Emma Vilarasau: “La inmigración en esta película deja de ser una cifra”

Llega a los cines ‘Viaje al país de los blancos’ de Dani Sancho, la historia real del activista y escritor Ousman Umar, que siendo un niño cruzó África para llegar a Europa, y en la que participa Emma Vilarasau

La Vanguardia, Aitziber AzpeitiaAitziber Azpeitia, 26-06-2026

La primera tentación al hablar de inmigración es hacerlo en cifras. Tantos llegan. Tantos mueren. Tantos esperan. La segunda es mirar hacia otro lado. Pero Viatge al país dels blancs propone exactamente lo contrario. La película de Dani Sancho, basada en la historia real de Ousman Umar, obliga a detenerse. A mirar. A preguntarse quién es esa persona que duerme en un portal, vende en una manta o espera en una cola administrativa. Y quizá por eso resulta tan incómoda como necesaria.

La cinta, que llega este viernes a los cines tras inaugurar la décima edición del BCN Film Fest, reconstruye la extraordinaria peripecia vital de Ousman Umar, el niño ghanés que cruzó África con la esperanza de llegar a Europa y que años después acabaría fundando la organización NASCO Feeding Minds, dedicada a facilitar educación digital a miles de niños y jóvenes en Ghana.

A su lado aparece Emma Vilarasau en el papel de Montse, la mujer que decidió ayudarle cuando ya había sobrevivido al desierto, a las mafias, al hambre y al mar, pero seguía enfrentándose a otro muro menos visible: la indiferencia.

“Lo que más me impresionó fue su capacidad para seguir adelante”, explica la actriz. “Y también la generosidad de las personas que decidieron ayudarle cuando nadie más lo hacía”.

Vilarasau asegura que aceptó el proyecto después de leer los libros de Umar y quedar profundamente impactada por una historia que considera tan extraordinaria como necesaria.

“Es una película necesaria para el momento que estamos viviendo”, afirma. “La inmigración se utiliza constantemente como arma política y aquí deja de ser una cifra para convertirse en una persona concreta, con una historia, una cara y una mirada”.

La historia llegó a Dani Sancho hace una década, cuando un amigo le habló de aquel joven ghanés con una peripecia vital difícil de creer. Lo buscó a través de Facebook, se reunió con él y salió convencido de que algún día haría una película sobre su vida.

Lo que más le impresionó no fue la dureza del viaje, sino la forma en que Umar interpretaba su propia existencia. “Me dijo que su vida era como la de Benjamin Button”, recuerda el director. “Nosotros tenemos una infancia protegida y empezamos a luchar cuando somos adultos. Él tuvo que luchar desde niño”.

Sancho tenía claro desde el principio que no quería hacer un drama social convencional ni una película construida sobre la miseria. La clave estaba en acompañar al personaje y compartir su mirada. “Queríamos despertar empatía. Que la gente dejara de ver números o estadísticas y empezara a ver a las personas que hay detrás”.

Uno de los hallazgos de la película es el joven actor ghanés Benjamin Kakraba, que interpreta a Ousman durante la adolescencia.

Su falta de experiencia interpretativa terminó convirtiéndose en una virtud. Cuando llegó a Barcelona para el rodaje, nunca había viajado en metro y observaba con asombro escenas cotidianas que para cualquier vecino pasan desapercibidas.

“Tenía una curiosidad enorme por todo”, recuerda Vilarasau. “Esa luz y esa capacidad de asombro que transmite en la película eran exactamente las que tenía fuera de ella”.

Esa mirada limpia, casi infantil, impregna buena parte del filme y ayuda a construir una historia que, pese a la dureza de los acontecimientos que relata, conserva siempre un fondo de esperanza.

La secuencia emocionalmente más compleja llegó cuando el propio Ousman tuvo que revivir episodios traumáticos de su pasado delante de la cámara.

Según explican tanto Sancho como Vilarasau, durante los ensayos evitaba profundizar en determinadas emociones. El equipo comprendió pronto que solo podría hacerlo una vez.

Decidieron entonces rodar aquella escena con la máxima intimidad posible, limitando el dispositivo técnico y dejando espacio para que la emoción surgiera cuando él estuviera preparado.

“Se abrió una sola vez”, recuerda Sancho. “Y nosotros teníamos que estar preparados para capturarlo”.

Para Vilarasau, aquel momento resume el espíritu de toda la película: el respeto hacia una historia real contada desde dentro y no desde la distancia.

Su personaje, Montse, aporta uno de los contrapuntos más interesantes del filme. Es una mujer corriente que decide actuar cuando la mayoría prefiere mirar hacia otro lado.

“Montse es una mujer normal, como podríamos ser cualquiera de nosotros”, explica la actriz. “Simplemente se encontró con una realidad que ya no pudo ignorar”.

Ese es precisamente el gran acierto de Viaje al país de los blancos. No pretende ofrecer respuestas sencillas ni discursos cerrados. Lo que propone es un cambio de mirada. Durante dos horas, el espectador comparte los miedos, las pérdidas, los sueños y las contradicciones de alguien a quien probablemente nunca habría prestado atención.

Al terminar la proyección, lo que permanece no es solo la admiración ante la peripecia vital de Ousman Umar. Se abre paso una pregunta incómoda: ¿cuántas historias extraordinarias pasan cada día a nuestro lado sin que nos detengamos siquiera a mirarlas?

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