El drama que el papa no quiso ignorar

La ruta canaria de la migración se ha cobrado miles de vidas en el mar, y el pontífice Francisco fue el primero en querer darle voz

Canarias 7, Sara Toj, 07-06-2026

La visita del papa León XIV a Canarias ha despertado el interés de todas las esferas de la sociedad. Miles de personas se acercarán a los eventos multitudinarios que se celebrarán en Gran Canaria (11 de junio) y Tenerife (12 de junio) para intentar ver al pontífice en el que será el primer viaje de un papa a las islas. Pero este acontecimiento tiene un profundo carácter solidario y humanitario: el de dar voz y poner rostro al drama, muchas veces silencioso, que se vive en las costas del archipiélago desde hace más de tres décadas.

La ruta canaria de la migración se ha convertido en la más mortífera del mundo. Miles de personas pierden su vida de la forma más cruel: en búsqueda de un futuro mejor. Y, ante la indiferencia de algunos, el auge de la ultraderecha y de los discursos de odio y los bulos contra la población migrante, el papa pondrá el foco en las personas y en sus anhelos, ya que, al final, son hombres, mujeres y niños que solo necesitan mecanismos legales seguros para que la migración sea un proceso en el que no perder la vida.
Y si hay alguien al que agradecer que Canarias pueda decir, pasado el 12 de junio, que un papa visitó el archipiélago, ese no es otro que el fallecido pontífice Francisco. Él fue, para muchos y muchas, un referente a todos los niveles. Su mensaje de integración, de solidaridad y fe caló no solo en la comunidad cristiana, sino también en aquellos que lo admiraban a pesar de no formar parte de ella. Lo dejó claro en su primer viaje como papa, el 8 de julio de 2013. Su destino fue una firme declaración de intenciones. Conmovido por el naufragio de una neumática con personas migrantes en el canal siciliano, el pontífice visitó Lampedusa para dar visibilidad al drama humanitario del Mediterráneo y remover consciencias sobre el peligro de estos viajes.

Su compromiso con la causa, con dar visibilidad a la pérdida de vidas en el mar, le llevó a manifestar en varias ocasiones durante su trayectoria al frente de la Santa Sede su intención de querer venir a Canarias.

«Conociendo la difícil situación que está atravesando el archipiélago canario debido a la crisis migratoria, quisiera expresarles unas palabras de aliento y cercanía», escribió el papa Francisco en una carta remitida a los obispos de las islas en noviembre de 2023.

El fallecido pontífice estaba alzando la mirada, de esta forma, a más de tres décadas de un drama humanitario escrito en las costas de las islas. Este verano se cumplen 32 años desde que se abriera la ruta canaria de la migración, la más mortífera del mundo, cuando dos jóvenes saharauis llegaron a las costas de Fuerteventura a bordo de una pequeña embarcación. Así, marcaron el inicio de uno de los grandes corredores migratorios del mundo, que ha ido evolucionando desde 2006, con la llamada «crisis de los cayucos», en la que alcanzaron las costas canarias más de 31.000 personas.

A partir de 2020, con la pandemia, comenzó una nueva etapa, marcada también por la inestabilidad política en el Sahel los conflictos armados, la pobreza, la falta de oportunidades y el cambio climático. Miles de personas se han visto obligadas a arriesgar su vida en el mar en embarcaciones precarias debido a la falta de garantías legales. Las cifras son dramáticas. Según datos de la ONG Caminando Fronteras, que monitoriza la pérdida de vidas en el mar, 2024 fue el año más duro desde que se tienen registros: 9.757 fallecieron en la ruta atlántica hacia Canarias. Y podrían ser más, pues muchas embarcaciones naufragan y se desconoce su paradero.

La gestión de la migración ha sido uno de los mayores retos del archipiélago en los últimos años. En 2023 se hablaba de récord en las llegadas: 39.910 personas alcanzaron las costas del archipiélago. Pero si hay un año que marcó, y reflejó, el «fracaso de las políticas migratorias», como remarcaron en su día las autoridades, fue 2024.

Casi 47.000 personas arribaron a las islas, siendo El Hierro el territorio en el que se sintió mayor presión migratoria. Además, si hay algo que destacar durante estos últimos años, eso ha sido la atención a los menores migrantes no acompañados, el mayor de los desafíos para el Gobierno canario, que es el que tutela a estos niños y niñas.

Esto produjo que se tuviera que abrir recursos con urgencia para poder atenderles de la manera más digna posible, llegando a haber, en algunos momentos, casi 6.000 niños y niñas ubicados en más de 80 centros repartidos por las islas.

Se convirtió así Canarias en la principal puerta de entrada de la migración procedente del norte de África no solo de España, sino de Europa. Momentos en los que el Ejecutivo regional se vio «solo», como así valoraban semana tras semana durante todo ese tiempo. Esto le llevo a movilizarse para dar visibilidad a lo que estaba ocurriendo, estrechando lazos con países como Mauritania, Senegal o Marruecos y manteniendo audiencias con representantes de la Unión Europea.

Y, entre todas esas reuniones, el presidente de Canarias, Fernando Clavijo, fue recibido por el papa Francisco en el Vaticano en enero de 2024. El pontífice le trasladó un mensaje de agradecimiento dirigido al pueblo canario «por acoger a esas personas migrantes con dignidad, con respeto y con solidaridad», declaró el presidente canario en aquel entonces. Todo un momento de «humildad» en el que el fallecido papa demostró todo el conocimiento que tenía sobre la realidad de las islas.

En esa audiencia de 40 minutos coincidieron en que Europa y el mundo tenían que reflexionar sobre «qué es lo que queremos hacer con África». En ella también se le entregó al pontífice cartas de personas migrantes que habían llegado por aquel entonces al archipiélago para que pudiera conocer sus historias. Y, para dirigir las miradas hacia el archipiélago, el presidente invitó al pontífice a venir a las islas. Fue en ese momento cuando el santo padre le trasladó al presidente canario que «se lo iba a pensar».

Meses más tarde, en septiembre, en la rueda de prensa a bordo del avión de regreso de su gira por Asia y Oceanía, Francisco comunicó que pensaba «ir a Canarias porque allí está la situación con los migrantes que llegan del mar y querría estar cerca de los gobernantes y el pueblo de Canarias», llegó a decir. En aquel momento, se barajó la posibilidad de que el pontífice hiciera escala en las islas en un hipotético viaje a su tierra natal, Argentina. Incluso, el Gobierno de España trasladó la invitación oficial un mes después al Vaticano.

También a principios de 2025, el difunto santo padre fue claro. «Quiero ir a Canarias» fue lo que le dijo al obispo auxiliar de la Diócesis de Canarias, Cristóbal Déniz, durante el Jubileo de la Comunicación celebrado en Roma. Pero la vida tenía otros planes para él y, el 21 de abril de 2025, el Santo Padre falleció sin poder cumplir su voluntad de viajar al archipiélago.

El 8 de mayo, León XIV fue elegido papa. Ahora, el pontífice sigue la estela de Francisco. Para muchos, en su primer año de pontificado está tratando de no «romper» de lleno con el legado del argentino, cumpliendo con algunos de sus deseos. Esto le llevó a aceptar la invitación del Gobierno de España y el Gobierno de Canarias para venir a las islas, que se materializará el 11 de junio cuando pise suelo canario.

Gran Canaria y Tenerife son las dos islas elegidas por la Santa Sede para que el pontífice se reúna con la sociedad canaria el 11 y 12 de junio. En torno a las 10.50 horas del jueves 11 de junio está previsto que Robert Francis Prevost aterrice en la base aérea de Gando después de estar en Madrid y Barcelona.

Casi una hora después, en torno a las 11.40 horas, se vivirá uno de los momentos más especiales de toda la visita del pontífice a España. Será en el muelle de Arguineguín donde León XIV ponga rostro al drama humanitario de las islas, en un encuentro en el que se prevé que haya en torno a 2.000 personas, entre las que habrá supervivientes de la ruta canaria y hombres y mujeres de Latinoamérica. El culmen de su estancia en la isla será en el Estadio de Gran Canaria, donde oficiará una santa misa.

Al día siguiente, el pontífice partirá hacia Tenerife, donde también se encontrará con personas migrantes en el Centro de Atención Temporal de Extranjeros de Las Raíces, en San Cristóbal de La Laguna. Su última parada en la isla será en el puerto de Santa Cruz de Tenerife, donde también se celebrará una misa.

Durante esos días, las miradas de todo el mundo estarán puestas en el archipiélago y en las miles de personas que han arriesgado su vida en el Atlántico buscando un futuro mejor. Porque detrás de cada cifra, de cada cayuco y de cada rescate hay historias. Y es precisamente a esas historias a las que el papa quiere dar voz.

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