Si consigo la regularización, mi vida cambiará por completo. Quiero aportar a esta sociedad que tanto me ha apoyado

Dion Destiny, nigeriano afincado en España, espera conseguir un estatus regular a través del proceso que ya han solicitado más de 900.000 personas

El País, Dion Destiny, 22-06-2026

Mi nombre es Destiny y soy de Nigeria. Me fui de mi país hace siete años en busca de una vida mejor y más segura. El viaje no fue fácil debido a las numerosas dificultades e imprevistos que me encontré y al tipo de personas con las que me crucé por el camino. Sin embargo, aprendí mucho en esos meses y puedo decir que ha sido una lección de vida. Si consigo acceder a una residencia a través del proceso de regularización extraordinaria España, mi vida cambiará por completo. Podría trabajar, ser independiente y construirme un futuro estable.

Llegar a España en 2023 fue muy difícil y es algo que nunca podré olvidar. El viaje estuvo lleno de experiencias que formarán siempre parte de mi vida, pero también de momentos de tristeza e incertidumbre. Pasé cuatro años en Marruecos, donde conocí tanto a personas amables que se convirtieron en familia como a otras que me enseñaron lecciones a través de experiencias desagradables.

Un proceso de regularización es mucho más complicado de lo que parece
Salí de Nigeria a principios de 2019 y viajé a Níger, y luego a Argelia. Fue en Argelia donde realmente tomé conciencia de lo que significaba ser un hombre negro. Siempre había sabido que era negro, pero nunca había experimentado un trato diferente o directamente que me excluyeran por mi color de piel. En Argelia ocurrió y sufrí racismo cuando algunas personas nos lanzaban piedras y otras solo mostraban amabilidad si eras musulmán. Sin embargo, a pesar de estas experiencias, también conocí a algunas personas argelinas que veían a las personas más allá de su color.

Desde Argelia caminamos hacia Marruecos. Cuando creíamos que habíamos cruzado la frontera, nos interceptó la patrulla fronteriza argelina. Tuvimos que correr y escondernos en las montañas con un frío glacial, con muy poca ropa. Permanecimos en silencio durante horas, con miedo a que nos capturaran. Tras unas cuatro o seis horas, cuando todo se calmó, nos reagrupamos y continuamos nuestro viaje.

A medida que nos acercábamos a Marruecos, nos interceptaron de nuevo, esta vez la policía fronteriza marroquí. Corrimos y nos separamos otra vez, pero muchos de nosotros fuimos capturados. Al cabo de un tiempo, nos liberaron, pero no sin antes quitarnos el dinero y las pertenencias personales. Más tarde, nos reagrupamos y pudimos hablar sobre lo que había ocurrido. A algunos hombres nos golpearon con palos y cinturones, pero fueron las mujeres quienes sufrieron los peores abusos. Dos mujeres fueron violadas: una delante de su marido mientras estaba embarazada y otra durante su menstruación.

Fue en Argelia donde realmente tomé conciencia de lo que significaba ser un hombre negro
Finalmente, entramos en Marruecos, donde comenzó un nuevo capítulo de mi vida. Viví allí cuatro años como extranjero, huyendo y escondiéndome constantemente, como un fugitivo. Pasé más de un año y seis meses en el bosque de Nador. Durante ese tiempo, hice amigos que se convirtieron en mi familia, pero también sufrí el racismo.

Mi primer mes en España fue de mucha ilusión, comparado con los años anteriores. Tras llegar en patera a Fuerteventura, nos recibió la Cruz Roja, que nos dio mantas, té caliente, café, ropa y zapatos. Al día siguiente, nos llevaron a un centro de ayuda humanitaria gestionado por la policía, donde nos quedamos unos días. Después de eso, nos trasladaron a un centro de acogida durante dos semanas, y luego nos trasladaron a Tenerife. Allí conocí a algunas de las personas más amables que he conocido nunca: siempre sonrientes, atentas y solidarias. Al cabo de aproximadamente un mes y medio, nos trasladaron a Madrid, a un pequeño pueblo llamado Miraflores de la Sierra.

A algunos hombres nos golpearon con palos y cinturones, pero fueron las mujeres quienes sufrieron los peores abusos
Aquí, en España, también he sufrido racismo en estos tres años. No siempre ha sido directo, sino a veces ha sido sutil y cotidiano. Que te eviten en público, que te vigilen de cerca en las tiendas, que te siga el personal de seguridad, que te pare la policía con frecuencia o que te nieguen el acceso a ciertos lugares. A veces, la gente cruza la calle para evitarte o se agarra con más fuerza a sus pertenencias. Otros se burlan de tu cultura, religión o creencias. Estas son, lamentablemente, realidades a las que nos hemos enfrentado muchas personas migrantes que llegamos a España.

Actualmente me encuentro en situación administrativa irregular porque aún no he podido formalizar mi estatus en España. Un proceso de regularización es mucho más complicado de lo que parece. Se requiere, entre otros documentos, un certificado de antecedentes penales de Nigeria. Pero las autoridades solo vienen a España una vez al año a legalizar ese documento, así que he tenido que esperar meses desde que lo solicité para otro trámite.

Mi primer mes en España fue de mucha ilusión, comparado con los años anteriores
Si consigo regularizar mi situación, me gustaría visitar mi país de origen después de tantos años fuera. Querría continuar mi formación y, si es posible, viajar y conocer diferentes culturas y personas de todo el mundo.

A lo largo de estos años, mucha gente me ha apoyado, sobre todo en España. Cuando me denegaron la solicitud de asilo y tuve que dejar mi alojamiento, me ayudaron a contactar con el centro social Pueblos Unidos de la ONG Entreculturas y Carmen, una de sus voluntarias que ha sido un gran apoyo para mí.

La ONG, las personas voluntarias, mis tutores e incluso mis compañeros de piso me han ayudado con el alojamiento, la comida, la ropa, los cursos de formación y el apoyo emocional. Estoy profundamente agradecido a todos ellos y espero poder devolverles el favor algún día.

Creo en una sociedad con menos sufrimiento y más justicia, donde las personas sean vistas y valoradas por lo que son, y no juzgadas por su origen o apariencia
Ahora mismo estoy estudiando y acabo de terminar un curso medio que se centra en atender a personas en situaciones de dependencia. Mi objetivo es continuar con un curso de nivel superior en Integración Social y, si es posible, cursar una carrera universitaria en psicología. Quiero conseguirlo porque creo en una sociedad donde haya menos sufrimiento y más justicia, una sociedad donde las personas sean vistas y valoradas por lo que son, y no juzgadas por su origen o apariencia.

Ojalá consiga mi documentación a través de la regularización extraordinaria, porque quiero formar parte de una sociedad que apoye y anime a los demás. Creo firmemente que cuando nos unimos y nos apoyamos mutuamente, podemos crear un mundo mejor y más justo para todas las personas.

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