Señores de misa diaria
Canarias 7, , 07-06-2026Con salvedades contadas, casi unicornios, las personas que exhiben una fe desbordante suelen ser las más sectarias. No las más compasivas, ni las más hospitalarias, ni las más dispuestas a ver en el otro una criatura digna de cuidado. Las más sectarias. La ultraderecha española lo ha entendido con una eficacia notable: se arrodilla ante los símbolos, se santigua ante las cámaras y, en cuanto el PP acepta su mano, se queda con las consejerías que deben ocuparse de los menores migrantes no acompañados.
No es un matiz menor. En Extremadura, Aragón y Castilla y León, Vox ha colocado bajo su órbita las áreas encargadas de la tutela, la acogida y la atención de esos niños y adolescentes. Y lo ha hecho, además, bajo una palabra reveladora: desregulación. Desregulación, servicios sociales y familia. Desregulación, bienestar y familia. Desregulación, familia y ayudas sociales. La familia, siempre la familia, pero precedida por la voluntad de desmontar o retirar garantías. Una elección léxica casi obscena cuando se habla de menores tutelados por la Administración. Como si el cuidado fuera exceso burocrático.
Lo primero que han anunciado algunos de esos nuevos guardianes de la infancia ajena son pruebas de edad. No proyectos educativos, refuerzos psicológicos, planes de integración, equipos especializados, o plazas dignas. Pruebas. Sospecha. Duda. Y todo ello aunque no dependa del capricho de un consejero autonómico, sino de la Fiscalía. Pero da igual. La medida no necesita ser jurídicamente viable para cumplir su función política. Basta con que sea útil como mensaje: estos no son niños, son intrusos; no son adolescentes solos, son amenaza; no son menores bajo protección, son «menas».
Ahí está el truco moral. Los suyos son niños, niñas, adolescentes y jóvenes. Los demás son siglas. Los suyos tienen nombre, familia, miedo, futuro y derecho a equivocarse. Los otros son una masa indiferenciada que viene a delinquir, a atacar las creencias de España, a volverla mixta, como si España no lo fuera ya. Por eso chirría tanto el aplauso de Abascal al papa cuando habla de humanidad, convivencia y memoria multicultural. Aplauden la misericordia abstracta, al boato litúrgico y cosifican al migrante. Y entonces la pregunta no es si creen o no creen, sino en qué creen realmente los señores de misa diaria. Y mientras llega la respuesta, yo seguiría el rastro del dinero.
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