Talibanes en Bruselas: vender los principios para calmar a la ultraderecha siempre sale mal

La reunión con los milicianos afganos coincidió con el homenaje en Francia al historiador y resistente Marc Bloch, que defendió una sociedad basada en la libertad y el derecho

El País, Guillermo Altares, 25-06-2026

Ninotchka, una de las grandes películas de Ernst Lubitsch, relata cómo tres agentes soviéticos viajan a París para vender las joyas de una gran duquesa, pero acaban seducidos por el capitalismo. Entonces, la URSS envía a poner orden a la inflexible comisaria política que da título al filme, interpretada por Greta Garbo. Pero ella también acaba abandonando sus convicciones. Con ese enorme talento para contar las cosas sin diálogos, Lubitsch relata la conversión de Garbo a través de un sombrero en un escaparate. Desgraciadamente, los talibanes afganos que visitaron el martes Bruselas no habrán experimentado una caída similar del caballo.

Los invitados de la UE son los representantes de un régimen que está cometiendo un crimen contra la humanidad por su trato contra las mujeres , un apartheid de género con muy pocos precedentes en la historia. Las mujeres en el Afganistán actual tienen menos derechos que los animales. Y, sin embargo, Bruselas les ha considerado interlocutores legítimos para hablar de migración, esto es, para expulsar a unas pocas personas de la Unión, que cuenta con 450 millones de habitantes. Vender los principios para calmar al Leviatán de la ultraderecha nunca es una buena idea.

La funesta visita de los talibanes coincidió con la entrada del historiador Marc Bloch en el Panteón, el máximo honor que el Estado francés puede conceder a un ciudadano. Bloch fue uno de los fundadores de la historia de las mentalidades, que transformó la forma de contar el pasado centrándose en la vida cotidiana por encima de los hechos de los nobles y los reyes. Pero también fue un héroe de la resistencia contra el nazismo. Expulsado de la vida pública por ser judío, acabó sumándose a la lucha contra los ocupantes alemanes. Fue detenido por milicianos franceses del régimen colaboracionista de Vichy, torturado por la Gestapo y fusilado. El 16 de junio de 1944 su cuerpo apareció tirado en un campo cerca de Lyon.

El presidente Macron durante el homenaje al historiador y resistente Marc Bloch y a su mujer Simonne Vidal, el martes en París.
ALICE SACCO / POOL (EFE)
La obra maestra de Bloch es La sociedad feudal, un libro que sigue siendo fundamental para entender la Edad Media. Pero, como toda la obra del historiador, no habla solo del pasado; sino también del presente. En las últimas páginas de este ensayo casi centenario, explica que, pese a sus evidentes problemas e injusticias, la sociedad feudal sentó dos precedentes fundamentales para el futuro de la libertad en Europa: el derecho a la rebelión si el príncipe o el noble no cumplían con la parte de su contrato y, sobre todo, el nacimiento de una sociedad basada en el derecho. Bajo el feudalismo se fundaron las Cortes de León en 1188, la Carta Magna inglesa en 1215 o las leyes del Reino de Jerusalén. “Por muy dura que fuese la vida para los más pequeños, ese régimen legó a nuestras civilizaciones una base sobre la que queremos seguir viviendo”, es la frase final de este libro, publicado en 1939.

La Unión Europea nació basándose en estos principios de justicia, igualdad y derecho, que Marc Bloch defendió con su existencia y con su obra y por los que dio la vida. Negociar con los talibanes es traicionar esas ideas, que nacieron cuando la Unión era solo un sueño de personas que luchaban contra el fascismo.

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