Los primeros alumnos 'sin papeles' de la FP vasca culminan sus prácticas en empresas

Desde este curso estos jóvenes pueden trabajar, pero sin cotizar al no poder darse de alta en la Seguridad Social

Diario Vasco, Eneko P. Carrasco, 08-06-2026

Los centros vascos de Formación Profesional han derribado otro muro. Desde este curso, y por primera vez, los alumnos de esta red en el formato Dual General –enseñanza teórica más formación remunerada– que no posean papeles de residencia en el País Vasco o un Documento Nacional de Identidad (DNI) pueden también hacer prácticas laborales. Hasta ahora, todos aquellos alumnos que no contaban con el Número Único de la Seguridad Social (NUSS) se encontraban en un limbo administrativo en el que podían inscribirse en los ciclos formativos que querían, pero con la imposibilidad de acceder al programa completo para acreditar la experiencia laboral.

Fuentes del Departamento de Educación apuntan a este periódico que esta era una vieja reivindicación del Gobierno Vasco «por la que hemos mantenido en los últimos años varias reuniones con el Ministerio, para conseguir que estos jóvenes cuenten con los mismos derechos que los alumnos autóctonos». Hasta ahora, relatan las mismas fuentes, estos jóvenes no podían acreditar experiencia laboral en empresa «porque carecían del NUSS y no se les podía dar de alta en la Seguridad Social».

En un contexto social en Euskadi en el que cada vez llegan más inmigrantes en busca de una vida mejor, cientos de ellos se quedaban en los últimos años bloqueados en su periplo en la FP por no poder hacer las prácticas en empresas. Después de que esas negociaciones con Madrid fructificaran tras, entre otras cosas, «remitirles a la carta de derechos universales en la que se alude al derecho de todas las personas a recibir una educación», la viceconsejería de FP que lidera Jon Labaka redactó unas instrucciones normativas para los centros. En las mismas se les explica qué es lo que deben hacer este curso para que sus alumnos indocumentados puedan hacer prácticas laborales, aunque matizan que «de momento seguimos sin poder darles de alta en la Seguridad Social para que puedan cotizar», pero «ya sí que existe el permiso legal para que puedan hacer prácticas en la empresa privada».

Así las cosas, desde el Gobierno Vasco se especifica que el alumno en cuestión podrá realizar la formación en la empresa «siempre que se hayan suscrito los seguros necesarios cuyas coberturas sean, al menos, las establecidas en el seguro escolar y el de responsabilidad civil». El centro en el que está matriculado el estudiante deberá remitir esta documentación, junto con los datos de la empresa asignada, a la Dirección de Planificación y Organización de FP que encabeza Nicolás Sagarzazu «para que ésta gestione los seguros». «Gracias a esta nueva medida hemos conseguido que prime el derecho universal a la educación», se felicitan en el Ejecutivo autonómico.

La documentación, remitida este curso a los equipos directivos de todos los centros vascos de FP, fue recibida con alegría y entusiasmo por todos los profesionales de esta red educativa, pero en especial entre los que acogen a este colectivo de vulnerables, que en su mayoría se concentra en los ciclos iniciales. «En la FP Inicial tenemos a bastantes de estos chicos que no tienen papeles y que, hasta ahora, era imposible que les pudiéramos meter en una empresa para que hicieran prácticas», cuenta Beñat Okariz, director pedagógico en el centro Martutene Lanbide Eskola.

Eso sí, para acceder al programa completo de prácticas laborales estos jóvenes inmigrantes deben cumplir una serie de requisitos, entre los que se encuentran haber cumplido los 16 años y haber realizado el curso de prevención de riesgos laborales de Osalan. Precisamente esta última entidad colaboró en la redacción de estas nuevas instrucciones normativas, junto a delegados de la viceconsejería de FP y de la consejería de Trabajo del Gobierno Vasco.

En la documentación remitida a los centros públicos y concertados que impartan FP Inicial se detalla, además, que los estudiantes que se integren en el régimen de la Dual General –que es el formato que más intenta promover Educación– podrán hacer en el primer curso 112 horas de prácticas repartidas en 16 días, y en el segundo, 280 horas en 40 días.

Esta, además, es también una noticia positiva para todo el tejido empresarial vasco, que viene demandando una alta cantidad de profesionales técnicos cualificados desde hace ya muchos años, donde faltan trabajadores de mecanizado, mantenimiento, automatización y tecnologías de la información. «Nosotros hemos tenido estos años a chavales fantásticos, muy válidos, que se han quedado sin hacer prácticas porque la normativa lo impedía», subraya Okariz desde Martutene Lanbide Eskola. Ahora, «por suerte, ya les vamos a poder introducir en el mercado laboral».

En 2024, según cálculos del Gobierno Vasco, se estimó que en la Formación Profesional vasca había cerca de 1.500 alumnos en situación irregular.

Cuando tenía apenas 7 años, Javier Stanley Oviedo tuvo que ver cómo su padre abandonaba su hogar en Tegucigalpa (Honduras), para buscar en Gipuzkoa un futuro mejor para su familia. La de Stanley es una de las 80.000 familias que viven en España procedentes de este país de Centroamérica, en el que se estima que seis de cada 10 personas están en riesgo de pobreza y exclusión social. El joven, ya de 18 años, pudo reunirse de nuevo con su padre en Donostia en primavera de 2024, y ese mismo año, en septiembre, accedió al Grado Inicial de Informática y Comunicaciones en Martutene Lanbide Eskola, en el Polígono 27 de San Sebastián. Lo hizo sin tener aún el permiso de residencia, trámite que tiene previsto cerrar en escasas semanas. «Estamos encantados con él en todos los sentidos», apuntan desde la dirección del centro.

«Antes que él – se refiere a su aita – vino mi tía hace unos 18 años, más o menos», recuerda Stanley. Ahora, casi 20 años después, hay bastantes miembros de la familia Oviedo Flores en tierras guipuzcoanas. «Me siento muy arropado por todos ellos, aunque echo de menos a mi madre, que se ha quedado allí», relata este estudiante centroamericano.

La noticia de la nueva instrucción del Gobierno Vasco que permite a jóvenes como él, que carecen de papeles, hacer prácticas en empresa mientras estudian en la FP le causó «una grandísima alegría», admite con una sonrisa. La sensación que describe mejor sus emociones es la de «gratitud, sin duda alguna». «Tener la oportunidad de conocer desde dentro el mundo laboral, atender a clientes, aprender de otros compañeros… Eso es algo de un valor muy grande», afirma Stanley, que está trabajando y formándose en una tienda de informática en Irun.

Últimamente, además, las buenas noticias se agolpan en la familia Oviedo Flores. Además del sobresaliente paso de Stanley por el primer escalón de la Formación Profesional vasca, en unas pocas semanas va a poder contar con su permiso de ciudadanía para tener finalmente los papeles en regla. «Ahora mismo mi vida la hago con el pasaporte normal, pero me han dicho que este mes me darán los documentos oficiales que acrediten mi ciudadanía», relata este joven hondureño.

Stanley ha terminado esta semana su segundo año en el curso de Informática y Comunicaciones. «Ha sido muy contante y termina con muy buena nota», señala Beñat Okariz, director pedagógico de Martutene Lanbide Eskola. Ahora, ya con este título y el certificado de la ESO bajo el brazo, sus oportunidades de futuro se multiplican.

«Lo más seguro es que haga un Grado Medio», avanza sin titubear. Tiene que decidirse entre Auxiliar de Enfermería o Higiene bucodental, porque lo que a él de verdad le ilusiona es «entrar en la universidad una vez que haya subido todos los escalones en la Formación Profesional». «Me gusta la carrera de Odontología. Es una opción muy interesante», reflexiona.

A pesar de tener tan solo 18 años, Stanley es un joven que ya ha vivido muchas experiencias, y no todas positivas. Tal vez eso es lo que le empuja a «mirar mi futuro con mucho optimismo y unas ganas enormes. Me ilusiona mucho todo lo que pueda pasar conmigo en los próximos años… Tengo muchísimas cosas en mente», relata con una madurez sorprendente para ser alguien tan joven.

Sobre su adaptación a un lugar y a una cultura tan diferentes, Stanley cuenta entre risas – y con mucho tino – que «lo malo de aquí es que llueve demasiado». Más allá de la climatología vasca, se felicita de haber llegado a un territorio «muy bonito, con una cultura que me gusta mucho, a pesar de que es muy distinto a lo que yo conocía». «Le estoy muy agradecido a mi padre por haberme dado la oportunidad de estar en un sitio como este y a los profesores de mi centro formativo, a los que siempre he sentido muy cerca e interesados en saber cómo me pueden ayudar», refleja con un punto de emoción.

La historia de este joven marroquí es la de tantos y tantos menores que abandonan África para buscar un futuro mejor en el País Vasco, «una tierra en la que nos dicen que hay mil oportunidades para salir adelante», cuenta Y. B., un menor de 16 años que estudia en Martutene Lanbide Eskola un Grado Básico de Informática y Comunicaciones. Este menor marroquí vive en un piso tutelado por la Diputación Foral de Gipuzkoa, donde comparte estancia con otros jóvenes en situación parecida.

«Ha venido todos los días a clase, es un muy buen alumno», apuntan desde la dirección del centro en el que estudia. Él también va a ser uno de los cientos de alumnos de la FP vasca que, gracias a la nueva regulación, va a poder trabajar a pesar de no contar con papeles. Estaba «ansioso por empezar» las prácticas, que ha finalizado recientemente.

Y. B., de 16 años y natural de Sidi Ifni, una ciudad marroquí bañada por las aguas del Atlántico, dejó atrás su hogar junto a otro amigo hace dos años «mediante un contrato legal que pagaron nuestras familias para cruzar la frontera». «Teníamos 14 años cuando nos fuimos de casa para intentar llegar a España», relata en un castellano más que notable, a pesar de que cuando se fue de Marruecos «no sabía ni una sola palabra». Hay un refrán que le viene como anillo al dedo y que no es otro que el que reza que ‘el hambre agudiza el ingenio’. Y tanto.

Antes de llegar a Gipuzkoa estuvo en Málaga «pero solo un mes», cuenta, «tenía claro que teníamos que llegar hasta Euskadi». Una vez que lo consiguieron, Y. B. ingresó en un centro de menores. «Toda mi familia está en Marruecos. Mis padres, mis hermanos… los dejé allí», confiesa con una madurez impropia para su edad. La lógica invita a pensar que en algún punto de este periplo para llegar a suelo vasco hubiera sentido miedo o arrepentimiento, «pero no», responde. «Yo lo único en lo que pensaba todo el tiempo era en lo feliz que estaba por tener la oportunidad de vivir en un sitio en el que hay futuro para los jóvenes», apunta. Por increíble que parezca, asegura que «nunca tuve dudas porque ya en Marruecos me explicaron todo muy claro» y, además, añade con gran determinación que «sé lo que tengo que hacer aquí y cómo hacerlo para ganarme la vida, porque tengo unos orientadores y unos profesores en Martutene Lanbide Eskola que me ayudan muchísimo».

Y. B., que además de hacer gala de un muy buen castellano también se va a atrever con el euskera – «voy a ir a un euskaltegi», dice – , está en 1º de Informática y Comunicaciones. «Me gusta lo que hago en clase. Me lo paso bien porque me divierte aprender cosas nuevas», resume con sencillez. Se comunica por teléfono con su familia, que a pesar de la pena de tenerle tan lejos «están muy felices por ver que estoy peleando por mi futuro». Si todo va bien, a este joven estudiante le gustaría «que vengan aquí para vivir conmigo. Me haría mucha ilusión, pero para eso necesito un trabajo para ganar dinero».

Al terminar la FP Básica, le gustaría hacer un Grado Medio de Auxiliar de enfermería y después le seduce mucho la idea de ser educador, para lo que quiere estudiar una formación superior de Integración social. Con todo, estos menores no acompañados también tienen una vida más allá de los muros del centro educativo, otro mundo en el que alejados de los docentes pueden estar tentados a desviarse del camino correcto. «Yo lo que siento aquí es que los profesores y los orientadores se preocupan por nosotros hasta cuando estamos fuera del colegio», destaca, «y eso me hace sentir seguro, porque sé que hay gente cerca que se preocupa por mí».

En proceso de recuperar el pasaporte «perdido hace unas semanas», desde la Diputación le transmiten confianza en que pronto va a obtener el permiso de ciudadanía. «Me dicen que esté tranquilo, que todo va para adelante», sentencia esperanzado. Sus sueños son los de miles de compatriotas que también vienen en busca de una vida mejor.

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