Karim Bouamrane, el Mamdani francés

De origen marroquí y alcalde de Saint-Ouen-Sur-Seine, una comuna situada a seis kilómetros del Arco de Triunfo, aspira a la presidencia de Francia

Diario Vasco, Gerardo Elorriaga, 14-06-2026

Las cartas a disposición de Karim Bouamrane no eran las mejores. Podemos decir que el futuro de un hijo de inmigrantes marroquíes en los suburbios de París se presenta con cierta amplitud de opciones. En el peor de los casos, la segunda generación puede pensar que Francia no le proporciona futuro, sentirse frustrada y desplazada, quizás radicalizarse o incluso optar por la vía criminal, pero también cabe formarse, obtener un empleo y gozar de las posibilidades de integración que proporciona un país de elevada renta. Su evolución es tan positiva que hasta aspira a hacerse con la dirección de la séptima potencia mundial.

El hombre que quiere dirigir los destinos de Francia nació hace cincuenta y tres años en Clichy La Garenne, en plena ‘banlieu’ y a media hora en automóvil del centro de la capital. La trayectoria de aquel hijo de un modesto obrero de la construcción parece determinada tempranamente por la política y la cibernética. Posiblemente, su conciencia de clase lo impulsó a afiliarse al Partido Comunista en 1995 y diecinueve años después a sumarse a las filas del Socialista, formación en la que ha desarrollado el grueso de su carrera pública. Además, en paralelo, cursó estudios superiores de Derecho y Economía especializándose en el ámbito de la seguridad y asumiendo cargos ejecutivos en varias empresas tecnológicas.

No se trata de un recién llegado a la Administración, sino de un individuo bregado en el espacio público. Accedió al cargo concejal en 1995 y veinticinco años después asumió la alcaldía de Saint – Ouen – Sur – Seine, una comuna situada a sólo seis kilómetros del Arco de Triunfo, y la vicepresidencia del consejo regional de Seine – Saint Denis. En 2020 renovó el cargo para pilotar la reconversión de una antigua población industrial deprimida socialmente tras el cierre de sus factorías.

El éxito en esa transición urbanística ha sido la clave de su proyección personal. Una acertada estrategia que supo vincular la renovación de su municipio con las necesidades logísticas de los Juegos Olímpicos de 2024 se antoja esencial a ese respecdto. Bouamrane obtuvo para su entorno buena parte del área residencial de los atletas y, posteriormente, supo atraer hacia sus instalaciones a universidades, empresas como Tesla o la escuela deportiva del exjugador de basket Tony Parker.

Una figura tan original no podía menos que interesar a los medios de comunicación y el ‘New York Times’ fue el primero que lo dio a conocer. Hace dos años su imagen atlética y elegante apareció en un reportaje que alababa el cosmopolitismo de este político políglota, culto y fotogénico. Entre otros asuntos, la entrevista reconoció que admiraba a los velocistas estadounidenses que subieron al pódium en las Olimpiadas de México y alzaron el puño demandando el Black Power y, según la periodista, apoyaba sus declaraciones canturreando himnos de Pink Floyd y Depeche Mode.

El apodo del ‘Obama del Sena’, acuñado en esa época, no le hace justicia. Su ideología y vocación social, con especial preocupación por la cuestión del acceso a la vivienda, lo acercan más a Zohran Mamdani, el no menos seductor ‘mayor’ de Nueva York, pero, entonces, carecía de la relevancia actual. En cualquier caso, ya se aventuraba que su ambición lo empujaba hasta el Elíseo.

Las aspiraciones de Bouamrane son osadas, pero no constituyen un caso único. La inmigración marroquí a Francia se remonta a la constitución del Protectorado galo en el reino alauita, hace ya más de un siglo, y hoy se calcula que más de dos millones de ciudadanos poseen esos orígenes. La proyección política de algunos de sus miembros ha sido notable y cuenta incluso con ministros como la controvertida Rachida Dati, que ostentó la cartera de Justicia, y Othman Nasrou, encargado de la de Ciudadanía y Lucha contra la Discriminación.

Pero también hay inconvenientes. La buena imagen del alcalde choca con el descrédito del Partido Socialista, en caída libre desde hace casi una década y falto de un liderazgo fuerte. Los rivales son relevantes. La pugna por hacerse con la candidatura a las presidenciales incluirá, probablemente, a Olivier Faure, su secretario general y favorecido por el apoyo del aparato interno, Raphaël Gluksmann, igualmente cercano a las posiciones socialdemócratas de Bouamrane, y Denis Vallaud, muy crítico con la línea oficialista. Su esposa Najat Vallaud – Belkacem, de origen español y magrebí, también fue considerada una clara aspirante a dirigir la formación tras la salida de François Hollande, pero renunció a tal posibilidad.

La lucha por obtener la credencial socialista en las elecciones presidenciales de 2027 se basa en las posibles alianzas entre las corrientes internas. El movimiento ‘Una Francia humana y fuerte’ respalda al experto en tecnoseguridad y aficionado al fútbol y el manga, casado y padre de tres hijos.

Además de conseguir el aval de los suyos, su propuesta pretende cerrar el paso a Jean Luc Mélenchon, convertido en la gran esperanza blanca de la izquierda y que reclama una apuesta global de las fuerzas progresistas en torno a su persona para hacer frente a la ultraderecha. Curiosamente, el líder radical de la Francia Insumisa nació en Tánger y es nieto de Antonio Melenchón, un emigrante procedente de Mula (Murcia). Las raíces de quienes están llamados a dirigir el Hexágono parecen ir más allá de los Pirineos.

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