Tenerife, faro de humanidad en el Atlántico

Una sociedad que ha demostrado una enorme empatía con quienes llegan a nuestras costas y que, una vez más, responde desde la humanidad y el compromiso colectivo

Canarias 7, Rosa Dávila Mamely Presidenta del Cabildo de Tenerife, 12-06-2026

La llegada del Santo Padre León XIV a Tenerife quedará grabada para siempre en la memoria de nuestra isla. No es únicamente una visita histórica; es un acontecimiento profundamente humano que nos invita, como señala el lema de esta visita, a ‘alzar la mirada’. A mirar más allá de nosotros mismos y reconocer el sufrimiento, la esperanza y la dignidad de quienes más necesitan apoyo.

Por primera vez, un sucesor de san Pedro pisa esta tierra atlántica que durante siglos ha sido puente entre continentes, refugio de esperanzas y frontera viva entre mundos. La presencia del Papa trasciende lo religioso para convertirse en un poderoso símbolo moral y humano en un momento decisivo para Canarias, para Europa y para el mundo.
Porque al mirar hacia Tenerife, León XIV mira también hacia una de las grandes heridas de nuestro tiempo: la migración. Mira hacia esta frontera sur de Europa donde miles de personas arriesgan cada año su vida buscando simplemente una oportunidad para vivir con dignidad.

Muchos desaparecen en el mar antes de alcanzar la orilla. Otros llegan exhaustos, marcados por el miedo y el sufrimiento, pero aferrados todavía a la esperanza de comenzar una nueva vida.

Y no podemos acostumbrarnos a ese dolor. No podemos permitir que la tragedia se convierta en rutina ni que las cifras oculten los rostros, las historias y los sueños de quienes arriesgan todo por sobrevivir. Porque Canarias jamás ha sido tierra de indiferencia. Tenerife nunca ha dado la espalda al sufrimiento humano.

Nuestro pueblo conoce bien lo que significa partir. Durante generaciones, miles de canarios tuvieron que abandonar esta tierra empujados por la necesidad, cruzando mares hacia América y otros destinos inciertos. Nuestros mayores también conocieron la nostalgia, el miedo y el sacrificio. Por eso entendemos mejor que nadie a quienes hoy llaman a nuestras puertas buscando un futuro.

Tenerife ha sido siempre tierra de encuentro. Aquí convergen simbólicamente África, Europa y América. Aquí se han tendido puentes cuando otros levantaban muros. Nuestra historia está construida sobre la convivencia, la mezcla de culturas y la capacidad de abrir los brazos incluso en los momentos más difíciles.

Esa solidaridad forma parte de la identidad del pueblo tinerfeño. Una sociedad que ha demostrado una enorme empatía con quienes llegan a nuestras costas y que, una vez más, responde desde la humanidad y el compromiso colectivo.

La visita del Santo Padre reconoce también el inmenso trabajo que realizan cada día instituciones públicas, organizaciones sociales, profesionales, voluntarios y ciudadanos que sostienen, muchas veces en silencio y bajo enorme presión, la atención a quienes llegan a nuestra isla. Hombres y mujeres que representan lo mejor de Tenerife y que convierten la solidaridad en hechos concretos.

Pero este viaje del papa encierra además un mensaje que interpela al mundo entero. La migración no puede recaer únicamente sobre los territorios frontera. Europa y la comunidad internacional deben asumir una responsabilidad compartida, afrontando no solo las consecuencias, sino también las causas profundas que obligan a millones de personas a abandonar sus hogares: la guerra, el hambre, la pobreza y la falta de oportunidades.

Estas islas atlánticas han mirado a este drama demasiadas veces a los ojos, en solitario, sin contar con el apoyo de instituciones europeas y españolas que hoy el Santo Padre nos brinda.

La mirada de León XIV nos recuerda que la grandeza de las sociedades no se mide por la altura de sus fronteras, sino por su capacidad de proteger la dignidad humana. Y Tenerife quiere seguir siendo ejemplo de ello.

Durante estos días históricos, nuestra isla se convierte en un símbolo universal de convivencia, solidaridad y esperanza.

Hoy, Tenerife se transforma simbólicamente en un faro de humanidad en medio del Atlántico. Desde aquí se lanza un mensaje al mundo: que la solidaridad no puede ser una palabra vacía; que la dignidad humana no entiende de fronteras; y que ninguna sociedad puede avanzar dejando atrás a quienes más necesitan ayuda.

Recibimos al Papa León XIV con emoción, gratitud y esperanza. Con la esperanza de que su presencia inspire a nuestra sociedad a seguir fortaleciendo los valores que nos definen: la acogida, la empatía y la defensa de los derechos humanos.

Que nadie aparte la mirada. Que la indiferencia jamás venza. Hay que alzar la mirada.

Hoy el pueblo de Tenerife abre sus puertas y también su corazón. Porque sabemos que cada gesto de humanidad transforma el presente y siembra un futuro más justo.

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