Socorro Venegas: «La globalización es una falacia, no se aprecia la diversidad cultural»

Publica «Leche de silencio», unas páginas que utilizan la memoria como defensa ante un mundo racista y discriminatorio

La Razón, Concha García, 03-06-2026

Debería ser este un mundo avanzado, diverso, plural, pero parece que cada vez se tiende más a lo uniforme, a seguir un patrón, una tendencia. No debería caber la pasividad frente a esta pérdida paulatina de lo diverso, y en este sentido brilla el último libro de

Socorro Venegas. La escritora y editora mexicana se enfrenta a la cautela con

«Leche de silencio» (Páginas de espuma),

obra en la que trata de responder a una pregunta clave: «¿Por qué no hablo la lengua de mi madre?» Unas páginas construidas a partir de conversaciones con su madre y que, a través de la memoria, el ensayo y la autobiografía, resulta en una defensa de la dignidad de la vida en los márgenes, de las lenguas originarias o, en definitva, de la belleza de lo diverso.

¿Por qué recurrió a su madre?

Me pareció importante que su historia con minúscula pudiera tener resonancia en la historia con mayúscula que se nos ha contado. Quería hacer una contranarrativa, hablar del valor de las lenguas originarias desde otro registro. No el sociológico ni el antropológico, sino cruzándose las coordenadas de la vida para revelar una verdad universal, a través de una mujer, mi madre, que fue atravesada por el racismo y la discriminación por hablar una lengua indígena.

El libro trata el silencio, ¿en qué sentido?

El del silenciamiento de una lengua. A mi madre le prohibieron hablar su lengua porque, en ese momento, el sistema educativo concebía una nación monolingüe. Las lenguas originarias eran estorbos en el camino a la civilización. Ser indígena equivalía a ser un obstáculo en el mundo desarrollado. El hecho de no compartir con mi madre su lengua me ha distanciado de ella, mientras que con mi tía, que ni escucha ni habla, no sentí nunca una barrera.

En el libro apunta que en los próximos cien años desaparecerán el 90% de las lenguas.

Sí. Es un intento de unificar. Leí un artículo que decía que el centro de muchas ciudades es ya el mismo. Eso es la globalización. Es una falacia que se esté apreciando la diversidad cultural. Lo que se está haciendo es uniformar. El anhelo más profundo de quienes han querido eliminar esta diversidad lingüística es, en realidad, eliminar a los indígenas. En México, serlo equivale a ser pobre, ignorante. Un maestro mío, el escritor Carlos Montemayor, decía: apreciamos al indio del museo que representa el pasado, la riqueza cultural… pero al de carne y hueso de hoy lo discriminamos.

Los pueblos originarios de América Latina tienen que pedir permiso para vivir

Socorro Venegas

¿De dónde sale ese rechazo a lo ajeno? ¿Quiénes lo impulsan?

Es un miedo que tiene que ver con lo que se considera un lastre para el desarrollo. Tendríamos que ver quiénes toman las decisiones de Estado, quiénes diseñan las políticas que no logran revitalizar las lenguas originarias. Hay esfuerzos por que se mantengan vivas por parte de sus propios hablantes, pero México es un país racista, donde la palabra indio se usa como un insulto.

¿Vivimos en un mundo cada vez más racista?

En el libro menciono una encuesta sobre discriminación en México, y un resultado es que si tienes la piel oscura tendrás menos oportunidades, vas a tener que trabajar más para conseguir lo que quieras. Nada tiene que ver con tu capacidad ni con tu talento. Es tremendo. Hablo de México, pero puede prácticamente aplicarse al resto de países de América Latina, donde los pueblos originarios que estaban antes de ser colonizados ahora tienen que pedir permiso para vivir.

Debe de no dar crédito con lo que ocurre, por ejemplo, en EE UU.

En EE UU por los rasgos físicos de las personas se decide si las deportan o no. Casi sin mirar siquiera si están en regla sus papeles o no. La racialización está dominando. Yo voy en unos días a Chicago y me dicen que no puedo salir a ningún lado sin el pasaporte, porque es peligroso. Y no hay miedo por no saber si vuelves a casa, sino más bien por dónde te llevarán. Es un momento crítico.

Se han hecho en España exposiciones sobre la mujer indígena en México. ¿Cómo lo ve?

Prevalece la noción del pasado. Falta más curiosidad por conocer el escenario actual. Hay escritores que con orgullo están escribiendo y creando en sus lenguas, no abandonan su idioma. Lo que ves en los museos no lo es todo. Como editora participé en un proyecto precioso, que traducía a varias lenguas originarias de América Latina un poema de Lorca, «El grito hacia Roma». Fue un acto de mucha generosidad. Los escritores en lenguas originarias atraviesan un puente para llegar a quienes hablan otros idomas, como el español. Pero ese camino rara vez ocurre en dirección contraria.

¿Su literatura es antídoto contra este racismo estructural?

Una de mis orillas permanentes es la memoria, que nos protege. Aunque esta historia me exigió otras cosas. Es el libro que más trabajo me ha costado. Eso es también la literatura: corregirnos ante la vida si no hemos estado a la altura.

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