Inmigración liberal
Si los ideales de reducir apreciablemente el Estado y liberalizar apreciablemente la inmigración no se pueden concretar, ¿por qué no buscar un punto intermedio?
La Razón, , 20-06-2026Tras los llamamientos del Papa León XIV en favor de los inmigrantes, recordé a los padres fundadores de los Estados Unidos, que insistían en el derecho a vivir en cualquier parte. En la práctica, sin embargo, las restricciones a la inmigración en EE UU empezaron temprano, en 1882, con la siniestra Chinese Exclusion Act, muestra institucional pionera de xenofobia. Aunque ha habido períodos de más o menos apertura en el último siglo, la tendencia ha sido a limitar la libertad de inmigración, y fue transversal, protagonizada por los dos partidos –el fortalecimiento de las barreras fronterizas con México empezó bajo la presidencia de Clinton–.
Esta involución antiliberal, que afectó a muchos otros países en todo el mundo, y que claramente choca con la libertad y los derechos humanos, ¿a qué se debió?
Una célebre opinión de una autoridad en economía y en liberalismo fue la del premio Nobel Milton Friedman, hijo de inmigrantes judíos del Este de Europa, que aseguró: «Es imposible tener a la vez libertad de inmigración y Estado de bienestar».
Esta teoría añade una visión racional a las antiguas nociones contrarias a la libertad de inmigración, basadas en prejuicios raciales o económicos, como el rechazo a la competencia o el clásico «nos quitan el empleo».
Por otro lado, encaja con lo que sabemos del Estado moderno, desde su tendencia a polarizar y dividir (pensemos en el conflicto que la Seguridad Social desata entre pensionistas y trabajadores), hasta su incentivo al desequilibrio fiscal mediante la redistribución.
Christopher Freiman recordó en Econlib la llamada keyhole solution planteada por el propio Friedman y otros liberales para intentar armonizar la libertad de inmigración con el Estado de bienestar. Consiste en permitir la inmigración laboral, pero sin acceso inmediato a todos los servicios públicos, o solo con visados ligados al empleo, o con seguro médico privado, etc.
Esto parece moralmente objetable: la gente debería ser tratada con igualdad. Feiman replica que, en el mundo real, mejora la situación de los inmigrantes, porque les permite lograr lo que teóricamente debería ser su objetivo principal: entrar legalmente al país.
En el fondo, estas nociones liberales pretenden resolver el problema de los extremos desde la óptica liberal. Si los ideales de reducir apreciablemente el Estado y liberalizar apreciablemente la inmigración no se pueden concretar, ¿por qué no buscar un punto intermedio?
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