La violencia de los colonos marca el día de Jerusalén

Miles de extremistas israelíes acuden a la ciudad antigua para conmemorar la toma de la ciudad en 1967

La Vanguardia, Helena PelicanoHelena Pelicano/Jerusalén. Servicio especial, 14-05-2026

Un grupo de jóvenes colonos israelíes acorrala a un judío ultraortodoxo en una de las calles de la ciudad antigua de Jerusalén: “traidor, cobarde, eres una vergüenza para este país”, espeta un adolescente, vestido con ropa holgada y los característicos tzitzit, las cuatro cuerdas atadas a la cintura tradicionales del atuendo religioso judío. El crimen de su compatriota es llevar unos de los chalecos lilas de la asociación Standing Together, dedicada a la protección pacífica de los palestinos contra los ataques de los colonos en Cisjordania.

Centenares de incidentes como este protagonizan desde hace unos años el día de Jerusalén, en el que decenas de miles de israelíes acuden en autobuses al corazón de la ciudad santa y marchan hasta el muro de las lamentaciones danzando con banderas. Para Israel, este día conmemora la toma completa del enclave durante la guerra de los Seis Días, en 1967. Los palestinos, en cambio, marcan esta fecha en el calendario como el momento en el que comienza la ocupación de Jerusalén Este, un proceso que no se ha detenido hasta el día de hoy.

Por ello, Shahd ha decidido pasar el día lejos de su casa, situada dentro de las murallas. “Es peligroso. Todas las tiendas han cerrado en la parte palestina de la ciudad, por temor a los colonos”, explica. El año pasado, narra, un grupo forzó la puerta de su vivienda “por diversión”. “Se sentaron en mi salón y pasaron el día allí. (…) No hay nada que podamos hacer, la policía no les va a hacer nada”.

El portavoz de Speak Now, Ori Shaham, explicó a La Vanguardia los peligros de esta jornada históricamente conflictiva. “Cada año, multitud de extremistas y colonos violentos vienen aquí para participar en la Marcha de las Banderas. Lo hacen de una forma extremadamente racista y violenta, muchas veces coreando “muerte a los árabes” o “que arda vuestra aldea”, atacando a comerciantes y a familias”.

Este grupo de activistas israelíes se interponen entre los árabes locales y los colonos. “Como israelíes y como judíos, tenemos ciertos privilegios y es menos probable que nos ataquen. Así que, cuando ponemos nuestros cuerpos en primera línea y documentamos lo que ocurre, ayudamos a reducir la violencia”, explica. En ese sentido, actúan en sustitución de las autoridades que “en muchas ocasiones deciden pasar de largo”.

Pero ellos y la prensa también son objetivo de los extremistas. Pasado el mediodía, los soldados expulsan a empujones a periodista y cualquiera que no participe en la marcha. A la salida de la emblemática puerta de Damasco, espera otro grupo, preparado para escupir e increpar a todo aquel que lleve acreditación.

Según muchos de los asistentes a la marcha de las banderas, Jerusalén debe convertirse en una ciudad completamente judía. La organización israelí Bimkom deuncia que los nuevos proyectos urbanísticos impulsados por Israel en Jerusalén Este buscan acelerar la expansión de los asentamientos judíos.

Según los datos recopilados por la organización, la población palestina representa alrededor del 40% de los residentes de Jerusalén, pero solo dispone del 26% de las viviendas existentes en la ciudad. En 2025, apenas se aprobaron unas 640 viviendas para palestinos frente a cerca de 9.000 destinadas a población judía, incluidas miles de unidades construidas más allá de la Línea Verde, la frontera invisible que marca desde hace casi seis décadas a palestinos e israelíes.

“Este lugar nos fue prometido por Dios”, argumenta uno de los pocos colonos dispuestos a hacer declaraciones. “Los árabes tiene que marcharse, así lo dice la Torá”, repite. A su lado pasa una palestina, con su hijo en brazos, apresurada por abandonar un lugar cada vez más difícil que llamar hogar.

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