Tenerife enseña al Papa la sala de espera hacia Europa

León XIV visita este viernes el Centro de Acogida de Las Raíces, uno de los grandes dispositivos de atención a migrantes de Canarias

La Razón, Jorge Siverio, 12-06-2026

Desde que sus pies tocaron suelo español,

León XIV

ha querido que la

migración

fuese la espina dorsal de su viaje a

España. La elevó a asunto de Estado ante los Reyes, en la solemnidad del Palacio Real, y la convirtió en advertencia el pasado lunes en el Congreso de los Diputados, donde reclamó, desde altura moral, una respuesta capaz de ir “más allá de la mera gestión de flujos”. Este viernes, aquellas palabras descenderán de la tribuna para hacerse carne en Tenerife. A primera hora de la mañana, el pontífice traspasará el umbral del

centro de acogida de Las Raíces

, uno de los grandes

dispositivos de atención a migrantes del Archipiélago.

Es la última parada en España antes de que el Papa ponga rumbo a Roma, y ese carácter de epílogo la inunda de simbolismo. Un broche para tomar el pulso a unas Islas que continúan siendo el gran umbral de la

inmigración irregular

hacia Europa por la temida ruta Atlántica. Entre los muros de Las Raíces, León XIV se asomará al día a día de quienes llegaron huyendo y de los profesionales que sostienen la acogida cada jornada durante cerca de cuarenta minutos.

Un cuartel a mil metros, a la sombra del 77

Las Raíces – Centro de Acogida de Emergencia y Derivación, según reza su nombre oficial – ocupa desde 2021 un viejo acuartelamiento encaramado a 1.000 metros de altitud y pegado a la pista del Aeropuerto de Los Rodeos. El mismo escenario que, el 27 de marzo de 1997, contempló horrorizado cómo dos Boeing 747 se embestían entre la niebla en la peor tragedia de la aviación comercial jamás registrada: 583 vidas se apagaron aquel día. Casi medio siglo después, y de nuevo bajo el peso de una emergencia, aunque esta vez humanitaria, el recinto renació convertido en uno de los

seis campamentos del Plan Canarias

, el programa del ministerio de Inclusión alumbrado para encajar el aluvión de embarcaciones precarias en las costas isleñas en los últimos tiempos.

El centro no descansa.

Funciona las 24 horas del día, sostenido por un equipo de abogados, integradores sociales, personal sanitario y psicólogos

cuya tarea trasciende con mucho el techo y el plato de comida. Son ellos quienes rastrean las vulnerabilidades, investigan los posibles casos de trata y guían los pasos de quienes pueden aspirar a la protección internacional. Bajo su techo se cobijan, sobre todo, hombres – de entre 18 y 35 años, en su mayoría llegados de Mali, Senegal o Gambia – que dejaron atrás el hambre, la miseria o la guerra.

Las dos puertas correderas permanecen casi siempre abiertas; los vigilantes solo las cierran a pulso, no sin esfuerzo, cuando barruntan una cámara merodeando cerca. Tras ellas se abre una pronunciada cuesta donde aparcan los trabajadores, y sobre la chapa todavía tibia de esos coches los internos dejan pasar las horas. El día, en ese lugar, tiene su propio tiempo. El primer turno arranca a las 14:00 horas, y cuando concluye el ambiente muda por completo. A diferencia de un recinto cerrado, aquí se puede traspasar el umbral y recorrer la Isla mientras dura la luz; muchos bajan por el angosto camino del Rodeo Alto hasta la carretera que enhebra La Laguna con La Esperanza. Dentro nadie se agrupa por nacionalidad, sino por orden de llegada; fuera, a los más veteranos se les reconoce por el móvil más nuevo y el mejor calzado, aunque casi todo angas en chanclas, con o sin calcetines.

El nacimiento de Las Raíces fue, sin embargo, todo menos sereno. Sus primeras semanas, en plena marejada de cayucos de 2021, dejaron un reguero de

peleas y altercados que reclamaron la presencia policial

: aquel abril, un enfrentamiento entre

marroquíes y subsaharianos

tiñó de sangre las escaleras de la enfermería, se saldó con

diez heridos y ocho detenidos y obligó a la Policía Nacional a entrar en el recinto. No pocos de los llegados del reino alauita prefirieron entonces echarse de nuevo al camino – y acampar en los alrededores de la base, resignados a perder su plaza de acogida – antes que permanecer dentro de sus muros. Las condiciones de aquellos meses cosecharon críticas a raudales. Allí donde hoy se levantan módulos en condiciones, los acogidos dormían en frágiles carpas sobre las que la condensación nocturna goteaba sin tregua, sin que sirvieran de gran cosa más de diez mil mantas; una remodelación integral, hace dos años, puso fin a aquella humedad. El recinto es hoy muy distinto al de entonces, y

Accem

reivindica ese trecho recorrido. Su responsable en

Canarias

, Francisco Navarro, admite que el arranque fue complejo, si bien celebra que sea precisamente el Papa quien hoy alumbre con su mirada un centro como el suyo y, con él, la entera realidad migratoria del Archipiélago.

En las jornadas que han precedido a la visita, no han sido pocos los que se han pertrechado para un histórico encuentro. Algunos, cristianos, han querido saber si podrían acercarse al pontífice; otros, de español aún titubeante, ensayaban una y otra vez un saludo por si la suerte les regalara el instante de pronunciarlo. Aunque también hay alguno que no conoce al pontífice. Sin embargo, entre quienes aguardan la llegada de León XIV están

Musa y Kebba,

hijos de Gambia y Senegal, que llegaron a Las Raíces hace algo más de un mes en una ardua travesía en patera por el océano Atlántico. Ambos saben que el camino en España no será de rosas y no esconden que el racismo existe. “En cualquier lugar, tienes que tener gente mala y buena”, zanja Musa con una serenidad que desarma.

Las cifras explican, por sí solas, por qué León XIV ha querido poner aquí punto final a su viaje por España.

El Archipiélago despidió 2023 con casi 40.000 llegadas por mar y tocó techo en 2024, con 46.843 personas desembarcadas en sus costas

, según el ministerio del Interior. En lo que va de 2026, el descenso ronda el 72%, y sin embargo la travesía no ha dejado de matar. La

ONG Caminando Fronteras

contabilizó

1.906 muertos y desaparecidos en la ruta atlántica a lo largo de 2025

, una sangría que la corona como la más letal del planeta por número de víctimas. En el cómputo global, la organización registró

3.090 fallecidos en los caminos hacia España, entre ellos 437 menores. El

obispo de Canarias, José Mazuelos

, ha pedido que esta visita sirva para alumbrar – y, sobre todo, para frenar – ese trayecto mortal.

Un cierre con la migración por bandera

La migración es bandera declarada de su pontificado, presente ya desde su primera exhortación apostólica, Dilexi Te, consagrada al amor a los pobres. Pero no por ello han faltado las voces discordantes: el presidente del

Cabildo del Hierro

no ha ocultado su malestar por haber quedado al margen de la recepción oficial. No obstante, con este viaje, León XIV honra un viejo anhelo del

papa Francisco,

que antes de fallecer anunció su deseo de pisar las Islas para tender la mano.

Será León XIV quien recoja ahora esa petición para, durante unos minutos, erigir un viejo cuartel reconvertido en el centro de todas las miradas; él, que tanto años cargó con el sambenito de la polémica. Para los

500 residentes

, y para muchos como Musa y Kebba, la llegada de una figura tan importante encierra también algo singular, y es que, aunque sea por una vez, alguien llegado de fuera se habrá detenido a escucharlos.

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