Carta abierta a Su Santidad el papa León XIV
La pluralidad es una de nuestras señas de identidad más profundas: Las Palmas de Gran Canaria es una ciudad hecha de abrazos, de pasos compartidos y de vínculos entre orillas
Canarias 7, , 11-06-2026Santidad:
La ciudad de Las Palmas de Gran Canaria recibe su llegada con profundo respeto, gratitud y esperanza. Su presencia constituye un acontecimiento de extraordinario valor espiritual, humano, institucional y cultural, pues recibimos al pastor universal de la Iglesia católica, cuya palabra convoca a millones de personas a la fe, a la esperanza y a la caridad; pero recibimos también al Jefe del Estado de la Ciudad del Vaticano, cuya presencia posee una alta significación diplomática y expresa la vocación de diálogo entre los pueblos, las instituciones y las conciencias.
En esta doble condición, religiosa e institucional, su visita honra a nuestra ciudad y la sitúa ante una responsabilidad mayor: la de acogerle con la dignidad que merece quien representa una de las más antiguas tradiciones espirituales de la humanidad y, al mismo tiempo, una voz reconocida en la comunidad internacional en favor de la paz, la dignidad humana, la justicia y la fraternidad.
Por ello, la entrega a Su Santidad de la Llave de Oro de la Ciudad debe entenderse como un gesto protocolario, pero especialmente como un símbolo de confianza, reconocimiento y entrega de una ciudad comprometida con la vida y el respeto a la ciudadanía de todo el mundo. Con esta entrega, Las Palmas de Gran Canaria abre sus puertas a un mensaje de concordia, humanidad y esperanza, y manifiesta que su historia, su presente y su porvenir desean estar vinculados a los valores de la paz, del entendimiento entre los pueblos y del servicio al bien común.
Las Palmas de Gran Canaria es una ciudad atlántica, abierta al mar y a los pueblos que desarrollan sus vidas en tres grandes continentes: Europa, África y América. Nuestra ciudad ha aprendido a reconocerse en esa condición tricontinental, como espacio de tránsito, de acogida, de intercambio y de concordia. Desde sus orígenes fundacionales en Vegueta hasta la vitalidad contemporánea de sus barrios, de su puerto, de su economía y de sus espacios culturales, Las Palmas de Gran Canaria ha sido lugar donde confluyen lenguas, memorias, tradiciones y esperanzas diversas y, sobre todo, gentes de muy diversa procedencia.
A esa identidad atlántica, europea, africana y americana se suma hoy la presencia, cada vez más visible y activa, de diferentes comunidades que se han asentado entre nosotros y que enriquecen la vida económica, social y cultural de la ciudad. Esta pluralidad es una de nuestras señas de identidad más profundas: Las Palmas de Gran Canaria es una ciudad hecha de abrazos, de pasos compartidos y de vínculos entre orillas.
Nuestra ciudad ofrece humildemente a Su Santidad la nobleza de su historia, la serenidad luminosa de la playa de Las Canteras, la fuerza popular de sus barrios, la vida de su puerto, la riqueza de su cultura y la cordialidad de sus gentes. Aquí conviven tradición y modernidad, memoria y futuro, recogimiento y alegría. En esa pluralidad reside una de nuestras mayores fortalezas.
En esa realidad plural, la hospitalidad y la convivencia ocupan un lugar esencial. Nuestra ciudad no solo recibe a quienes llegan; los incorpora a una experiencia común de respeto, vecindad y participación. La hospitalidad, la solidaridad y el reconocimiento forman parte de nuestra manera de estar en el mundo. Una forma de estar en el mundo que hace de la convivencia una práctica cotidiana que se expresa en los barrios, en las familias, en las comunidades religiosas, en los espacios públicos, en el comercio, en la cultura y en el arte.
Las Palmas de Gran Canaria conoce bien la importancia de abrir sus puertas al viajero, al migrante, al vecino, al creyente y también a quien, desde otras convicciones, trabaja por el bien común. Por eso, para los vecinos y vecinas de esta ciudad, recibir a Su Santidad significa afirmar el valor de la paz, de la fraternidad y de la dignidad de toda persona, sea cual sea su condición y origen. En una tierra situada en medio del Atlántico, marcada por la convivencia entre orillas, su visita es una oportunidad para renovar nuestro compromiso con quienes buscan consuelo, justicia, escucha y esperanza. Las Palmas de Gran Canaria sabe que acoger no es únicamente abrir una puerta, sino reconocer la dignidad de quien la cruza.
En su mensaje para la Jornada Mundial de la Paz, Su Santidad ha recordado la necesidad de avanzar hacia una paz «desarmada y desarmante». Esa llamada interpela de manera especial a una ciudad como la nuestra, situada en una encrucijada de rutas, culturas y esperanzas. Aquí, donde el mar une más que separa, comprendemos que la paz no es una idea abstracta, sino una tarea cotidiana: acoger, escuchar, proteger, reconciliar y construir vínculos justos entre las personas y los pueblos.
En su encíclica ‘Magnifica humanitas’, Su Santidad ha puesto en el centro la salvaguarda de la persona humana ante las grandes transformaciones tecnológicas, especialmente en el tiempo de la inteligencia artificial. Esa llamada resulta particularmente significativa para una ciudad que quiere avanzar sin perder su alma; una ciudad que aspira a crecer en conocimiento, innovación, cultura y desarrollo, pero siempre al servicio de la dignidad humana, del bien común, de la justicia social y de las personas más necesitadas.
Santidad:
Que su llegada a Las Palmas de Gran Canaria sea ocasión de encuentro sincero, de palabra creadora y de renovada esperanza para todas las personas que vivimos en esta ciudad. Le damos la bienvenida con alegría, con orgullo ciudadano y con el deseo de que su presencia deje una huella de unidad, justicia y paz en nuestra ciudad.
Con todo el afecto y la consideración del Gobierno de la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria, de la Corporación que tengo el honor de presidir y de la ciudadanía de esta gran urbe.
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