El obispo de San Sebastián denuncia la «desigual» atención a las personas sintecho en Gipuzkoa

Advierte de que hay un «desequilibrio real» entre municipios y pide «espuestas solidarias y compartidas, sin dejar solos a los que soportan una mayor presión»

Diario Vasco, Claudia Turiel, 15-06-2026

El obispo de San Sebastián, Fernando Prado, ha publicado este lunes una carta pastoral bajo el título ‘Nuestros hermanos migrantes’ en la que se dirige, a lo largo de 13 páginas, a todas las personas que conforman el conjunto de la sociedad guipuzcoana para tratar el tema de la inmigración, «que está muy presente entre nosotros y, desde hace años, nos toca muy de cerca». En este extenso escrito, Prado reflexiona desde una mirada humana sobre el acto de migrar, da gracias por «la presencia de nuestros queridos hermanos migrantes en la comunidad cristiana de Gipuzkoa» y subraya que «la persona que migra no ha de ser considerada nunca una amenaza». Esta carta pastoral también pone el foco en «las preocupaciones reales que existen en torno a esta realidad» citando como ejemplos la presión sobre algunos servicios, las dificultades de acceso a la vivienda, problemas de convivencia en determinados entornos o la inseguridad; así como en la necesidad de «gestionar consecuencias».

En esta misma línea, Prado subraya que «las instituciones han de buscar respuestas creativas a la altura del desafío» y pide «mayor coordinación», pues «la presencia de estos jóvenes en situación de calle o de extrema vulnerabilidad se distribuye de manera muy desigual» en Gipuzkoa. El «desequilibrio real» al que se refiere el obispo de San Sebastián «exige respuestas compartidas, proporcionadas y solidarias, sin dejar solas a las comunidades que soportan una mayor presión» como la capital u otras localidades más grandes donde encuentran «más posibilidades de buscarse la vida».

El contexto de esta carta pastoral es de especial relevancia. El plazo previsto por el Gobierno para la regularización administrativa extraordinaria de personas migrantes finaliza este próximo 30 de junio; el Pacto Europeo sobre Migración y Asilo se puso en marcha este pasado viernes y; en su visita a España, el papa Léon XIV centró gran parte de sus discursos en dignificar a las personas inmigrantes. Con todo ello en mente, Fernando Prado comparte esta reflexión sobre la inmigración, cuestión a la que hay que mirar «con verdad, caridad y responsabilidad». El obispo de San Sebastián también espera «iluminar» a aquellos guipuzcoanos que «aun no compartiendo nuestra fe, reconocen la dignidad de toda persona y desean una convivencia fundada en la justicia, el respeto y la humanidad».

Prado comienza dirigiéndose a las personas migrantes, con quien «he tenido mucho contacto» y asegura que «doy gracias a Dios por vuestra presencia en nuestra Iglesia y nuestra tierra», a la que se refiere como «un don, una llamada y una bendición». Así, ahonda en la «movilidad humana», pues la migración siempre ha existido. De hecho, apunta Prado, «Abrahán fue un hombre que salió de su tierra en busca de un mejor lugar: la tierra prometida de Dios» y La Virgen María también «supo lo que significa salir, buscar refugio, proteger la vida amenazada y guardar en el corazón preguntas que no siempre tienen respuesta». El obispo de San Sebastián pide tener memoria pues «quien no sabe que también sus mayores buscaron pan, trabajo, paz o futuro en otra tierra, no puede mirar con superioridad o volver la espalda a quienes hoy llaman a su puerta».

El mensaje de Prado también insiste en que las personas migrantes no son enemigas: «No difundamos rumores. No compartamos mensajes que siembran miedo u odio. No generalicemos a partir de casos concretos. No reduzcamos a nadie a una etiqueta. No alimentemos conversaciones que humillan». También se dirige a los jóvenes: «No os dejéis arrastrar por la cultura del desprecio ni por discursos que convierten al otro en amenaza permanente. Sed generación de encuentro. Sed valientes para construir la amistad social. No os conforméis con caricaturas, etiquetas, palabras o adjetivos que desprecian, rumores o mensajes de resentimiento. La fe cristiana os llama a una fraternidad audaz, lúcida y concreta».

En relación al miedo, el obispo de San Sebastián advierte que este «nace de la distancia, que lo desconocido se vuelve amenaza cuando no lo miramos de cerca; y que, al acercarnos de verdad al otro, descubrimos que aquel a quien temíamos era, en realidad, nuestro hermano». El obispo de Donostia repite en varias ocasiones algunas de las reflexiones compartidas por el papa León XIV en su visita a España. Así, Prado secunda que «el modo en el cual una sociedad trata a los migrantes muestra si su idea de justicia está guiada por el miedo o por la fraternidad», «la dignidad humana no tiene pasaporte ni pierde valor al cruzar una frontera» o que «más allá del lugar de nuestra proveniencia, el amor de Dios no conoce fronteras y nos congrega a todos en la unidad».

Continúa en su escrito que «una sociedad como la nuestra no debería tolerar que miles de personas vivan en una especie de limbo administrativo, incierto, lento y tortuoso», insiste Prado en relación a la integración. «Abrir caminos de regularización justa para muchas personas que ya están entre nosotros es una medida de responsabilidad ética, social y política». Asimismo, sin embargo, entiende la integración como «un proceso de enriquecimiento mutuo» y una «alianza de reciprocidad».

«Del mismo modo que la sociedad de acogida tiene el deber moral de proteger y promover al que llega, quien llega a una nueva tierra (…) ha de asumir el deber de respetar las leyes y la convivencia del pueblo que lo recibe, valorar el patrimonio humano y cultural del lugar y recorrer con paciencia su camino de integración». Prado agradece el «trabajo silencioso que tantas personas migrantes» realizan en Gipuzkoa, desde tareas de cuidado y del hogar hasta los «valores de familiares, resilencia o sentido del sacrificio» que aportan a la sociedad.

Eso sí, «integrarse no consiste solo en ir haciendo real una regularización legal o solo en acceder a un trabajo, vivienda o unos servicios», señala Prado. Así, el obispo de San Sebastián se refiere al idioma, el euskera, como «una puerta abierta al encuentro y a la igualdad de oportunidades» y no como «un requisito exigido al migrante para ser aceptado».

Fernando Prado finaliza su carta invitando «a no dejar que el miedo o el prejuicio marque el rumbo de nuestra vida cristiana ni de nuestra convivencia social» y a «mirar la realidad con verdad, sí, pero también con compasión» pues, tal y como explica, «lo problemático, en el fondo, no son las personas, sino las heridas de exclusión, arraigo y abandono que pesan sobre ellas y que después repercuten en todos». «El deseo de convivencia es legítimo; señalar indiscriminadamente a todo un colectivo no lo es», apunta Prado, que señala que la Iglesia de Gipuzkoa «quiere caminar más» con los migrantes; «aprender de vuestra fe, de vuestra fortaleza y de vuestra capacidad de lucha».

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