La extrema derecha británica aprovecha el ataque de un refugiado sudanés para provocar una ola de violencia en Belfast

Los disturbios del martes siguieron ayer aunque la familia de la víctima ha pedido no usar la tragedia para alimentar el odio

Diario Vasco, Ivannia Salazar-Saborío, 11-06-2026

El humo de los vehículos incendiados todavía era visible este miércoles en algunos puntos de Belfast cuando la ciudad despertó bajo una fuerte presencia policial con la que se trataba de contener la tensión generada tras el apuñalamiento de Stephen Ogilvie, de 44 años. Un despliegue al que se sumaron el cierre de escuelas, la paralización de autobuses y trenes antes de su hora e incluso la cancelación de numerosas actividades nocturnas. Medidas preventivas que no lograron evitar que anoche volvieran a producirse algunos disturbios, eso sí, ya de menor intensidad. Entre ellos, la quema de al menos un camión y el enfrentamiento de unos 300 manifestantes a agentes en varios puntos al norte de Belfast lanzándoles ladrillos y otros objetos, lo que obligó a las fuerzas del orden a utilizar cañones de agua para dispersarles. En total, más de un centenar de personas se concentraron en varios puntos de la ciudad, a veces de forma pacífica.

El martes por la noche el estallido de violencia había sido incontrolable. Se produjo menos de 24 horas después de que un ciudadano sudanés de 30 años, identificado como Hadi Alodid, fuera detenido por el ataque con cuchillo que dejó a Ogilvie gravemente herido. La rápida difusión de las brutales imágenes de la agresión y la confirmación de que el sospechoso había solicitado asilo en el Reino Unido alimentaron una ola de protestas convocadas por grupos de extrema derecha a través de las redes sociales que derivó en una de las noches de mayor tensión vividas recientemente en Irlanda del Norte.

El presunto autor del ataque compareció ayer ante el Tribunal de Magistrados de Belfast acusado de intento de asesinato, posesión de arma blanca en un lugar público y amenazas de muerte. Según la Policía de Irlanda del Norte (PSNI), Alodid llegó a Belfast en febrero de 2023 tras viajar desde París a Dublín y cruzar a Irlanda del Norte. Ese mismo año solicitó asilo y obtuvo permiso de residencia en el Reino Unido hasta 2028. Según la policía, el acusado no figuraba en bases de datos de seguridad nacional y no hay indicios de que se trate de un ataque terrorista.

La agresión tuvo lugar sobre las 22.30 horas del lunes. Las imágenes grabadas por testigos y difundidas en redes sociales mostraban a un hombre atacando a otro con un cuchillo en plena calle. Varias personas intervinieron para detener la agresión antes de la llegada de los agentes. La víctima fue trasladada al hospital con heridas graves en la cabeza, el rostro, el cuello y la espalda.

Según la información aportada al tribunal, la víctima perdió el ojo izquierdo debido a las lesiones y sigue ingresado. El juez Steven Keown ordenó el ingreso en prisión preventiva de Alodid, que compareció asistido por un intérprete de árabe, y dictó que comparezca de nuevo el 8 de julio.

Al término de la vista, el magistrado realizó una intervención poco habitual. Después de expresar su apoyo a la víctima y a su familia y de elogiar la actuación de los ciudadanos y de los servicios de emergencia, condenó los ataques sufridos por policías y equipos de emergencia la noche del martes. Keown advirtió de que quienes participen en nuevos episodios de violencia pueden «ir a prisión».

Un discurso que confirmaba la gravedad de los altercados registrados en varios puntos de Belfast y en otras localidades de Irlanda del Norte el martes. Entre los daños figuran viviendas, vehículos y autobuses destruidos por el fuego. «Lanzaron cócteles molotov y de repente el fuego se propagó», manifestó Eemran, un ingeniero de origen indio de 41 años.

Las fuerzas de seguridad detallaron que varias familias han abandonado sus hogares y muchos comercios cerrado sus puertas por el temor a nuevos disturbios. La ministra de Justicia de Irlanda del Norte, Naomi Long, aseguró que actores de «mala fe» intentaron instrumentalizar el miedo y la indignación, mientras que la ministra principal, Michelle O’Neill, calificó de «cobardía repugnante» que hombres encapuchados atacaran viviendas familiares y condenó los disturbios. Incluso el primer ministro británico, Keir Starmer, los calificó de «impactantes» y «completamente inaceptables».

Por su parte, la familia de Stephen Ogilvie difundió un comunicado en el que pidió expresamente que el ataque no sea utilizado para justificar agresiones contra inmigrantes o minorías étnicas. Los familiares señalaron que no desean que la tragedia sufrida por Ogilvie se convierta en un motivo de división ni «para alimentar más violencia» y recordaron la contribución que muchas personas llegadas de otros países realizan en sectores como la sanidad, los servicios públicos y la hostelería. La familia agradeció además la actuación de los ciudadanos que intervinieron durante la agresión y de los equipos de emergencia que acudieron al lugar.

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