El papa reprende a Europa: «No puede proclamar la dignidad humana y acostumbrarse a que el Atlántico y el Mediterráneo sean cementerios sin lápidas»

León XIV dejó huella en Arguineguín, donde en su discurso sobre el fenómeno migratorio le puso deberes a todos, también a la propia iglesia / El acto resignifica el puerto del municipio de Mogán en el que estuvieron hacinadas miles de personas migrantes entre 2020 y 2021

Canarias 7, Gaumet Florido y Sara Toj Arguineguín, 11-06-2026

«Queridos migrantes: quiero inclinarme ante su dignidad». Esta frase marcó el tono y el fondo, social pero también político, del mensaje que dio este jueves León XIV en Arguineguín, un pequeño muelle en una isla no muy grande en el Atlántico que, sin embargo, se colocó en el punto de mira del mundo y del Vaticano, ya en tiempos de Francisco, por el drama migratorio. Por eso vino este jueves el papa a Mogán, a conocer de primera mano algunas voces de este fenómeno, pero también para sentar algunas bases. A Europa, sin ir más lejos, le dio un tirón de orejas. «No se puede proclamar la dignidad humana y acostumbrarse a que el Atlántico y el Mediterráneo sean cementerios sin lápidas».

Sus palabras dejaron un eco de aplausos, los primeros que deparó ayer su discurso, entre las 2.000 personas, la mayoría migrantes, que acudieron invitadas al muelle a participar, eso sí, bajo un sol de justicia, de este acto en recuerdo y homenaje a todos cuantos protagonizan el fenómeno migratorio, tanto por los que llegan como por los que acogen.
Curiosamente la bancada que inició el aplauso fue la de las autoridades, entre las que estaba el presidente del Gobierno de España, Pedro Sánchez. El mensaje del pontífice, un referente moral a escala mundial, no pasa desapercibido justo a unas horas de que entre en vigor el pacto migratorio, que recoge algunos de los postulados menos solidarios de la vertiente europea más conservadora. En su lista de deberes no faltó la propia iglesia, a la que reclamó que la acogida del migrante deje de ser algo secundario o delegado únicamente en voluntarios. «No podemos pasar de largo ante los cayucos y las pateras», indicó.

Esa firmeza del santo padre ya estaba regada de legitimidad y de autoridad tras los testimonios de viva voz que León XIV pudo escuchar de algunos protagonistas sobre el mismo muelle de Mogán que durante años ha sido la puerta de entrada a Europa de miles de personas rescatadas en alta mar tras días a la deriva en cayucos o pateras salidas de África.

Especialmente desgarrador fue el relato de una víctima de trata, a la que dio voz otra migrante por razones de seguridad. Ni siquiera la mujer que habló por ella, Soda, pudo evitar emocionarse. Dejó su país, Nigeria, con 22 años, y a sus dos hijas, de 13 y de 15, porque no tenía otra salida, y acabó víctima de una mafia que la sometió a cautiverio por una supuesta deuda de 25.000 euros. En su viaje en patera quedó embarazada de uno de los que la oprimían. «Al llegar a España me quitaron a mi bebé para obligarme a prostituirme». Pero la policía detuvo a sus carceleros y su vida ha empezado a cambiar.
Tito Villarmea, capitán de Salvamento Marítimo en la Guardamar Urania, contó al papa que en sus 18 años en este cuerpo él y su equipo han rescatado a más de 20.000 personas; María Reyes Alemán, voluntaria de Cáritas, confesó la inicial sensación de desbordamiento y de impotencia, pero también el aprendizaje, con los años, de que «un pequeño gesto, una sonrisa o una mirada hacen que alguien se sienta acogido», y María Fernanda López, latinoamericana llegada a Canarias en 1997, expuso ante León XIV su ejemplo de integración: de noches, las primeras, sin techo y con frío y miedo en la calle a montar una empresa junto a su pareja en la que ya tiene 6 empleados.

Sus voces constituyeron el núcleo central del acto que organizó Cáritas Diocesana y que ha deparado algunos de los momentos más especiales de todo el viaje apostólico del pontífice a España. Sin duda, el más emotivo tuvo como protagonista, precisamente, al mar, cuando León XIV realizó una ofrenda floral por todos lo que no pudieron llegar. Su imagen, mirando al agua, en actitud de oración, con el ‘Nube de hielo’, de fondo, interpretado al timple por Benito Cabrera, derramó lágrimas entre muchos de los presentes. Tras el santo padre, repitieron ese mismo gesto otros 50 jóvenes migrantes. Curiosamente, la corriente se llevó las flores bajo el casco de una embarcación de Salvamento Marítimo.

«Aquí llegan tantas vidas heridas, despojadas de casi todo, pero nunca, nunca (enfatizó y levantó la mirada) de su dignidad», dijo el papa nada más empezar a hablar. En su discurso, que tuvo un inicial cariz religioso, León XIV tuvo palabras de recuerdo a la isla de El Hierro, «esa isla, pequeña en extensión, pero grande en humanidad», que también «ha visto llegar a miles de personas arrancadas de su tierra y confiadas a la fragilidad de un cayuco».

Agradeció los testimonios de Tito y María, porque muestran «dónde comienza la conversión de la mirada: cuando el migrante deja de ser uno más, deja de ser una categoría y una cifra», pero sobre todo se dirigió a la víctima de trata, a la que recordó que «cada vida humana es una bendición de Dios; nadie puede comprarla, usarla, venderla o descartarla». Al hilo de esa historia, insistió: los migrantes «no son números ni expedientes», de ahí que pidiera que las voces de los que ayer hablaron alcancen a quienes tienen responsabilidades. «No basta gestionar llegadas, distribuir cifras, reforzar fronteras o lamentar muertes. Cada barca no trae solo migrantes, trae también una pregunta: ¿qué mundo hemos construido si tantos hermanos tienen que arriesgar la muerte para buscar la vida?», concluyó. «La dignidad humana no tiene pasaporte ni pierde valor al cruzar la frontera», insistió.

Arguineguín fue este jueves el primer destino del papa en su histórica visita a la isla. Nada más aterrizar cogió rumbo al sur, a donde llegó con 16 minutos de retraso. En el muelle le esperaban casi 2.000 personas, la mayoría migrantes que han arriesgado su vida para llegar a las costas canarias, así como personas procedentes de Latinoamérica. Además, había voluntarios y miembros de distintas organizaciones que atienden a migrantes una vez llegan a las islas. Aparte de Cáritas, estaban Cruz Roja, Ecca Social, Manos Unidas, Cear, Pastoral de las migraciones, Cruz Blanca y Open Armas.

Al papa lo recibieron Pedro Sánchez, el presidente de Canarias, Fernando Clavijo, el delegado del Gobierno, Anselmo Pestana, el presidente del Cabildo, Antonio Morales, el gerente de Puertos Canarios, José Gilnerto Moreno, y la alcaldesa de Mogán, Onalia Bueno, que aprovechó la llegada del papa para hacerle entrega de un presente cargado de simbolismo, un rosario hecho con madera de aguacatero y de pino canario confeccionado por el último carpintero de madera que resiste en Mogán, Doramas Hernández.
Por cierto, Bueno aprovechó el protocolario saludo a Sánchez para presentarse y dejarle un recado. «Soy la alcaldesa de Mogán y espero que si vuelve a pasar lo que pasó en este muelle, no falles». Según ella, no le respondió. Entre las 60 autoridades presentes hubo también tres ministros, el de Presidencia, Justicia y Relaciones con las Cortes, Félix Bolaños; el de Política Territorial y Memoria Democrática, Ángel Víctor Torres; y la de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones y portavoz del Gobierno, Elma Saiz. Y con ellos, el lehendakari Imanol Pradales, la presidenta del Parlamento canario, Astrid Pérez, y casi todo el gobierno canario.

Fue un acto con un profundo carácter humanitario y simbólico que sirvió para rendir homenaje a las víctimas de la ruta canaria, la más mortífera del mundo. En ese marco se inscribió la propia puesta en escena, con un escenario sin fondo, abierto a ese mar que es a la vez peligro y esperanza, frontera y refugio, y jalonada de espectaculares imágenes, la mayoría de fotoperiodistas locales, dispuestas en grandes lonas, que desde el muro espaldón del muelle ayudaron a retratar la realidad migratoria con un enfoque cronológico, desde la llegada al proceso integrador.

La música tuvo también su hueco y sus protagonistas. Pedro Manuel Afonso, que le puso voz, Benito Cabrera al timple, y Tomás Fariña a la guitarra. Los tres interpretaron ‘Noche de Arguineguín’ en medio de los cuatro testimonios. Le pusieron la nota de color local e identitario a un acto centrado en el ser humano.

El encuentro acabó con la parte más religiosa del acto. León XIV bendijo la cruz hecha con madera de cayuco que presidió la ceremonia y que estuvo colocada junto a la pequeña talla de la Virgen del Carmen, que tiene como sede habitual una humilde capilla en este mismo muelle y que lleva más de 20 años acogiendo las entradas y salidas de los marinos de Arguineguín.

Con casi 20 minutos de retraso la comitiva papal abandonó Mogán para coger rumbo a Vegueta. León XIV salió del muelle mientras se escuchaba a Pedro Afonso cantar : ‘Por la mar vienen llegando los hermanos de otra tierra, mi fe no entiende de bando, mi casa nunca se cierra, mi abrigo será tu manto’, una malagueña compuesta por Benito Cabrera. Justo antes de subirse al vehículo, fue la alcaldesa de Mogán la que lo despidió. «Gracias por haberle devuelto la dignidad al muelle de Arguineguín», le dijo.

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