Una viuda francesa de 85 años detenida en EE.UU. denuncia su experiencia en un centro migratorio: "Algunas mujeres no sabían dónde estaban sus hijos"
Marie-Thérèse Ross, liberada tras 16 días bajo custodia en Luisiana, describe su paso por un centro de detención migratoria en Estados Unidos
El Mundo, , 13-05-2026Por las noches, el silencio se imponía en el centro de detención migratoria de Luisiana donde permanecía retenida Marie-Thérèse Ross, de 85 años. Después comenzaban los llantos.
“Niños llorando, e incluso bebés”, recuerda Ross, viuda francesa de un veterano del ejército estadounidense, cuya detención el mes pasado —en el marco de la ofensiva migratoria impulsada por la administración Trump— acaparó titulares internacionales.
Ross relató este lunes a The Associated Press los 16 días que pasó bajo custodia federal de inmigración tras ser arrestada el 1 de abril en Alabama por presuntamente haber excedido la duración de su visado, así como la historia de amor tardía que la llevó a Estados Unidos. Ya ha sido liberada y ha regresado a Francia. La experiencia de la detención, asegura, la transformó a ella y también a su visión de la política.
Fue alojada en una sala tipo dormitorio junto a otras 58 mujeres, la mayoría madres. “Algunas de ellas no sabían dónde estaban sus hijos”, explicó. “Creo que es terrible que una mujer no sepa dónde están sus hijos”.
Su arresto en Alabama ocurrió con tal rapidez que apenas comprendió lo que estaba sucediendo. Cinco hombres que se identificaron como agentes de inmigración golpearon la puerta y las ventanas de su vivienda a las ocho de la mañana antes de esposarla y subirla a un vehículo, según su relato. Todavía llevaba puesto el albornoz, las zapatillas y el pijama.
Dos días después fue trasladada a un centro de detención en Basile, Luisiana. A finales de ese mismo mes quedó en libertad. Actualmente se recupera junto a su familia en un suburbio de Nantes, en el oeste de Francia. El ministro francés de Exteriores, Jean-Noël Barrot, había reclamado públicamente su liberación, al considerar que los métodos del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de EE.UU. “no están en línea” con los estándares franceses.
Ross había llegado a Estados Unidos para comenzar una nueva vida junto a William B. Ross, un soldado estadounidense retirado al que conoció cuando él estaba destinado en Francia en la década de 1950 y ella trabajaba como secretaria en la OTAN.
Entre 1962 y 2022 mantuvieron el contacto a través de la esposa de William, amiga de Marie-Thérèse. «Después de que ambos enviudáramos, decidimos pasar las vacaciones juntos», contó Ross. “Luego los sentimientos reaparecieron y decidimos casarnos el año pasado”. Después cruzó el Atlántico y se instaló con él en Anniston, Alabama. Tras la muerte de William por causas naturales en enero, surgió una disputa por la herencia.
Los hijos de William redirigieron el correo de la vivienda familiar en Alabama, lo que provocó que su madrastra perdiera una cita relacionada con inmigración, según señaló un juez estatal en una resolución judicial. El magistrado acusó a uno de los hijos —exagente de la Policía Estatal de Alabama y actualmente empleado federal— de haber utilizado su posición para favorecer la detención de su madrastra y pidió una investigación federal sobre lo sucedido.
El hijastro negó cualquier implicación en el arresto. Marie-Thérèse aseguró que antes de la muerte de su marido mantenía una relación cordial con los hijos de este. Después, aseguró que “se transformaron”.
Según el Departamento de Seguridad Nacional de Estados Unidos, Ross había excedido el límite de su visado de 90 días en el momento de su arresto. AP solicitó declaraciones al organismo el martes, después de que este no respondiera previamente a las preguntas sobre el caso.
“Hay bebés en esa cárcel”
En el centro de detención de Luisiana, Ross describió normas estrictas, gritos constantes por parte de los guardias y un trato condescendiente. “La prisión estaba limpia, la comida era aceptable, pero era la manera en que nos hablaban”, afirmó. “Los guardias no podían hablar sin gritar”.
También describió el lugar como extremadamente ruidoso. “Todo el mundo hablaba en voz alta para que los demás pudieran oírles, pero cuando llegaba el silencio se escuchaba a niños llorando e incluso a bebés llorando”, relató. “Hay bebés en esta cárcel”.
Pese a las condiciones, Ross recordó también gestos de solidaridad entre las detenidas. “Durante la noche, si se me caía la manta, sentía una pequeña mano colocándomela de nuevo”, contó. “No sabía quién era, pero me cuidaban porque yo era mayor que ellas”.
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Según explicó, las mujeres la llamaban “abuela”. Conserva todavía una pulsera de la amistad confeccionada a mano por otra detenida con tiras de plástico de colores, un regalo que sigue llevando hoy.
Familiares de Ross aseguran que aún sufre lagunas de memoria y secuelas emocionales derivadas de la detención. Ella afirma que quiere recibir atención médica en Francia para tratar síntomas compatibles con estrés postraumático y que actualmente recibe apoyo.
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