Eduardo Ruiz Sosa: “Cuando migras, es complicado luego volver al mismo lugar porque ya no existe”
El escritor mexicano publica 'El paisaje es un grito', una novela que empieza con una deportación, pues al protagonista lo expulsan al limbo de los sin papeles por culpa de un conflicto burocrático
La Vanguardia, , 24-05-2026“Hay libros que uno quiere escribir pero no puede, porque no tiene la experiencia vital o la técnica narrativa. Y, sin embargo, hay otros que, puedas o no, necesitas escribirlos. Este es el caso de mi nueva novela”, reconoce Eduardo Ruiz Sosa (Culiacán, México, 1983) sobre El paisaje es un grito (Candaya) mientras se toma un café americano en un bar de la plaza Navas, en el Poble – Sec. Hace tiempo que ha hecho de este lugar y de sus calles adyacentes su universo, no solo porque cerca está Candaya, donde publica y es editor, sino porque en el barrio viven buena parte de sus amigos, y siempre es más fácil hablar de temas menos amables, como es la migración, desde una zona de confort. Y eso que considera que la suya fue una migración “más amable que la de otros”, pues vino a Barcelona para estudiar y se enamoró de la ciudad y de las oportunidades que esta le brindaba.
En su nuevo libro, todo empieza con una deportación. A Baldor, que vive desde hace años en el Otro Lado, lo expulsan al limbo de los sin papeles por culpa de un conflicto burocrático. Obligado a enfrentarse al Origen, el lugar donde nació que abandonó, atraviesa, junto a otros tres migrantes indocumentados (la Caticha, el Lombardo y el Genízaro), los espacios devastados del desierto y de la Sierra Madre. Cuando uno de sus compañeros de viaje muere, el grupo se extravía en un laberinto de pueblos con nombres extranjeros, bautizados como Belfast, Praga o París, mientras luchan por no sucumbir al desarraigo.
Hace cinco años que llevaba envuelto en estas páginas. A muchos de sus fieles lectores puede sonarles la historia, pues tiene eco de uno de los relatos de su primer libro de cuentos. “Supe que algún día lo desarrollaría pero necesitaba tomar distancia para poder ser objetivo, y había llegado el momento”, explica, sin atreverse a confesar del todo cuánto de autobiográfica es la trama, pues cierra el asunto con la afirmación de que “es una mezcla de muchas historias cercanas, una biografía colectiva”. Y no miente, pues es probable que más de un lector conozca de vivencias similares, ni que sea por haberlas escuchado en televisión. En todo caso, el relato es moldeable pues, tal y como admite el propio autor, en su última revisión, no dudó en cambiar el final. “Fue un giro radical. Es la primera vez que hago algo así”.
Quien sabe si influyera que hace ocho años que no visita México, y que mayor necesidad de un grito hay que ese. En una historia de regreso, ¿se reconoce el paisaje que se había dejado atrás? ¿Es siempre el mismo? Y, en todo caso, ¿es un fracaso esa vuelta cuando no es deseada? “Cuando en su momento yo regresé por un periodo de varios años tras haber vivido aquí, no lo sentí así. Lo que ocurre es que es complicado volver al mismo lugar porque básicamente no existe, por más que uno se empeñe. Los lugares cambian, a veces demasiado, y las personas también, pues se han transformado durante su migración, como es lógico. Tiene que haber un proceso de adaptación y a veces eso no sucede y se sufre”.
Escribir de todo ello dejó al escritor mexicano “exhausto”: “Fue extenuante”, reconoce, pues “estuve jornadas de 10, 12 y hasta 14 horas encerrado para escribir e, inevitablemente, algunos aspectos revivir. Emocionalmente fue muy demandante. De todos los libros que he escrito, indudablemente este es el que más me ha tocado. Y mira que, en general, no hablo de temas fáciles”. Memoria, violencia y comunidades en los márgenes, impronta personal de la pluma de Ruiz Sosa.
La novela está fragmentada en distintos episodios que no están contados de forma lineal. “Quería que el lector se desorientara, que tuviera una experiencia similar a la que tienen los protagonistas. Doy mucha importancia a la forma y la experiencia de lectura, porque lo cambian todo totalmente. Además, no me gustan las novelas bien peinadas. Ante todo, soy un amante del caos”.
Ruiz Sosa se convence así que “descolocar el tiempo es parte de la experiencia migrante”. Y pone un ejemplo: “Cuando mi madre me llama de Culiacán en su mañana, quizás aquí es de noche. Y luego una llamada a depende qué hora siempre te da un vuelco al corazón. Luego ves que no sucede nada malo y ya te alivias. Pasar de la ansiedad al alivio, a menudo, es cuestión de segundos. Los sentimientos y cambios de humor varían en menos tiempo”, concluye.
(Puede haber caducado)