Alberto Edjogo-Owono: "Hay dos maneras de afrontar la diversidad de la Selección: decir 'Estos negros no me representan' o creer que juntos podemos hacer grandes cosas"
De padre ecuatoguineano y madre andaluza, es uno de los comentaristas de cabecera de la Liga desde hace varios años. Publica 'Heridas en la piel', un retrato sobre la historia del racismo en el fútbol español
El Mundo, , 01-06-2026Su libro narra la historia del racismo en el fútbol español desde la llegada de Ben Barek en los 50 hasta ahora. ¿Qué ha cambiado?
Los jugadores extranjeros que llegaban en los 50 eran casos excepcionales, casi exóticos. Y luego comienzan a venir más, con el Mundial de España y luego la Ley Bosman, que cambia todo. Con el Mundial llegan los hooligans y la asociación entre violencia y fútbol, las peleas en los bares y en las calles… Germina la idea de esos grupos radicales. Y con la Ley Bosman se abre el grifo para futbolistas de toda Europa y América. En los 90 fue un tema crudo y ahora todavía se escuchan cosas, pero diría que son esporádicas. Hay situaciones en los 90 que ahora serían impensables, como el caso de Wilfred. Diría que el camino ha sido desde lo exótico del inicio pasando por una situación de mucho conflicto con ultras. Y luego es que el fútbol siempre ha sido un escenario para que un señor, el domingo por la tarde, tenga la vía de escape de toda la semana, pueda decir lo que quiera, llamar “hijo de puta” al árbitro y cagarse en la madre del entrenador. Y el rubio es maricón, el negro un mono y todo así. Hoy hay menos, sí, pero también hay menos desde la conciencia. Antes no había conciencia de que ese insulto estaba mal. Ahora el que lo hace sabe que está haciendo algo malo. En España hay un gran reto que es intentar que esos discursos donde se mezcla todo no lleven a una exaltación del racismo en público.
Algunos insisten en que el que llama “mono” a un jugador lo hace no por racismo, sino por atacar al rival. Sin más.
Están llamando ‘mono’ a una persona en 2026. No sé cuál es el objetivo de esa gente. Lo que sí sé es que lo que hacen es racista. Dicen: “No, yo no soy racista”. Bueno, yo no sé lo que eres, pero si cuando hay un conflicto con un jugador lo primero que te sale es decirle ‘mono de mierda’, pues me cuesta creer que no tengas algo ahí dentro. Si tú, para describir su comportamiento, entras en su condición, género o raza, eres racista.
¿El fútbol es un reflejo de la sociedad?
Pues… Un poco, pero mira. Mi mujer cada vez que va con mis hijos a ver al Sabadell vuelve escandalizada. El fútbol a veces es un reflejo de una centrifugadora de lo peor de la sociedad. Le diría a la gente que el psicólogo es más barato. Los comportamientos de un campo de fútbol rara vez se replican en la calle. Tú en el supermercado no insultas al de la fila, pero en el estadio sí. El fútbol es rivalidad y eso tiene que estar, pero de ahí a normalizar ciertos comportamientos, pues no lo compro.
En el libro dice que la conciencia de ser diferente aparece pronto. ¿En su caso cuándo fue el primer momento en el que sintió eso en el fútbol?
Pues jugaba en el Espanyol en categorías inferiores y era uno de los capitanes. En un entrenamiento, en un choque con un compañero, nos enzarzamos y me dijo: “Cállate, negro zumbón”. Y claro, tenía 11 años, y en ese momento me empecé a plantear las cosas. Me quedé en shock. A nosotros, los hijos de africanos nacidos en España, se nos ha criado en que no nos podemos quejar. Tú no puedes mostrar debilidad, tienes que seguir tu camino sin tener en cuenta que eso te deja una huella dentro. Tú no quieres ser conflictivo, no quieres que se monte un cristo con esto porque a la mínima te pueden echar del equipo. Mi padre, que llegó a España a finales de los 60, nos ha educado en ser modélicos, educados, estudiar, jugar… Si vemos algo raro, nos damos la vuelta. Como esa sensación de estar en deuda, ¿no? Por eso las reacciones de los jugadores de los 80 son diferentes. Engonga dice que nunca se habían planteado que si te insultan tienes la autoridad para reaccionar. Nos hemos criado así. Y cuando veo generaciones nuevas como Eto’o, que obligó a cambiar la Ley, me alegra. Yo no quiero que mis hijos tengan que cruzar la acera o que lloren en una esquina del patio si alguien les dice que tienen la cara llena de caca. Tienen que estar orgullosos de quiénes son. Si te escondes, les das la razón.
Vinicius, los Williams, Lamine… Hay un cambio claro en las nuevas generaciones. ¿Por qué cree que se da?
Para mí esto es muy importante. Las personas que ya han nacido en España, como Lamine o Nico, tienen un poder muy fuerte porque son espejo de muchos niños que también han nacido aquí. Creo que Lamine ya empieza a tomar conciencia de la importancia de su figura más allá del fútbol. Encima viste la camiseta de la selección, representa a España, nacido en España, es un jugador divertido de ver, como Nico…. Tienen un poder tremendo. Si esta gente se rebela, se produce un cambio de mentalidad porque ya no son como los que llegan más mayores al país y se sienten como en deuda, sino que ya han nacido aquí. Me he educado aquí, me he criado aquí y tengo unos derechos iguales a los demás. Hay también el concepto de buen negro: mientras tú ocupes unos espacios donde estés al servicio del autóctono, no eres ninguna molestia. ¿Por qué se insulta a Vinicius y no a Rodrygo? Porque Rodrygo no genera conflicto. Es injusto.
¿Esta selección ayuda a normalizar la diversidad social?
Sí, porque cada vez hay más. A lo mejor mi cuñado es magrebí, o mi compañero de trabajo dominicano… Todos tenemos gente cercana que es muy diversa, y esto también te ayuda a ti a entender que detrás del grito de “mono” en un estadio hay algo erróneo. Y luego también es injusto que tengas que ser una superestrella para ser considerado una persona de primera clase, pero ayuda a normalizarlo. La sociedad está cambiando, se está mezclando y hay dos maneras de afrontarlo. Cerrarte en banda y decir: “Estos negros no me representan”, como Le Pen en Francia 98 o pensar que juntos podemos conseguir grandes cosas.
En su caso, ¿le han llegado comentarios de ese estilo al salir en televisión? ¿Cómo lo ha gestionado?
Sí, alguna vez, pero ha sido cuando me he puesto a hablar del Madrid o del Barça, porque dejas de ser una persona amable. Pero es verdad que cuanto más volumen tengas, mayor porcentaje de gente intolerante que te sigue tendrás. Me toca, pero no excesivamente. Además, ahora ya no me meto tanto en las redes sociales. Antes combatía mucho, pero ya no.
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