Del supremacismo lealista contra católicos al racismo contra migrantes

Para los lealistas norirlandeses, el odio y la discriminación contra las personas migrantes ha venido a sustituir las actitudes supremacistas contra católicos y nacionalistas, y por eso queman sus calles y atacan a sus vecinos racializados, reclamando privilegios perdidos que no tienen cabida en una democracia basada en derechos humanos.

Gara, Soledad GALIANA, 12-06-2026

Una vez más, el verano norirlandés comienza con disturbios racistas. Los incidentes se han concentrado principalmente en zonas unionistas y lealistas de Belfast, la capital norirlandesa, y se han saldado con la quema de vehículos, autobuses y viviendas.

¿Por qué se habla de racismo? Ya lo apuntaba Claire Hanna, del SDLP: no se han visto protestas similares ante actos de violencia doméstica que se han saldado con la muerte de mujeres a manos de hombres blancos norirlandeses. La extrema derecha, cuya ideología ha sido adoptada ávidamente por los lealistas norirlandeses, solo se enerva ante los crímenes aislados cometidos por personas racializadas. Los crimenes de la mayoría social parecen ser aceptables.

El racismo, para los lealistas norirlandeses, no es más que un intento de reclamar los privilegios que consideran perdidos desde la firma del Acuerdo de Viernes Santo, que pronto cumplirá 30 años. El racismo ha venido a dar una salida a la frustración de una comunidad que considera que no es justo que todos las personas disfruten de los mismos derechos. Eso recuerda aquellos tiempos en que los unionistas apuntaban que los derechos humanos eran solo para los católicos… A ellos nunca les habían faltado, y los habían disfrutado como privilegios.

En los 60 y 70, los protestantes tenían acceso prioritario a la vivienda en el norte de Irlanda, lo que les confería el derecho al voto. Los católicos que vivían hacinados en viviendas que a veces acogían hasta tres generaciones bajo el mismo techo, veían su derecho al voto reducido al de la persona a la que se había asignado la vivienda. Situaciones similares se reproducían en el acceso al empleo, por no hablar del reconocimiento de derechos culturales o lingüísticos, que incluso a día de hoy siguen siendo denegados por unionistas y lealistas a sus vecinos católicos.

Para la comunidad protestante, y más aun para los lealistas norirlandeses, el proceso de paz y los avances en el reconocimiento de los derechos de sus vecinos nacionalistas se ha considerado una derrota política y cultural. Para una ideología basada en el supremacismo protestante, es natural buscar a una nueva víctima propiciatoria, y es ahí precisamente donde entran en juego las personas migrantes.

Muchos citarán el terrible apuñalamiento que se produjo en Belfast como la causa de los disturbios. Sin embargo, los datos apuntan a que es más que nada una excusa para atacar a sus vecinos migrantes. Cuando la tasa de criminalidad, especialmente en delitos de violencia y lesiones, alcanzó su nivel más bajo desde 1998, los delitos e incidentes de odio racista marcaron su nivel más alto desde 2004, cuando comenzó su registro.

PARA QUIEN CONOCE EL NORTE DE IRLANDA, EL MAPA DE LOS DISTURBIOS ES CLARO
Shankill Road, area lealista; Portadown, Dundonald, Newtownabbey, poblaciones mayoritariamente unionistas; Ballymena, la cuna del DUP de Ian Paisley; Kinnaird Avenue, en las inmediaciones del lugar donde tuvo el lugar del ataque de Hadi Alodid contra Stephen Ogilvie, con los bordes de sus aceras pintados con los colores de la bandera británica azul, blanco y rojo, y donde se atacaron las viviendas de migrantes cuyo único delito es no tener el color de piel o el acento adecuado; Newtownards Road, donde algunos aseguran que grupos de jovenes católicos y protestantes colaboraron en el secuestro e incendo de vehículos y contenedores. Para quien conozca la zona de North Strand, en el oeste de Belfast, esta supuesta colaboración resulta increíble más que sorprendente.

Increíble porque el republicanismo, con su visión internacionalista, no admite expresiones xenófobas en sus barrios, y mientras las zonas protestantes ardían, en Falls Road y otras zonas republicanas de Belfast, los activistas comunitarios y políticos salían a la calle para tranquilizar a sus vecinos migrantes y asegurarse de que los disturbios no llegaran a sus calles.

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