su parte, asegura que ha atendido a esta familia «desde el primer momento en que tuvo conocimiento de su situación, dentro del marco legal y de los recursos municipales disponibles, y va a seguir haciéndolo hasta encontrar una a

lternativa establ

e». Además, subraya que «cualquier insinuación de racismo institucional, xenofobia o aplicación de discriminación por origen es rotundamente falsa y no se corresponde con la actuación de los Servicios Sociales municipales, que han trabajado y siguen trabajando para garantizar la atención a esta familia». El Consistorio sevillano afirma que «la actuación municipal con esta familia se ha guiado por los

mismos criterios que con cualquier otra familia

en situación de vulnerabilidad habitacional, sin distinción de origen, nacionalidad, religión o situación administrativa»

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