Niños y ladrones
La Vanguardia, , 16-05-2026Niños de entre 11 y 13 años en patinete, robando de forma violenta a los vecinos de l’Hospitalet del Llobregat. Esta ha sido la alerta lanzada por los Mossos desde la segunda ciudad de Catalunya: los ladrones son cada vez más jóvenes. En el área metropolitana, los menores, cuanto más jóvenes mejor, son captados por las bandas que importan referentes latinoamericanos porque, como los que roban en patinete, son inimputables por su edad. La conselleria anuncia un plan de choque, pero este, precisamente por razones de edad, no es un problema policial, ni judicial, ni de los centros de menores.
Cuando yo era niña, bandas de jóvenes delincuentes, más o menos de estas edades, esperaban a los chicos en la puerta de las escuelas para robarles todo lo que llevasen encima a punta de navaja. No era difícil que, paseando por la calle, te arrancasen una cadena, una pulsera o el bolso. Me pasó subiendo por la rambla Catalunya. El ladrón era un niño tan pequeño que, cuando lo agarré por la camiseta, lo levanté del suelo. Su acompañante, que no debía de llegar ni a los trece años, intentaba darme patadas y la tumbé apenas con un empujón. A nadie le extrañó mi experiencia. En ese momento, los tribunales de menores eran la única respuesta, con reformatorios, siniestro nombre para los actuales centros de menores, con pocas plazas libres.
Entonces como ahora, el problema de fondo era la pobreza. Las bandas de ladrones vienen y venían de infraviviendas, antes chabolas y ahora pisos compartidos con familias enteras viviendo en una habitación. Ahora, como entonces, hablamos de entornos desestructurados, monoparentales, castigados por el consumo de drogas, la distancia impuesta por la inmigración, la violencia de género, la cárcel de los padres.
No todos acaban delinquiendo. Apuntamos a unos niños para los que los compañeros, los miembros de la banda, son la única familia y referencia. A carencias en educación, afecto, acompañamiento. A administraciones que no llegan y a sociedades que prefieren que el problema desaparezca, que estos niños reciban una etiqueta que nos permita deshumanizarlos y esconderlos tras una puerta cerrada. Antes eran gitanos o quinquis, hoy son menas o latin kings. Siguen siendo niños.
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