El espejo

Qué les vamos a contar de los peligros de venir sin trabajo, sin piso, sin papeles, si en sus países no saben ni cuánto tiempo pueden sobrevivir

La Razón, , 13-06-2026

Algún día (seguramente no hace falta que pase mucho tiempo) nos daremos cuenta del sopapo profundo que ha supuesto la visita del Papa a España. A Francisco no le interesaba el primer mundo y, con perspectiva, es absolutamente entendible. Nuestro relativismo, nuestra falta de valores, nuestro Matrix endogámico, le alejó simplemente de este viejo continente estúpido e infantil. Ahora ha llegado este señor, de maneras versallescas con un látigo en la lengua, que nos está cantando las verdades del barquero. Que nos está diciendo que somos tremendamente ridículos en nuestras prioridades, que no entendemos que toda nuestra «prioridad nacional» no es más que una suerte de racismo cobarde, inútil y desesperante. Todos los testimonios de su viaje han sido un tortazo de realidad. Y, a ninguno ha esquivado. En Canarias fue letal para los europeos que miran, que miramos esto con la frialdad de los números, con la amenaza siempre viva de «el efecto llamada», «que vienen a quitarnos las subvenciones» o el trágico mensaje de algunos comunicadores de «lo que hay que hacer es invertir en origen». Pero de qué origen les estamos hablando a esas personas a las que hemos escuchado estos días, por favor. De qué origen le hablamos a una mujer que fue violada en la patera y a la que quitaron a su bebé cuando tenía once meses. De qué origen a otra que, como nos contó el capitán de Salvamento Marítimo, trajo a su hija haciéndola pasar por un chico para que no tuviera problemas en el cayuco. De qué origen le estamos pontificando a gentes que no pueden más, de qué origen. Qué les vamos a aconsejar a aquellos que no pueden ser ni libres, ni felices, ni dichosos. Qué les vamos a contar de los peligros de venir sin trabajo, sin piso, sin papeles, si en sus países no saben ni cuánto tiempo pueden sobrevivir. Les digo: hay preparadas acciones para convencernos de que gente con sangre española no puedan tener nuestro pasaporte con la excusa de que van a votar a Pedro Sánchez. Es todo un delirio xenófobo que el Papa nos ha venido a chafar en la cara como se nos estampa una tarta de nata. Cada vez que nos ponen un espejo, salimos de pena.

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