Integración para evitar un segundo naufragio
El pontífice se reunió con personas migrantes y entidades del tercer sector en San Cristóbal de La Laguna, ciudad «abierta y sin murallas»
Diario Vasco, , 12-06-2026Mbacke, Dennys, Ausou o el pequeño Dylan esconden historias de superación, sueños aún por cumplir y una constante lucha por encontrar oportunidades lejos de sus países de origen. Aunque han llegado a Canarias desde distintos puntos del mundo, comparten unas vivencias que este viernes, en la plaza del Cristo de La Laguna, fueron escuchadas por cerca de 2.000 personas ‘in situ’, pero también en todo el mundo, gracias a la visita del papa León XIV a las islas.
El pontífice, en las palabras que dirigió a los allí presentes, denunció las barbaridades y la tragedia que se viven en las costas de las islas, en las que miles de personas mueren cada año. «Aquellos que se aprovechan de la desesperación, a quienes organizan rutas de muerte, trafican con personas, retienen documentos, explotan trabajadores, amenazar a mujeres, engañan a familias, y convierten el sufrimiento ajeno en negocio, ¡deténganse!», exclamó el santo padre en San Cristóbal de La Laguna, una ciudad «abierta y sin murallas», en un momento que arrancó los aplausos de los allí presentes.
Además, remarcó que las personas migrantes pueden enfrentarse a un «naufragio silencioso» después de emigrar, y ese no es otro que enfrentarse a la soledad en una ciudad nueva «sin lengua, sin vínculos, sin trabajo, sin confianza y expuesto a quienes se aprovechan de la vulnerabilidad». Por eso, ante cientos de personas que saben lo que es la acogida, alentó a la sociedad a que colaborar en la integración de todas las personas migrantes:«Integrar es impedir ese segundo naufragio, es ayudar a que quien llegó lastimado no quede fijado para siempre en su dolor, sino que pueda volver a ponerse en pie, reconocer sus dones y ofrecerlos a la comunidad».
Por todo ello, quiso agradecer a Cáritas diocesana, a la delegación diocesana de Migraciones, a las parroquias «y a tantas realidades eclesiales y civiles que van más allá del primer auxilio y acompañan procesos de protección, promoción e integración».
Esa ayuda la conocen muy bien Mbacke, Khalid, Talía y Darwin. Los cuatro compartieron sus testimonios de superación, y también de integración, con el santo padre.
Tanto Mbacke, de Senegal, como Khalid, de Marruecos, son dos supervivientes de la ruta canaria, la más mortífera del mundo. El chico de origen senegalés agradeció a la sociedad canaria que no haya «mirado hacia otro lado»ante este drama humanitario que se vive en las costas isleñas. «Solo buscamos una oportunidad, y yo la encontré gracias a la paciencia y a personas que me han dicho que yo podía», contó visiblemente emocionado.
Esa ayuda la encontró gracias a la Fundación Canaria El Buen Samaritano. Sus compañeros, desde el público, le apoyaron con intensos aplausos durante su intervención. Asu vez, quiso dar visibilidad a uno de los grandes retos a los que se enfrentan los chicos migrantes que llegan siendo menores y que, cuando cumplen la mayoría de edad, tienen como destino la calle. «Es importante que nos den un lugar, yo lo he encontrado. Por eso quiero devolver todo lo que he recibido, trabajar y ayudar a mi familia, porque detrás de cada migrante hay un sueño», incidió el chico, que no desaprovechó la oportunidad para protagonizar, junto al santo padre, uno de los momentos más curiosos de la mañana. El joven invitó al pontífice a hacer juntos el gesto ‘six – seven’, popular en redes sociales que consiste en mover las manos y que se convirtió en un gesto cotidiano del pontífice durante su estancia en España. Un instante de complicidad que el chico guardará para siempre en su memoria.
También fue especial este viernes para Khalid, marroquí de 24 años que dejó su hogar «para construir un futuro mejor». Contó que intentó llegar a las costas canarias en dos ocasiones. «Cuando regresé la primera vez a mi casa mi padre me dijo que no había dormido en toda la noche porque había soñado que el cayuco había volcado», contó muy emocionado. En la segunda ocasión pudo llegar a Tenerife, donde encontró una segunda familia que le ha podido dar un lugar donde vivir. «Empecé a construir mi futuro con mis propias manos después de estudiar mucho. Hoy me siento feliz y trabajo en un colegio salesiano. Me gusta trabajar con los niños y transmitirles el valor de la solidaridad», remarcó el joven.
Embargada por la emoción de estar viviendo un momento histórico, pero con la firmeza necesaria para transmitir la realidad de miles de personas, Talía Saldarriaga, mujer colombiana de 48 años, contó cómo dejó atrás a su familia en su país «para tener una vida un poco mejor». A pesar de las dificultades, gracias a Cear y a Cáritas encontró un lugar en el que pudieron atenderla. Gracias a ese primer impulso, inició y finalizó distintas formaciones hasta que pudo conseguir un trabajo. Por eso, ahora que ha encontrado cierta estabilidad, quiere ayudar a otras personas que se encuentran en la misma situación en la que ella estuvo un día para que «les pueda servir de puente para construir su nuevo futuro».
Canarias es sinónimo de acogida, pero si hay una isla en l a que ese sentimiento forma parte, aún más, de su ADN esa es El Hierro. En distintos puntos del drama humanitario que vive el archipiélago se ha llegado a convertir el territorio al que más embarcaciones han arribado. Ysu población no ha dejado de dar ejemplo. Por eso, aunque el papa no pudo viajar finalmente hasta allí, su realidad fue transmitida por el cura de La Restinga, Darwin Rivas. El párroco trasladó que durante los siete años que lleva en las islas ha podido experimentar en su propia piel los conceptos con los que el fallecido papa Francisco resumía la acción migratoria: «Acoger, proteger, promover e integrar». Por eso, en este tiempo, tanto él como todo el pueblo herreño, lo ha «dado todo»para tratar de aliviar el drama que persiste en las islas. «Soy testigo de la generosidad con la que nos reciben y vale la pena seguir ayudando», incidió el cura.
Tras aterrizar en el aeropuerto de Tenerife Norte desde Gran Canaria y antes de llegar a la plaza del Cristo de La Laguna para encontrarse con la realidad de la integración de las islas, el pontífice comenzó su visita de apenas seis horas a la isla picuda en un símbolo de la atención humanitaria: el centro de acogida temporal de Las Raíces, que se encuentra a tan solo 15 minutos en coche del casco histórico de la ciudad de San Cristóbal de La Laguna.
Este es uno de los centros a los que se deriva a los adultos que llegan a las costas canarias a bordo de pateras o cayucos. Por ello, el pontífice quiso conocer las historias de algunas de las personas migrantes que allí residen, así como las instalaciones del lugar.
El pontífice recorrió los pasillos de literas de dos de las carpas que se encuentran instaladas en el recinto, donde pudo dar la mano a muchas personas migrantes.
Además, les dirigió unas palabras en francés. «Viendo sus rostros, escuchando sus testimonios, pienso también sus corazones, heridos por tantas dificultades y también consolados por el amor recibido gracias a otros corazones, abiertos, generosos y misericordiosos», arrancó el santo padre.
Quiso hacer referencia al santo Hermano Pedro ya San José de Anchieta, que partieron desde las islas «para anunciar el Evangelio en América, abriendo nuevos horizontes misioneros. Los quiso poner de ejemplo también como personas migrantes que «se dirigieron a lo desconocido llevando como principal equipaje la fe, la esperanza y la caridad».
El pontífice dijo que le había llamado la atención el nombre del centro, Las Raíces, porque al fallecido papa Francisco «le gustaba utilizar la imagen de las raíces para indicar la necesidad de no olvidar los orígenes, de permanecer unidos y de confiar en el señor», según recoge Canarias7.
En estos momentos viven en el centro 700 personas que proceden de Senegal, Malí y Ghana y que, en su mayoría, llegaron a El Hierro. Durante los saludos con las personas migrantes allí presentes, muchos niños y niñas se acercaron al pontífice entusiasmados. Incluso, el santo padre cogió en brazos a una niña de Mali, a la que bendijo.
El papa continuó su recorrido este viernes hacia el puerto de Santa Cruz de Tenerife, donde se encontró con sus feligreses en una misa multitudinaria que dio por concluido su viaje a las islas, la primera visita de un papa al archipiélago.
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