«Trabajo mucho para mostrar que no vengo a chupar del bote»

La marroquí Souad El Hafidi está casada con el eibarrés Jon Deza y han formado una familia junto a sus dos hijas pequeñas

Diario Vasco, Patricia Rodríguez, 15-05-2026

Suad El Hafidi llegó desde Marruecos con su madre cuando era una adolescente en busca de una oportunidad que en su país parecía imposible. Hoy es madre de familia, está casada con el eibarrés Jon Deza, tiene dos hijas y regenta tres negocios, dando empleo a cerca de 30 personas. «¿Quién me iba a decir que iba a terminar casada con un guipuzcoano?», bromea esta mujer de 37 años que actualmente reside en la villa armera desde hace 16.

Sin embargo, el camino recorrido hasta conseguir la mujer que es hoy y la familia soñada no ha sido sencillo. Vino con una maleta llena de incertidumbre y sin apenas recursos económicos «para empezar de cero, que no es fácil para nadie, es duro y tienes que demostrar mucho». Empezó trabajando en pequeños trabajos temporales, en el campo y de interna, y poco a poco fue ahorrando para coger una pequeña pescadería de barrio. «Cuando llegué aquí no tenía ni estudios ni nada. Vi que alquilaban la pescadería, fui donde los dueños y les dije que si me enseñaban todo lo que sabían, yo la alquilaba. ¡Y no tenía ni idea de pescar! A los 20 días levanté la persiana yo sola, con 19 años», rememora orgullosa.

Lo que comenzó como un negocio humilde terminó creciendo mucho más de lo que imaginaba, con una clientela muy fiel «que me respeta mucho». Con mucho esfuerzo y años de trabajo, abrió después dos bares, el bar Azkena en Eibar y otro en Ermua, que actualmente dan empleo a una treintena de personas. Todo lo que ha conseguido ha sido trabajando, según afirma con orgullo a lo largo de toda la entrevista.

Evita hablar de ayudas públicas. Dice que desconoce las que hay porque siempre ha confiado en otra fórmula: la del trabajo. «He trabajado más que nadie y sigo trabajando y doy trabajo. Siempre me he sacado yo misma las castañas del fuego, yo trabajé 16 horas por 600 euros para no ir a pedir ayudas. Las ayudas están bien para quien las necesita, pero hay gente que se sabe los trucos, no las necesita y están criando vagos».

Para ella, el esfuerzo constante ha sido la única manera de salir adelante y ofrecer un futuro mejor a sus hijas. En este sentido, comenta que «siempre he tenido ese complejo de que los inmigrantes venimos a chupar del bote o que todos somos iguales o que venimos a robar o a aprovecharnos… Pues quiero demostrar que no es así», reivindica, «que hay gente muy trabajadora. Hay gente buena y gente mala, como en todos lados».

Con tres negocios en marcha, la conciliación se complica. «Nos ayuda mi suegra y también pagamos a una chica para que nos ayude, es difícil y requiere de mucho sacrificio. Aunque sabía lo que me esperaba y no puedo quejarme y llorar. Muchas veces me digo que no tengo derecho a quejarme, es lo que toca y hay gente peor. Entiendo que haya gente que retrase la decisión de ser padres, aunque si lo piensas nunca es el momento adecuado».

Esta mujer se siente plenamente integrada en Gipuzkoa. Se casó con el eibarrés Jon Deza y tienen dos hijas, Yasmin y Nora, de 10 y 7 años. «Estoy muy contenta aquí. Los años que estuve en Almería y después en Castilla – La Mancha nunca llegué a hacer amigos. No tenía nada, hasta que llegué a Eibar. Aquí estoy muy bien, no tengo problemas».

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