Francia deroga el edicto que daba cobertura legal a la esclavitud en sus colonias
La Asamblea Nacional aprueba por unanimidad una propuesta legislativa que abole los decretos reales que permitieron ese sistema de explotación durante los siglos XVII, XVIII y XIX
Canarias 7, , 28-05-2026La Asamblea Nacional francesa aprobó este jueves una medida con un valor simbólico evidente, pero cuyas consecuencias reales son más inciertas. La totalidad de los 254 diputados presentes en el hemiciclo (de un total de 577) votaron a favor de la abolición del ‘Código Negro’. Este dispositivo legal, compuesto por una serie de decretos reales, rigió el feroz sistema de la esclavitud en las colonias francesas durante los siglos XVII, XVIII y XIX. Aunque esas leyes no se aplican desde la abolición de la esclavitud en 1848, no han sido suprimidas oficialmente y siguen formando parte del Derecho galo.
La propuesta de ley debatida y votada este jueves en el Parlamento francés busca acabar con este anacronismo. Se trata de un texto impulsado por el diputado guadalupeño Max Mathiasin, del grupo centrista de oposición LIOT. Ha recibido el apoyo de todos los partidos, desde la ultraderechista Agrupación Nacional hasta la Francia Insumisa (afines a Sumar o Podemos), pasando por los macronistas, la derecha tradicional de Los Republicanos y el resto de la izquierda.
La aprobación de esta propuesta representa, según Mathiasin, «un paso suplementario» en la memoria histórica de la esclavitud, que explotó a millones de personas en las colonias y resultó clave para la economía francesa de la época, sobre todo con los campos de caña de azúcar y algodón. «Es un homenaje a los hombres, las mujeres y los niños que fueron esclavizados», ha añadido el ponente del texto visiblemente emocionado.
Los esclavos como «muebles»
Durante el debate de la ley, se han vivido algunos momentos emotivos. Así ha sucedido cuando el diputado Steevy Gustave, del grupo de Los Ecologistas, ha recordado que «el abuelo de mi abuela había sido esclavizado y lo habían matriculado con el número 336». El ‘Código Negro’ dio durante más de 150 años una cobertura legal a un brutal sistema de explotación. Por ejemplo, consideraba que los esclavos eran como «muebles» que se podían vender y comprar y establecía los castigos corporales que les podían infligir cuando se escapaban, como los cortes de oreja, quemaduras con el símbolo de la flor de lis o incluso la pena de muerte.
La aprobación del texto ha coincidido prácticamente con el 25 aniversario de la ley Taubira, que convirtió a Francia en el primer país en el mundo en considerar como «un crimen contra la humanidad» la esclavitud y la trata de personas negras. Durante un acto de conmemoración la semana pasada de esa famosa medida, el presidente francés, Emmanuel Macron, se había posicionado a favor de la abolición del ‘Código Negro’, instaurado a partir de 1685 por Luis XIV. «No se trata de borrar la historia, sino de afirmar con claridad que el hecho de mantenerlo supone una traición a los principios de la República», sostuvo.
Más allá del carácter simbólico de su supresión del Derecho, ¿la aprobación de esta propuesta legislativa comportará algún efecto real? Difícil saberlo. Macron se posicionó a favor la semana pasada de una «reparación» histórica, pero no desarrolló demasiado su posición. De hecho, se mostró más bien prudente a la hora de hablar sobre posibles indemnizaciones económicas y consideró prioritaria la presencia de esta cuestión en los programas educativos, así como la devolución de bienes culturales robados. «El reconocimiento y la reparación consisten en aceptar que ese dolor forma parte de todos nosotros», declaró.
Además de abolir el ‘Código Negro’, el texto aprobado exige al Gobierno que elabore un informe sobre la presencia de esta cuestión en los programas educativos, así como sobre los efectos a largo plazo del Derecho colonial. A pesar de que Francia abolió la esclavitud en 1848 ya hubo una primera intentona para suprimirla en 1794 durante la Revolución Francesa, la sombra del sistema esclavista sigue notándose en el presente. Hasta el punto de que algunas de las zonas más pobres del país son los territorios de ultramar, marcados durante décadas por ese modelo.
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