Los demócratas eligen para un escaño clave en el Senado a un candidato con un tatuaje nazi y que fue criticado por tres mujeres con las que tuvo relaciones

Graham Platner obtiene el 74% de votos para representar al Estado de Maine, un asiento clave para arrebatar a los republicanos el control de la Cámara alta

El País, Luis Doncel, 10-06-2026

La batalla por el control del Senado de Estados Unidos empieza en Maine. Si los demócratas quieren arrebatar a los republicanos la Cámara alta tras las elecciones del próximo 3 de noviembre, no pueden perder en este Estado del noreste, famoso por su producción de langosta y por haber dado al mundo al escritor Stephen King. Aquí se presenta a la reelección la republicana Susan Collins, en ocasiones crítica con el presidente Donald Trump, y a la que las encuestas colocan en una situación de debilidad. Graham Platner, un recién llegado a la política, parecía el hombre adecuado para ello. Hasta que las críticas de al menos tres mujeres con las que tuvo relaciones y nuevos detalles sobre un tatuaje nazi que se hizo hace años empezaron a alumbrar dudas sobre su idoneidad. Pese a estas sombras, Platner ha logrado este martes ganar las primarias demócratas, según las proyecciones de medios como CNN, AP y The New York Times, lo que lo convierte oficialmente en candidato a senador para las elecciones de medio mandato.

Hace tiempo que los demócratas, muy criticados entre amplias capas de la población de Estados Unidos, que los ven como gente snob y alejada de los problemas de la gente corriente, buscan candidatos que representen a los de abajo, a los que no tienen grandes trabajos ni grandes estudios y luchan por llegar a fin de mes. Platner, un progresista con fama de hombre corriente, veterano de guerra que se dedicaba a la cría de ostras, parecía ser uno de esos aspirantes soñados. En la carrera por hacerse con la candidatura demócrata desbancó incluso a la gobernadora Janet Mills, representante del establishment del partido de Joe Biden y Kamala Harris.

Los medios otorgan a Platner en torno al 74% de los votos. Un porcentaje muy alto, pero que muestra que las revelaciones periodísticas le han hecho daño: cerca del 19% fue a parar a la antigua gobernadora Mills, que se había retirado de la carrera, lo que muestra una bolsa de descontentos.

Susan Collins, senadora republicana por Maine, el pasado 4 de junio en el Capitolio.
Evan Vucci (REUTERS)
Platner parecía a sus 41 años el hombre que los demócratas llevaban tiempo buscando. Hasta el goteo de informaciones que se ha ido conociendo en los últimos días. Ante estas acusaciones, los demócratas se han dividido. Algunos han mostrado su preocupación por las revelaciones. Mientras que otros le han restado valor, aduciendo que todo proviene de una campaña de los republicanos, que temen perder un asiento clave en el Senado. Este grupo se agarra a que una de las mujeres que han criticado a Platner es una conservadora que ha trabajado en campañas de los republicanos. El problema es que no está sola. Además de ella, otras dos mujeres que tuvieron relaciones sentimentales con Platner describen unas relaciones “volátiles” a veces con comportamientos “alarmantes”, según ha recopilado The New York Times.

Depresiones y alcohol
El candidato a senador ya había hablado sin tapujos sobre los problemas que le había acarreado su paso por el ejército, con episodios de estrés postraumático, depresiones y uso abusivo del alcohol. Él había dicho que las cosas que había hecho en el pasado, como tatuarse un símbolo nazi aunque asegurara que no conocía su significado, no reflejaban al Platner actual. El problema es que las revelaciones se han ido haciendo más y más feas a medida que la prensa escarbaba.

Las tres mujeres con las que habló el Times describen a una persona que podía ser encantadora y carismática. Pero que también hacía de menos a las mujeres. Y que, al menos en un caso, llegó a hacer amenazas físicas. Lyndsey Fifiel, una mujer conservadora que ha trabajado para organizaciones de la derecha, aseguró que Platner mentía cuando dijo que no sabía el significado del tatuaje que llevaba hasta que se convirtió en un asunto de campaña; que se refería a él como su “Totenkopf” (cabeza muerta en alemán), algo que desmiente categóricamente su equipo de campaña.

“Demasiado a menudo me automediqué con alcohol. Estuve muy lejos de ser el novio perfecto durante un periodo muy oscuro de mi vida”, dijo Platner en un comunicado enviado al periódico neoyorquino. “Asumo la responsabilidad de lo que hice. Ojalá hubiera actuado mejor. Pero cualquier otra interpretación es falsa y, a mi juicio, tiene motivaciones políticas. No me enorgullece quién fui entonces, pero sí me siento orgulloso del trabajo que he realizado desde entonces y del movimiento que estamos construyendo en Maine”, añadió. Ahora tendrá que convencer a los votantes de todo el Estado para que olviden estos pecados de juventud y lo lleven al Senado el próximo 3 de noviembre.

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