«La situación alimentaria de los refugiados saharauis es muy crítica»
Mohamed Sidahmed, secretario general de la Media Luna Roja Saharaui, fue uno de los ponentes en las jornadas organizadas por Mundubat bajo el título ‘El eco de los platos vacíos’. El objetivo, alertar de la grave crisis alimentaria en los campamentos.
Gara, , 15-06-2026«El Programa Mundial de Alimentos de la ONU (PMA) prevé que este mes de junio no podrá cubrir el 15% de las canastas básicas que mensualmente entrega a cada refugiado saharaui en los campamentos de Tinduf; en julio, el déficit alcanzará el 69%, mientras que en agosto, si antes no hay una intervención urgente, será del 90%», alerta en entrevista a GARA Mohamed Sidahmed, secretario general de la Media Luna Roja Saharaui y uno de los ponentes de las jornadas «El eco de los platos vacíos», organizadas recientemente por Mundubat en Bilbo.
Precisamente, el manifiesto «urgente» presentado por la ONG –«Cuando el hambre silencia el futuro»–, incide en que «la malnutrición aguda infantil alcanza ya niveles no registrados desde hace más de una década. Miles de jóvenes saharauis han crecido en las condiciones extremas de la Hamada argelina, dependiendo casi exclusivamente de una ayuda internacional que mengua cada año. Hoy ven amenazado su derecho más básico: el acceso a una alimentación adecuada y saludable».
¿Cómo describiría la situación actual en los campamentos de refugiados saharauis?
La situación es muy crítica. No lo decimos solo nosotros, sino también organismos internacionales como el Programa Mundial de Alimentos de la ONU (PMA), el Alto Comisionado para los Refugiados (ACNUR) y Organizaciones No Gubernamentales. Desde el año 2020 ha habido una progresiva disminución de la ayuda humanitaria destinada a los campamentos de refugiados en Tinduf tanto en lo que se refiere a la seguridad alimentaria como a otros servicios básicos, como son la educación, la salud, las infraestructuras, la salud… Estos recortes en los presupuestos están teniendo impacto muy negativo.
«En menores de 5 años, un grupo poblacional muy vulnerable ya de por sí, la anemia roza el 63,6%. Y la malnutrición severa alcanza el 2,2%. Son cifras realmente alarmantes»
Un estudio realizado el año pasado en los campamentos por la Universidad de Londres en colaboración con el PAM, la OMS, Unicef, Acnur y la Media Luna Roja Saharaui arrojó datos muy preocupantes. En menores de 5 años, un grupo poblacional muy vulnerable ya de por sí, la anemia roza el 63,6%. La malnutrición severa en el mismo grupo alcanza el 2,2%. Son cifras realmente alarmantes, especialmente para esta edad. En las mujeres en edad fértil, de los 15 a los 49 años, la anemia se sitúa en el 68,8%, mientras que la malnutrición severa es del 4,6%.
El año pasado, el Ministerio de Salud saharaui registró una tasa de mortalidad materna –nos referimos a las mujeres que mueren durante el embarazo o hasta 40 días después del parto– de 134 fallecimientos por cada 100.000 nacidos vivos. En cuanto a la mortalidad neonatal –es decir, de uno a 28 días–, se registraron 27 decesos por cada 1.000 nacidos vivos. Todos estos indicadores son alarmantes.
¿Qué factores han propiciado esta situación de crisis?
Hemos identificado cuatro factores desencadenantes de la actual crisis. El primero, el reinicio el 13 de noviembre de 2020 de la guerra tras el ataque de las Fuerzas Armadas marroquíes contra un grupo de civiles que se manifestaban por sus derechos en Guerguerat.
En ese momento, alrededor de 45.000 saharauis vivían en la zona liberada bajo protección del Frente Polisario. Estos ciudadanos vivían de sus propios medios, no recibían ayuda humanitaria. A causa de los ataques diarios de los drones marroquíes contra estos civiles, tuvieron que desplazarse a pie a los campamentos de Tinduf, lo que conllevó un aumento significativo de la población refugiada residente. Hubo que proporcionarles comida, tiendas para alojarse, comida, agua, educación…
El segundo factor fue la pandemia. Todas las fronteras quedaron totalmente cerradas. Imagínate cómo fue vivirla en los campamentos, situados en una zona aislada al sur de Argelia y cuya población vive únicamente de la ayuda internacional.
«En el periodo 2022-2023, una tonelada de alimentos costaba 450 dólares. En 2023-2024, su coste ascendía a 790 dólares»
El tercero es la inflación. Los presupuestos que maneja el PMA, organismo encargado de proporcionar a cada refugiado una canasta básica mensual –consistente en ocho kilos de harina por persona, dos kilos de legumbre, otros dos entre arroz y pasta, un litro de aceite y tres cuartos de azúcar–, ya no pueden cubrir todas las necesidades por el elevado coste de los productos.
Te doy un ejemplo. En el periodo 2022-2023, una tonelada de alimentos costaba 450 dólares. En 2023-2024, su coste ascendía a 790 dólares. Esta subida en los precios de transporte y compra de alimentos ha supuesto otra carga más para las organizaciones encargadas de la ayuda humanitaria.
La cantidad y calidad nutricional de esta canasta no son suficientes, porque muchos nutrientes solo están en productos frescos. Hay otros programas que proporcionan dos kilos mensuales por persona de zanahoria, patata o cebolla.
El cuarto es la congelación de fondos que el Gobierno de Donald Trump destinaba a las organizaciones de Naciones Unidas. El PMA ha visto reducido el presupuesto destinado a los campamentos en más de un 30%, y el Alto Comisionado para los Refugiados, entre un 45 y 52%. Este último se encarga de proporcionar educación, salud, agua e infraestructuras como dispensarios o escuelas.
Todo esto está teniendo un impacto negativo en la vida y salud de los refugiados. Si no se produce una intervención urgente de algún otro donante, el PMA prevé que este mes de junio no podrá cubrir el 15% de las canastas básicas mensuales; en julio, el déficit alcanzará el 69%, mientras que para agosto, si antes no hay una intervención urgente, será del 90%.
El año pasado llegamos a tener un déficit del 30%, que pudimos solventar gracias a la donación de dos millones de dólares de Sudáfrica y a aportaciones de 500.000 dólares de Alemania e Italia.
Las organizaciones que operan en Tinduf han hecho un llamamiento a la comunidad internacional para que intervenga y busque una salida a la grave crisis alimentaria.
¿Cómo se complementa la canasta básica que da el PMA?
Actualmente, en los campamentos operan el PAM, Acnur, la OMS, Unicef, la Agencia Europea de Cooperación, la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID) y otras Organizaciones No Gubernamentales, como por ejemplo Mundubat, que trabajan para mejorar la alimentación de ciertos grupos vulnerables –niños en edad escolar, mujeres embarazadas y lactantes–.
«Cualquier acuerdo o decisión tiene que ser sometido a consulta de los saharauis, que son quienes tienen el derecho a transferir o no su soberanía»
Mundubat lleva años trabajando en escuelas de Primaria y Secundaria y en guarderías, proporcionando a los menores una toma diaria de productos frescos –huevo, queso, pan, zumos, frutas–. Es un soporte adicional a la alimentación que reciben en casa.
Otro programa financiado por el PMA está destinado a mujeres embarazadas y lactantes. Desde que dan positivo en el test de embarazo empiezan a recibir una ayuda monetaria de alrededor de 20 euros mensuales para la compra de productos frescos. Esto les ayuda a hacer frente a la deficiencia alimentaria y de nutrientes básicos como el hierro o las vitaminas B12 y D.
¿Qué otros desafíos enfrenta la Media Luna Roja Saharaui?
El desafío más grande es la alimentación, porque a día de hoy no podemos garantizarla. La vulnerabilidad de las ayudas internacionales, muchas veces sujetas a proyectos de carácter puntual, tiene afecciones en todos los ámbitos de la vida.
En el plano educativo, por ejemplo, hay escuelas que necesitan ser rehabilitadas o necesitan la compra de materiales. La mayoría de las construcciones están hechas de adobe. Con el tiempo y las condiciones climáticas del desierto se han ido desgastando, por lo que su mantenimiento requiere una rehabilitación anual. Unicef ha dicho que debido a los recortes no tiene medios para ello.
El año pasado, esta organización de la ONU encargada de la protección de la infancia no pudo cubrir todas las vacunas. El jefe de Cooperación de Argelia facilitó las vacunas que faltaban.
Otro ejemplo es que en los campamentos, 28 camiones cisterna se encargan de llevar el agua a aquellos lugares a los que no llega la red, y Acnur ha dicho que solo puede mantener 10 cisternas, por lo que cualquier avería fuera de esas diez obliga a su paralización.
Resalta el impacto del reinicio de la guerra con el desplazamiento de 45.000 saharauis a los campamentos. ¿Qué otras afecciones está teniendo? ¿Cómo valora el cambio de postura del presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez?
La población saharaui está muy pegada a su causa. Su refugio no ha sido causado por desastres ambientales o por una hambruna. Son refugiados políticos. Desde el día en que se firmó el acuerdo tripartito entre España, Marruecos y Mauritania mantienen su determinación de continuar luchando hasta poder ejercer el derecho de autodeterminación.
Los saharauis son conscientes de las maniobras políticas de las grandes potencias por garantizar sus intereses geopolíticos en la zona. Saben muy bien que la postura que ha tomado el presidente del Gobierno español es a título personal, porque no ha tenido ningún apoyo ni del Congreso de los Diputados ni del Senado o del mismo Gobierno.
Por otra parte, en la última resolución del Consejo de Seguridad de la ONU se mezcla todo: la propuesta de autonomía, el derecho de autodeterminación… Hay un punto que es básico y fundamental, y que pasa por el derecho a decidir.
Cualquier acuerdo o decisión tiene que ser sometido a consulta de los saharauis, que son quienes tienen el derecho a transferir o no su soberanía. Nadie puede otorgar la soberanía del territorio saharaui, excepto los saharauis mismos.
Como secretario general de la Media Luna Roja saharaui, ¿qué «feedback» recibe en las reuniones con agentes políticos y sociales? ¿Ha observado algún tipo de cambio de postura a lo largo de estos años?
Llevamos casi años de 50 ocupación y de refugio. Es un tema crónico. Hablamos ya de cinco generaciones; de cinco generaciones que mantienen el apego a la causa con la misma fuerza y ahínco que al principio.
Mientras las generaciones más viejas abogan por la paciencia, recurrir al derecho internacional y a la solidaridad internacional, la juventud pide liberar el territorio.
Por otra parte, las organizaciones de la ONU y ONG sobre el terreno coinciden en que esta situación no se puede dejar así. Los donantes donan en función de sus propios intereses geopolíticos. Si ven que la causa saharaui representa algo muy justo, donan con relativa generosidad. Pero si consideran que el problema político saharaui puede suponer una amenaza para los intereses de sus aliados políticos, pueden tomar otro rumbo. Eso es lo que hay hoy en día.
(Puede haber caducado)