El Papa, en el muelle de los cayucos de Arguineguín: “No podemos acostumbrarnos a contar muertos. La dignidad humana no tiene pasaporte”
León XIV hace en Canarias y ante Pedro Sánchez un duro discurso contra la discriminación de migrantes y a favor de la acogida: “Cada vida que llega nos pregunta qué queda de nuestra humanidad”
El País, , 12-06-2026El Papa ha llegado este jueves a Canarias, última etapa de su viaje a España antes de regresar a Roma el viernes, y nada más aterrizar en Las Palmas ha ido al muelle de Arguineguín, un símbolo del drama de la inmigración en las islas. En 2020 llegó a ser conocido como el muelle de la vergüenza, ante el abandono en el que quedaron miles de migrantes tras un insólito número de llegadas de cayucos. Este lugar ha sido símbolo de todo lo que se ha hecho mal desde la política, de la descoordinación entre instituciones y del rechazo de parte de la población. Hasta desembocar en la idea de la prioridad nacional de Vox, que secunda el PP. Y también en la política migratoria cada vez más restrictiva de la UE, pues justo este viernes entra en vigor el nuevo pacto europeo que endurece el acceso al asilo. A todos ellos, León XIV ha lanzado un mensaje claro y rotundo: “No podemos acostumbrarnos a contar muertos. La dignidad humana no tiene pasaporte ni pierde valor al cruzar la frontera”.
“Queridos migrantes: (…) quiero inclinarme ante su dignidad”, ha dicho el Pontífice a un público en el que también había extranjeros, dirigiéndose directamente a ellos, humanizando su figura para ir más allá del estereotipo. “Ustedes son personas con una familia y una casa dejada atrás, con sueños que nadie tiene derecho a despreciar”, ha dicho. “Cada barca que llega no trae solo migrantes; trae consigo una pregunta: ¿qué mundo hemos construido, si tantos hermanos tienen que arriesgar la muerte para buscar vida?”, ha clamado el Papa, el primer pontífice que viaja a las islas Canarias. Al final del acto, ha arrojado una corona de flores al agua, en recuerdo de los fallecidos en el mar. Luego ha rezado ante una cruz azul, confeccionada con tablones de cayucos llegados a Canarias, y la ha bendecido.
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El sexto día de la visita de León XIV, en imágenes
En un discurso duro y emotivo, les ha dicho que “no son números ni expedientes”. Frente al debate público que reduce la cuestión a cifras, León XIV ha querido recordar que “cada vida que llega nos pregunta qué queda de nuestra humanidad”. “Solo entonces comprendemos que esa niña podría ser nuestra hija, esos rostros son parte de nuestra familia, y entonces la conciencia se queda sin excusas”, ha afirmado. El Papa ha tenido una mención especial para El Hierro, isla que también afronta el reto de la inmigración, pero que no ha incluido en el viaje, algo que ha disgustado a sus habitantes.
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El Papa encabeza un minuto de silencio en el muelle de Arguineguín, en Gran Canaria
León XIV hace una ofrende floral en memoria de los migrantes fallecidos en el mar, en el muelle de Arguineguín, Gran Canaria, este jueves.
Foto: Elisabetta Trevisan (Vatican Media/Reuters) | Vídeo: EPV
En el acto estaba Pedro Sánchez, aunque en un primer momento no estaba previsto, pero en vísperas del viaje ya anunció que estaría presente en una cita que sin duda le ofrece oxígeno, pues evidencia la sintonía con el Papa en este tema. A la política, León XIV ha pedido “vías legales y seguras, rescate y asistencia, cooperación real contra los traficantes, protección efectiva a las víctimas, procesos serios de acogida e integración y políticas que permitan a cada persona vivir con dignidad en su propia tierra”.
En realidad, casi todo el discurso del Papa ha gravitado sobre las ideas de hipocresía e indiferencia. En este sentido, ha sido explícito en su advertencia a la UE: “Europa no puede proclamar la dignidad humana y acostumbrarse a que el Mediterráneo y el Atlántico sean cementerios sin lápidas”. Es un mensaje también muy claro para el Gobierno italiano de Giorgia Meloni, que acosa con trabas legales a las ONG de rescate.
En un nivel más profundo de argumentación, como ya ha hecho más veces en este viaje, Robert Prevost ha incidido en la incoherencia moral: ha repetido que ser un verdadero cristiano implica la acogida sin discusiones de los extranjeros. Es una advertencia con una evidente variable política dirigida a todos los católicos, pero también a algunos miembros de la jerarquía eclesiástica que no discrepan de los postulados de la ultraderecha. “Nos arrodillamos ante el altar (…), por eso luego no podemos pasar de largo ante los cayucos”, ha señalado.
El Papa ha mostrado su Anillo del Pescador, que representa la vocación cristiana de pescar hombres, una imagen que en Canarias, ha dicho, tiene una fuerza “literal y dolorosa”. “La Iglesia no puede desentenderse de estas aguas ni de ningún lugar donde el hambre, la sed, la violencia, el miedo o el exilio sigan hiriendo la dignidad humana. Los discípulos de Jesús no pueden considerar ajeno el clamor de quienes gritan desde la noche”, ha subrayado.
En su reflexión sobre la crisis migratoria, León XIV también la ha abordado desde el ángulo del lugar de partida. Ha pedido a los migrantes que no crean las “falsas promesas”, ni crean “a quienes prometen paraísos fáciles a cambio de su cuerpo, de dinero, de silencio o de su libertad”. “Son industrias de muerte”, ha advertido. Del mismo modo, ha instado a un examen de conciencia a las naciones de origen, “que deben crear condiciones de paz, justicia y desarrollo”. “Si bien existe un derecho a buscar refugio cuando la vida es amenazada, también existe el derecho a no tener que migrar: el derecho a permanecer en la propia casa sin hambre, sin guerra, sin persecución, sin violencia, sin que la tierra se vuelva inhabitable, sin que la corrupción robe el pan de los pobres, sin que las armas destruyan el futuro de los niños”, ha rogado.
Antes de la intervención del Papa, han hablado cuatro personas que han prestado su testimonio. Otra forma de dar visibilidad a las personas de carne y hueso que están en medio del drama migratorio. Primero ha hablado un capitán de Salvamento Marítimo, Tito Villarmea, que ha rescatado a más de 20.000 personas (y ha recibido un aplauso al decirlo): “Nunca olvidaré a una madre que viajaba en una patera con su hijo, entre heridos y cuerpos sin vida. Ya a salvo a bordo, la mujer se acercó al niño, de unos 14 años, le quitó el gorro y la cazadora y sacó unos pendientes dorados para colocárselos. Era una niña. Lloró ella y lloré yo, porque soy padre de dos adolescentes. Podrían haber sido mis hijas”.
León XIV saluda a los fieles en el estadio de Las Palmas este jueves.
Yara Nardi (REUTERS)
Luego ha intervenido María Reyes Alemán Cruz, voluntaria de Cáritas, que ha confesado cómo en 2020 “la sensación de desbordamiento fue inevitable” y a quienes trataban de ayudar les invadió la impotencia. “Aprendimos que no se trataba de resolverlo todo, sino de estar presentes. Escuchar, ofrecer gestos de cercanía —unas zapatillas, un abrigo, un café— o ayudar a conseguir la documentación necesaria era ya un modo de acompañar”, ha relatado. En todo caso, ha precisado “que no siempre había la misma empatía en todos los entornos”. “Aun así, aprendimos a mirar más allá del miedo y de los discursos de deshumanización”, ha concluido.
El tercer testimonio ha sido de una nigeriana, víctima de explotación sexual, aunque no estaba presente por razones de seguridad y otra mujer ha leído un texto escrito por ella en su nombre. Ha contado una historia terrible. De una familia de ocho hermanos. “No me fui de mi país porque quisiera. Me fui porque no había otra salida. Alimentarnos era casi imposible. A los 14 años ya estaba sola frente a la vida”, comenzaba su relato. Con 22 años y dos hijas, decidió emigrar para “darles un futuro mejor”. Una mafia de tráfico de personas le hizo un ritual y le dijo que tenía con ellos una deuda de 25.000 euros que debía pagar en Europa: “Así empezó mi cautiverio”. Tras seis meses de espera en condiciones inhumanas, se embarcó: “Tuve que elegir. Vivir sufriendo o cruzar y jugármela. Morir intentándolo, o quedarse y no tener nada. Elegí cruzar”. Quedó embarazada de uno de sus captores. Le quitaron al bebé para obligarla a prostituirse (en ese momento a la mujer que estaba leyendo se le quebró la voz y la gente aplaudió). Su pesadilla acabó cuando una operación policial la liberó, y luego recibió ayuda de la Iglesia: “La vida ha empezado a cambiar”.
El último testimonio ha sido de una empresaria colombiana, María Fernanda López Meza, de 55 años, que llegó a Las Palmas en 1997. No tenía nada, durmió en la calle, pero ha relatado cómo se ha ido abriendo camino, desde que empezó trabajando en un bazar y luego en un bar, hasta que hace cuatro años logró fundar su propia empresa de reforma, con seis empleados.
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