La falsa promesa de recuperar el control de las fronteras británicas
Desde la salida definitiva del mercado único en 2021, alrededor de 5,6 millones de personas han entrada en Reino Unido
La Razón, , 22-06-2026Recuperar el control de las fronteras fue el gran mantra de la campaña euroescéptica. Pero, diez años después, el balance ofrece una paradoja difícil de ignorar. El Brexit cerró una puerta y abrió otra más grande. La libre circulación de personas con la UE desapareció, pero ha sido sustituida por
un sistema de visados que favorece la llegada de trabajadores, estudiantes y familiares procedentes de fuera del bloque comunitario. El resultado es que Reino Unido tiene hoy muchos menos inmigrantes europeos, pero no menos inmigración. De hecho, durante varios momentos en esta última década ha registrado las cifras más elevadas de su historia.
Pocas cuestiones influyeron tanto en
el resultado del referéndum
de 2016 como la llegada de extranjeros. En aquel momento, la migración neta – la diferencia entre los que llegan y salen – se situaba en 321.000 personas al año y la mayoría de los recién llegados procedían de países comunitarios. El objetivo declarado del Partido Conservador, entonces en el poder, era reducir esa cifra a las “decenas de miles”.
Lo que ocurrió después fue muy distinto. Tras
el Brexit
, la
inmigración neta no cayó, sino que se disparó. Alcanzó un récord de 944.000 personas en el año hasta junio de 2023
, una cifra sin precedentes. Solo después comenzó a retroceder, hasta situarse en 171.000 el año pasado, tras el endurecimiento de los requisitos para obtener visados de trabajo y las restricciones impuestas a los familiares dependientes.
Sin embargo, medir el impacto del Brexit únicamente a través de la migración neta puede resultar engañoso. Lo verdaderamente relevante no es tanto cuántas personas llegaron, sino quiénes llegaron.
Desde la salida definitiva y a efectos prácticos del mercado único en 2021, alrededor de
5,6 millones de personas han entrado en Reino Unido. Casi nueve de cada diez procedían de fuera de la UE.
Los indios constituyen el grupo más numeroso, seguidos por nigerianos, chinos y pakistaníes, según la Oficina Nacional de Estadística. Mientras tanto, la llegada de ciudadanos comunitarios se redujo drásticamente.
La sustitución ha sido especialmente visible en el mercado laboral.
Durante dos décadas, sectores como la hostelería, agricultura, construcción o logística dependieron de trabajadores procedentes de Europa del Este y del sur de Europa. Tras el Brexit, muchas de esas vacantes comenzaron a cubrirse con mano de obra llegada desde
Asia y África. Los datos de la Agencia Tributaria y Aduanera del Reino Unido muestran que decenas de miles de europeos empleados en hoteles, restaurantes y servicios fueron reemplazados por trabajadores extracomunitarios. Algo similar ocurrió en el Sistema Nacional de Saludo Pública, cuya campaña masiva de contratación internacional se ha apoyado casi exclusivamente en profesionales procedentes de fuera de la UE.
No vale
No
LA RAZON
La pregunta es si esta transformación era inevitable o si el Brexit alteró realmente el volumen de inmigración. Jonathan Portes, investigador de Uk in a Changing Europe, y John Springford, del Centre for European Reform, elaboraron un estudio que compara la evolución británica con la de países europeos similares y sus conclusiones desmontan algunas de las ideas más extendidas en el debate político.
Los investigadores compararon el Reino Unido real con un “Reino Unido hipotético” que hubiera permanecido en la UE. Descubrieron que
el Brexit sí tuvo un efecto muy importante sobre la inmigración europea: hay unos 785.000 trabajadores comunitarios menos de los que habría habido sin la salida de la UE. Sin embargo, esa pérdida fue más que compensada por la llegada de unos 992.000 trabajadores procedentes de fuera de Europa. El resultado final es que la fuerza laboral extranjera apenas cambió en términos agregados.
“El Brexit cambió drásticamente la procedencia de los inmigrantes, pero no modificó de manera significativa el equilibrio entre demanda de mano de obra, presiones demográficas y restricciones políticas”, concluyen Portes y Springford.
La explicación es sencilla. Aunque
el Gobierno recuperó el control formal sobre quién puede entrar en el país, la economía siguió necesitando trabajadores. El envejecimiento de la población, las dificultades de contratación en sectores esenciales y la expansión de universidades, hospitales y residencias continuaron generando demanda de mano de obra extranjera.
Los
defensores del Brexit
sostenían que el nuevo sistema permitiría seleccionar a los inmigrantes en función de sus capacidades y atraer a los profesionales más cualificados del mundo. Parte de esa estrategia sí se materializó. Según el Oxford Migration Observatory, los trabajadores extracomunitarios que llegan mediante visados laborales presentan una tasa de empleo del 89%, prácticamente idéntica a la de los europeos antes del Brexit.
Sin embargo, la inmigración posterior a 2021 no ha estado compuesta únicamente por profesionales altamente cualificados. El fuerte incremento de estudiantes internacionales, familiares dependientes y programas humanitarios —incluidos los diseñados para ciudadanos de Hong Kong y refugiados ucranianos— contribuyó de forma decisiva al aumento de las cifras.
Alarmados por los niveles récord de inmigración, los gobiernos conservadores elevaron los umbrales salariales para los visados de trabajo, limitaron la llegada de familiares y endurecieron los requisitos de acceso. El Gobierno laborista de Keir Starmer ha mantenido e incluso reforzado buena parte de esas medidas. El desplome de los visados concedidos refleja el cambio de rumbo: de 541.100 permisos de trabajo, incluidos dependientes, en 2023 se pasó a 186.000 en 2025.
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