«Rezar juntos» por los «que han perdido la vida en el mar»
Fervor multitudinario en la Misa celebrada en el Estadio de Gran Canaria
La Razón, , 12-06-2026Baño de masas también para el Papa León XIV en Gran Canaria. A media tarde se trasladó hasta el estadio de fútbol de los canariones. Más de 30.000 personas provenientes de las diferentes islas se congregaron en el último encuentro antes de trasladarse a Tenerife, su último día en España. Una talla de la Virgen del Pino presidía el escenario. «Quiero antes que nada dar gracias al Señor por tanto bien que se hace aquí cada día, confiándole el compromiso de todos y al mismo tiempo los sufrimientos de los que esta tierra es testigo», dijo nada más comenzar en su homilía. A continuación, y en relación directa con el encuentro de mantuvo por la mañana con los migrantes en el Puerto de Arguineguín, invitó a «rezar juntos, en esta Santa Misa, por los hermanos y las hermanas que han perdido la vida en el mar».
La celebración coincidió con la víspera de la fiesta del Sagrado Corazón, una de las devociones más extendidas en España con grandes santuarios como el del Cerro de los Ángeles de Getafe o la Basílica de la Gran Promesa de Valladolid. A esta festividad se refirió cuando afirmó que «todo lo llevamos al Altar junto con el pan y el vino mientras nos introducimos, con la celebración vespertina de la Vigilia, en la Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús, a quien toda España está consagrada».
El Papa desglosó entonces algunas «características» del corazón de Cristo y exhortó: «Pidamos al Señor que en este momento estén vivos en nosotros los mismos sentimientos de humanidad, misericordia y compasión del Corazón del Salvador nos dejamos ayudar, en nuestra meditación, por las Lecturas que hemos escuchado».
León XIV aludió a la «caridad de Dios» en la que «hunde sus raíces en nuestra vocación al amor, que no está fundada en el cálculo, ni en el mero sentimiento, ni es reducible a simple filantropía, sino que invade todo nuestro ser: fuego para el alma, luz para la mente, impulso irresistible para la libertad, paz y al mismo tiempo tormento para el corazón, que late en sintonía con otros corazones, involucrando a toda la persona». Asimismo, recordó que «amar es connatural al hombre, más aún, es condición de plenitud de su misma existencia».
En la homilía también apuntó cómo Dios está «siempre enamorado» y «anhela total y constantemente nuestro bien y nuestra felicidad plena, que nosotros reconocemos el camino de la vida». Todo ello, aprendiendo «un nuevo modo de existir y de relacionarnos, un criterio diferente para evaluar las decisiones, un estilo renovado y estimulante de hacer comunión».
León XIV invitó a traducir el amor de Dios en gestos concretos de servicio hacia los demás, especialmente hacia quienes más necesitan apoyo. Durante la misa celebrada en el Estadio de Gran Canaria, el Pontífice recordó una enseñanza de su predecesor, el Papa Francisco, quien afirmaba que «la mejor respuesta al amor de su Corazón es el amor a los hermanos».
A partir de esa reflexión, el Papa destacó que la fe cristiana encuentra su expresión más auténtica en la entrega generosa a los demás. «Devolver amor por amor» fue la idea central sobre la que articuló este pasaje de su homilía, presentándolo como un intercambio entre Dios y el ser humano que se concreta en la atención cotidiana a quienes se cruzan en el camino de cada persona.
León XIV insistió en que esa caridad debe dirigirse de forma particular a los más vulnerables: quienes atraviesan situaciones de necesidad, los indefensos y aquellos que no pueden ofrecer nada a cambio. Según explicó, es precisamente en esa gratuidad donde se manifiesta la verdadera medida del amor cristiano.
El Pontífice vinculó este mensaje con la realidad de Canarias, destacando la cultura de acogida y solidaridad que caracteriza al archipiélago. En este sentido, puso en valor la capacidad de la sociedad canaria para abrir sus puertas, compartir recursos y practicar el don desinteresado, presentando estas actitudes como un ejemplo concreto de la vivencia del Evangelio en la actualidad.
Ante los miles de canarios asistentes, muchos de los cuales eran jóvenes, León XIV defendió una concepción de la caridad que vaya más allá de la mera asistencia material y contribuya al desarrollo integral de las personas. Durante su homilía, expresó que el amor de Cristo no se limita a aliviar necesidades inmediatas, sino que busca ayudar a cada ser humano a recuperar la confianza, ponerse nuevamente en pie y desplegar plenamente sus capacidades.
Apoyándose en una reflexión de Benedicto XVI, recordó que la caridad constituye «la principal fuerza impulsora del auténtico desarrollo de cada persona y de toda la humanidad».
Desde esta perspectiva, señaló que la misión de la Iglesia no consiste únicamente en atender situaciones de vulnerabilidad, sino también en acompañar procesos de crecimiento personal y comunitario.
El Papa vinculó esta idea con diversos pasajes evangélicos que presentan a Cristo como fuente de una vida plena. Citó, en este sentido, las palabras de Jesús sobre la vida «en abundancia» y el mandato dirigido al paralítico para que se levantara y caminara. Según explicó, estas imágenes reflejan una doble tarea: acoger con cercanía a quienes sufren y, al mismo tiempo, alentarlos para que recuperen tanto su autonomía como su dignidad.
En este contexto, León XIV advirtió de que la acción caritativa no puede reducirse al asistencialismo. A su juicio, la verdadera solidaridad debe favorecer la integración de las personas y su desarrollo en todas las dimensiones de la vida –espiritual, intelectual y física–, permitiéndoles participar de manera activa y constructiva en la sociedad. El Pontífice concluyó este pasaje de su homilía señalando que «sólo así nuestros encuentros, aun frente a acontecimientos difíciles y dolorosos, se convertirán en ocasión para esparcir semillas de esperanza en el camino de la humanidad hacia un futuro mejor».
La última de las «características» del Corazón de Cristo a las que aludió fue la «humildad». «El Corazón de Jesús es humilde, y por eso no sienten sus latidos los ‘doctos’ y los ‘sapientes’, es decir, aquellos que tienen la presunción de bastarse a sí mismos, de saberlo todo, de no necesitar ni a Dios ni a los demás. A estos, en efecto, aturdidos por los estruendos de un ‘yo’ ampuloso, omnipresente y agitado, les falta el silencio necesario para escuchar en sí y en los hermanos el palpitar escondido del amor».
León contrapuso la idea de que «la riqueza nos vuelve ciegos» a la de que Jesús enseña que «para gustar la verdadera alegría de la vida, que reside en el amor, es necesario bajar de los pedestales de la arrogancia que divide, para encontrarnos en la humildad que nos hermana».
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