Extranjeros, estadísticas y demagogias

Hay que tratar a todos, inmigrantes y españoles, como ciudadanos iguales ante la Ley. No queda otra

La Razón, , 14-06-2026

En Belfast, Irlanda del Norte, grupos de encapuchados quemaban domicilios de inmigrantes, africanos, principalmente, tras un ataque salvaje a cuchillo cometido por un sudanés sobre un vecino local. La agresión, filmada y distribuida profusamente por las redes, estremece por su violencia y es el caldo de cultivo perfecto para que cristalice la demagogia contra los extranjeros, más aún, si la sociedad británica ya venía agitada por el caso del joven Henry Nowak, de 18 años, que se desangró literalmente mientras lo mantenían esposado unos agentes de policía que hicieron caso omiso de sus quejas. Para los maderos, se trataba de un racista que había insultado a inmigrante indio, de confesión sij, que llevaba un cuchillo legalmente, por cuestión religiosa. La realidad, asombrosa, es que el sij había apuñalado al joven por razones que se desconocen y cuando llegó la Policía comenzó a gritar que le había insultado. Siguiendo el protocolo establecido y sin mayores averiguaciones los agentes se echaron sobre la víctima y lo inmovilizaron. Vaya por delante, que al sij le ha caído la cadena perpetua, asunto no menor que, sin embargo, no ha hecho mella en algunos vecinos de Southampton, donde ocurrió el incidente, que se dedicaron a destrozar mobiliario urbano, autobuses y coches patrulla porque los antidisturbios no les dejaron llegar hasta las casas de los extranjeros. En España, donde los problemas con la inmigración están a años luz de los Francia o Reino Unido, estas noticias circulan como la pólvora en las redes de la ultraderecha, y no sólo, con intención de fomentar supuestos paralelismos en la opinión pública española. Ya circulan las estadísticas de delitos cometidos por extranjeros – el 36 por ciento de los 314 asesinatos cometidos en nuestro país en 2024 tenía autor foráneo, según el INE, para un porcentaje de población extranjera del 16 por ciento – que siembran la alarma, pero que no consiguen desdibujar una realidad tozuda: que España sigue siendo uno de los países del mundo con mayores índices de seguridad ciudadana, gracias a unos policías y guardias civiles estupendos, entregados y muy profesionales – lo que no les ahorra el maltrato salarial y laboral del Gobierno de Sánchez – pero, también, a unos buenos niveles de integración de los inmigrantes, esencialmente los que provienes de Iberoamérica. Dicho esto, conviene que nuestras autoridades se pongan las pilas porque basta una chispa, un caso de esos que sacuden a la opinión pública para que todo salte. Por ejemplo, si el anciano de 88 años, vecino de Murcia capital, asaltado violentamente por un marroquí en situación irregular, hubiera resultado muerto, en lugar de herido. Porque, y ahí está la clave del asunto, el agresor, conocido drogadicto, había sido detenido o interpelado en 45 ocasiones y seguía en la calle, a lo suyo, que es robar para drogarse. Hay que insistir todas las veces que haga falta. Frente al buenismo y el oportunismo ideológico, y frente a quienes fomentan el miedo a lo que nos es extraño, la única solución es la aplicación estricta de las leyes, de todas las leyes, desde las ordenanzas municipales al código penal, con independencia de la nacionalidad, la raza, la religión que se profese y el color de la piel. Todos como ciudadanos iguales ante la Ley. La alternativa… esta semana en Belfast.

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