Parecidos que alarman

Gara, Amparo Lasheras, 30-06-2026

Una de las primeras acciones de Hitler contra la comunidad judía fue obligarles a llevar un distintivo, una estrella amarilla, en sus ropas. Más tarde, esa norma se impuso a todos los colectivos que los nazis consideraban peligrosos para la nueva Alemania. Cuando eran detenidos y, antes de llevarles a los campos de exterminio, los clasificaban con un triángulo de diferentes colores: rosa para los homosexuales, rojo para los comunistas, marrón para los gitanos o azul para los republicanos españoles. La medida tenía el objetivo de arrebatarles la dignidad hasta convertirles en nadie. Porque ser nadie es no existir, no tener nombre, vivir o morir sin derechos. La madrugada del 14 de mayo, en Gasteiz, durante la identificación de las personas inmigrantes que sobreviven en las fábricas abandonadas de Urssa y EGA, la Ertzaintza, tras confiscarles la documentación, los «repartió en grupos marcados por colores». Verde, naranja y rojo, según su situación. Sobran las palabras. Si a este proceder, tan genuinamente nazi, se añade la carga de Loiu contra los activistas solidarios con Palestina, las declaraciones de los sindicatos policiales y las excusas mentirosas del consejero de Seguridad, la semejanza asusta. Con este bagaje, el porqué de la querencia sionista del PNV resulta muy alarmante.

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