...y los gatos tocan el piano
La falsa amenaza
Canarias 7, , 24-05-2026El Supremo no ha paralizado la regularización extraordinaria de migrantes que pedían la Comunidad de Madrid y la ultraderecha. No es una decisión menor. Habían convertido ese procedimiento en una amenaza nacional: más inmigrantes, venían a decir, equivalen a más colapso de los servicios públicos; y, entre ellos, la sanidad ocupaba el lugar preferente del miedo. El argumento es eficaz porque apela a una ansiedad real —listas de espera, centros de salud saturados, precariedad administrativa—, pero la dirige contra quienes menos responsabilidad tienen en el deterioro del sistema.
Ahí está el error de bulto, además de la indecencia política. Las personas migrantes no llegan a un país envejecido para quitarle oxígeno, sino para dárselo. España tiene la pirámide poblacional que tiene. Quienes trabajan, cotizan, consumen, cuidan, limpian, atienden, reparten, construyen y sostienen una parte esencial de la economía no son una carga abstracta, sino una parte concreta del engranaje que permite que los demás también vivamos. Presentarlos como amenaza al Estado del bienestar es una forma muy eficaz de ocultar quién se beneficia de su trabajo y quién se desentiende de sus derechos.
La prioridad nacional vuelve a enseñar la patita. Primero los de aquí frente a los de fuera. Después, los de esta comunidad frente a los de aquella. Y, si se apura la lógica, los del centro frente a la periferia. Esa política del «primero nosotros» no tiene fondo porque siempre puede encontrar a alguien más abajo en la escala a quien empujar. En Canarias se ha visto con crudeza con los menores migrantes solos: cuando el archipiélago pide solidaridad, algunas comunidades miran hacia otro lado; cuando esas mismas comunidades reclaman recursos al Estado, apelan a la igualdad; cuando llega la hora de repartir responsabilidades, el Estado autonómico se convierte en un bazar donde cada cual intenta sacar tajada quitándole las migajas al otro.
La xenofobia siempre llega envuelta en una aparente preocupación presupuestaria: no dice «no los queremos», sino «no cabemos». Es la misma frase, pero con guante de seda.
A medida que se acerque el próximo ciclo electoral, este discurso irá a más. Habrá quien vuelva a hablar de fronteras, de invasión, de colapso, de privilegios inventados y de seguridad. Y frente a eso conviene no conceder ni el lenguaje ni el marco. Ni siquiera cuando se presentan bajo la bandera de una «canariedad» de conveniencia.
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