El ajustado triunfo del ultra De la Espriella pone a prueba la democracia colombiana
El presidente electo modera su discurso tras la victoria electoral y llama a la unidad en un país dividido entre el cambio y el petrismo
Diario Vasco, , 22-06-2026Colombia asistió el pasado domingo a las elecciones presidenciales más reñidas de las últimas tres décadas y las de mayor participación de su historia, con 41,4 millones de ciudadanos habilitados para votar. El ultraderechista Abelardo de la Espriella se impuso al izquierdista Iván Cepeda por un margen inferior a un punto (49,66% frente al 48,70%) con tan solo 250.000 papeletas de diferencia. El controvertido abogado, de 47 años y líder del movimiento Defensores de la Patria, asumirá la presidencia el próximo 7 de agosto en sustitución del izquierdista Gustavo Petro. Aunque ha logrado el mayor apoyo popular de la historia, la poca distancia en el resultado se traducirá en un Senado dividido en dos bloques de ideologías antagónicas pero con peso prácticamente igual. Un escenario político extremadamente inestable y complejo de navegar.
De la Espriella, autodenominado ‘el Tigre’, llegará a la Casa de Nariño con un respaldo ciudadano sin precedentes tras una jornada electoral que transcurrió sin incidentes relevantes. La ausencia de un partido propio obligará al vencedor a apoyarse en otras formaciones como el Centro Democrático, Cambio Radical y otros sectores conservadores, mientras que Pacto Histórico pasará a la oposición bajo el liderazgo de Cepeda. La paridad entre las dos fuerzas dificultará la aplicación del «giro de 180 grados» que prometía el ultra.
En su primer discurso como vencedor, De la Espriella optó por un mensaje más calmado, modificó su característico tono combativo –su campaña estuvo marcada por ideas como «lo duro que muerde el Tigre» para defender su estrategia de ‘mano dura’ contra el crimen organizado– y transformó su ferocidad en un mensaje más conciliador, al menos respecto a los votantes de la oposición, a quienes llamó a la unidad nacional.
Desde Barranquilla defendió que gobernará para todos los colombianos, incluidos también quienes respaldaron a su adversario. «En la democracia no existen enemigos irreconciliables, sino personas que piensan diferente», sostuvo. Además, prometió a los más de 12 millones de votantes izquierdistas «proteger sus derechos y libertades». «Jamás tendrán que temer por pensar distinto. Mi propósito será ganarme su confianza con resultados, no con promesas», señaló, y definió su futura administración como «democrática y garante de la institucionalidad», al tiempo que auguraba el inicio de una nueva etapa para Colombia.
Por su parte, Cepeda reconoció los resultados del preconteo, aunque subrayó que carecen de carácter vinculante y anunció la impugnación de 33.000 mesas electorales en todo el territorio. Y aunque, posteriormente, llamó a «la calma» tras las protestas registradas contra el triunfo de la ultraderecha, evitó comparecer públicamente y dejó el protagonismo en manos del presidente saliente.
En este sentido, Petro rechazó la derrota de su candidato, y denunció la falta de transparencia y supuestas irregularidades en el escrutinio. «Esto es un delito contra el voto», afirmó en alusión a un posible fraude electoral. A través de un extenso mensaje en redes sociales sostuvo que hubo evidencias de que se trastocaron fraudulentamente las actas y recordó que, antes de la primera vuelta, había solicitado una auditoría técnica del software utilizado. Asimismo, citó una sentencia de 2018 que advertía sobre vulnerabilidades del sistema electoral empleado frente a acciones internas y externas.
En contraste, el futuro presidente defendió haber sido elegido «bajo el mismo sistema» que hace cuatro años llevó a Pacto Histórico a liderar el país. «Absténganse de desatar un incendio. Respeten la voluntad del pueblo colombiano», espetó al mandatario saliente y al aspirante derrotado, a quien prometió todas las garantías para ejercer la oposición desde su escaño en el Senado, «siempre y cuando sea dentro del pacto constitucional». No obstante, endureció el tono al advertirle de que no alentara protestas. «Ni se le ocurra estimular la violencia, absténgase de sembrar el terror, no se equivoque, doctor Cepeda», amenazó.
La jornada se desarrolló en un clima de tranquilidad poco habitual en un país golpeado por la inseguridad y las organizaciones criminales. Incluso la campaña electoral estuvo marcada por episodios de violencia política, entre ellos el asesinato de uno de los precandidatos presidenciales.
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