Starmer cae en un Reino Unido atrapado en los problemas del Brexit
La dimisión del primer ministro coincide con el décimo aniversario de la salida de la Unión Europea, mientras el país sigue afrontando dificultades económicas, presión migratoria y el auge de la derecha populista
La Vanguardia, , 23-06-2026La dimisión de Keir Starmer como primer ministro británico apenas dos años después de llegar al poder ha sacudido la política del Reino Unido en un momento especialmente simbólico. Su salida coincide con el décimo aniversario del referéndum del Brexit y vuelve a situar en el centro del debate una pregunta que sigue persiguiendo a la sociedad británica: qué ha cambiado realmente desde que el país decidió abandonar la Unión Europea.
Para Ramon Aymerich, redactor jefe de Internacional de La Vanguardia, la caída de Starmer es el resultado de una pérdida progresiva de confianza en su liderazgo. “Ha sido incapaz de ofrecer una política estable, un programa estable y, sobre todo, de vencer los pronósticos de que la extrema derecha sigue subiendo y está más fuerte que nunca”, explicó. A su juicio, el relevo no responde a una reacción impulsiva, sino a una estrategia del Partido Laborista para intentar recuperar terreno frente a un escenario político cada vez más complicado.
Aymerich destacó además una diferencia fundamental respecto a la política española: la capacidad de los propios partidos para sustituir a sus líderes cuando consideran que han dejado de ser la mejor opción electoral. “Los miembros del partido tienen mucha más capacidad de maniobra que en España”, señaló. En este sentido, considera que el proceso abierto tras la dimisión de Starmer demuestra la fortaleza de unos mecanismos internos que permiten ordenar la sucesión sin grandes traumas institucionales.
El periodista descartó que el problema del primer ministro estuviera relacionado con casos de corrupción y lo atribuyó principalmente a sus limitaciones como líder político. “No es un político de colmillo, no es un político de raza”, resumió. La apuesta laborista pasa ahora por Andy Burnham, alcalde del Gran Manchester, un dirigente con mayor capacidad de comunicación y al que muchos ven como la mejor alternativa para frenar el crecimiento de Nigel Farage y de la derecha populista.
Sin embargo, la crisis del laborismo no puede entenderse sin el contexto más amplio que atraviesa el Reino Unido desde hace años. Según Aymerich, muchos de los problemas que impulsaron el voto favorable al Brexit siguen sin resolverse. “La inmigración, la vivienda, la sanidad o la educación continúan siendo grandes preocupaciones”, recordó. A ello se suma el impacto de las redes sociales y la creciente polarización del debate público, especialmente en cuestiones relacionadas con la inmigración y la identidad nacional.
Diez años después del referéndum, el balance económico tampoco invita al optimismo. Piergiorgio Sandri, redactor de Economía de La Vanguardia, fue especialmente contundente al valorar el resultado de la salida de la Unión Europea. “El Brexit ha sido un fracaso casi absoluto en términos económicos”, afirmó. A su juicio, ninguna de las grandes promesas realizadas durante la campaña se ha cumplido. “Prometieron un país más rico, recuperar el control de las fronteras y recuperar la soberanía comercial, y no ha sucedido ninguna de las tres cosas”, aseguró.
Sandri recordó que diversos estudios estiman que la economía británica sería hoy hasta un 8% más grande si hubiera permanecido en la Unión Europea. Además, lejos de reducirse, la inmigración neta ha aumentado y las empresas británicas se enfrentan ahora a mayores costes administrativos y regulatorios para operar con Europa. “Han recuperado soberanía, pero se han encontrado con un entramado burocrático que antes no tenían”, resumió.
Pese a ello, el periodista considera que un eventual regreso a la Unión Europea resulta poco probable a corto plazo. Las dificultades jurídicas, la necesidad de un nuevo referéndum y unas negociaciones previsiblemente largas y complejas convierten esa opción en un escenario remoto. Mientras tanto, el Reino Unido sigue lidiando con una economía menos dinámica, problemas de productividad, escasez de mano de obra y un creciente malestar social. Diez años después del Brexit y tras la caída de un nuevo primer ministro, el país continúa buscando respuestas a los mismos desafíos que marcaron aquella histórica votación de 2016.
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