Diez años del Brexit: la metamorfosis del euroescepticismo

Diez años después, el complicado divorcio y el posterior estancamiento británico han actuado como una inmunización colectiva para los Veintisiete

La Razón, Claudia Zapater , 24-06-2026

El 24 de junio de 2016, los pasillos de las instituciones comunitarias en Bruselas vivieron una jornada de pánico institucional. La victoria del Brexit en el Reino Unido se interpretó entonces como el paciente cero de un efecto dominó que contagiaría a otras naciones con fuertes corrientes euroescépticas. Diez años después, la realidad demuestra que el complicado divorcio y el posterior estancamiento británico no han actuado precisamente como un modelo, sino como una inmunización colectiva para los Veintisiete.

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Mientras el bloque comunitario ganaba cohesión, el Reino Unido se enfrentaba a las consecuencias del aislamiento: barreras arancelarias, burocracia, escasez de mano de obra en sectores clave y una evidente pérdida de influencia geopolítica. Este desgaste sirvió como lección exprés para los países que en su día dudaron de la viabilidad del proyecto europeo. Los datos del Eurobarómetro de mayo de 2026 confirman este respaldo a nivel social: un 72% de los ciudadanos encuestados afirma que su país se ha beneficiado de la pertenencia a la Unión y un 60% se muestra optimista sobre el futuro del bloque.

Un “profundo fracaso”
Como explica Jorge Tamames, investigador para Política Exterior y Democracia del Real Instituto Elcano, el proceso de salida ha funcionado como un “jarro de agua fría” para aquellas formaciones que planteaban la ruptura, al quedar al descubierto tanto la “inmensa complejidad del proceso” como el estancamiento económico del Reino Unido. En este sentido, Tamames destaca que el Brexit se ha revelado finalmente como un “profundo fracaso para el país que lo puso en práctica”.

Esta evidencia ha forzado una reconfiguración en la estrategia de la extrema derecha. Formaciones de corte populista que en 2016 pedían referéndums de salida, como la Agrupación Nacional francesa de Marine Le Pen o el Partido por la Libertad del holandés Geert Wilders, han ido dejando de lado ese discurso tras observar el coste económico, el caos en las aduanas británicas y la permanente inestabilidad en Downing Street.

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Según el informe “Countering the far right in the European Parliament” de la Foundation for European Progressive Studies (FEPS), se ha producido un “cambio cualitativo” en su planteamiento político: el objetivo ya no es una salida dura de la UE o del euro, sino normalizarse e integrarse estratégicamente en los procesos parlamentarios para remodelar la agenda y transformar la Unión desde sus propias estructuras.

La extrema derecha opta por reformar la UE
Esta estrategia se ve favorecida por una creciente dificultad para mantener el tradicional cordón sanitario. Su éxito electoral y progresiva normalización en el tablero político europeo complican el aislamiento de unas fuerzas que ya no solo buscan bloquear leyes, sino condicionar las grandes mayorías desde la Eurocámara. Tamames coincide en que “no hay motivos para la complacencia”, señalando que “hoy los partidos de extrema derecha prefieren reformar la propia UE porque su fuerza y capacidad para condicionarla es mucho mayor que hace diez años”. El investigador recuerda, no obstante, que el modelo de una ‘Europa de las Naciones’ que pretenden imponer manteniendo el mercado único pero eliminando la integración política y el derecho comunitario es una “entelequia” a largo plazo.

Aniversario BrexitAniversario Brexit T. Nieto, A. Cruz, T. Gallardo LA RAZON
Tamames recurre al histórico caso ‘Costa contra ENEL’ para desmontar esa tesis. Esta sentencia de 1964 que nació de forma casi anecdótica cuando un ciudadano italiano se negó a pagar una factura de la luz tras la nacionalización del sector eléctrico estableció el principio fundacional de la primacía del derecho comunitario: la regla de oro de que las leyes de la UE están por encima de las nacionales. Al recordar este hito, el investigador subraya que “integración económica y derecho comunitario van de la mano”, haciendo jurídicamente imposible desmontar una parte sin que caiga la otra.

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Aun así, reconoce que a corto plazo “las contradicciones no suelen ser un obstáculo para la extrema derecha” y que sus prioridades ya se hacen notar en agendas clave, como la migratoria. Incluso en el ámbito económico, Tamames observa que estas fuerzas han sabido adaptar su discurso culpabilizando a los migrantes de problemas estructurales, una dinámica que se ha visto agravada en el Reino Unido porque otros partidos han validado parte de esa retórica. “Que los hechos desmientan el relato político no suele ser un problema para estas fuerzas”, reconoce.

Diez años después, el Brexit no ha conseguido fragmentar a Europa, pero, como advierte Tamames, el éxito pasado no garantiza el futuro, ya que la disputa por el poder ahora se libra con fuerza desde el centro mismo de las instituciones.

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