“Leer es el gesto más subversivo para resistir; y los libros, una patria portátil”
Rachid Benzine aborda el drama de los palestinos es su hermosa y conmovedora novela 'El librero de Gaza'
La Vanguardia, , 13-05-2026Rachid Benzine (Kenitra, Marruecos, 1971), novelista, dramaturgo y profesor de ciencias políticas y filosofía en París, ha obtenido un gran éxito internacional con El librero de Gaza (Salamandra/Navona), una hermosa y conmovedora ficción que condensa el drama del pueblo palestino. Benzine nunca ha pisado la Franja, pero ha hablado con reporteros de guerra y libreros, ha buceado en la historia y en los archivos de la agencia de la ONU para los refugiados en busca de “una fenomenología sensorial para que el lector pudiera habitar el territorio de Gaza y sentirlo como su propio cuerpo destruido”.
Usted dice que “muchos palestinos no habrán conocido en su vida otro trato que el caos, la humillación y la destrucción”. ¿Cómo ha marcado su psique colectiva?
La ha marcado en el sentido de que es un pueblo obstinado en no desaparecer, aunque se busca por todas las vías que desaparezca. Ese caos y humillación es exactamente el sentimiento de todos los palestinos con quienes he hablado. Ha sido así desde 1948. La cuestión es cómo resistir y ser humanos, porque el gran drama es la deshumanización, y cómo salvar la memoria y la historia. El poeta Mahmud Darwish dice que “los palestinos sufrimos de un mal incurable que llamamos esperanza” y que la única vía para un pueblo al que se quiere borrar es resistir contando su historia, su memoria. Si un pueblo es capaz de contar su propia historia, está vivo.
Es otro pasaje afirma que “los huérfanos son sagrados” en la cultura palestina.
Sí, es el principio de solidaridad, propio de todas las comunidades tradicionales. Recuerde que la figura del profeta del Islam era huérfano. Entonces la familia, en el sentido amplio, se hace cargo. Hay obligaciones ante los más vulnerables y los más débiles, y el huérfano es la figura vulnerable por excelencia. Por eso hay una especie de sacralidad.
Las referencias literarias son múltiples. Ha mencionado a Darwish, pero también salen Victor Hugo, Primo Levi, Shakespeare. Describe al protagonista, Nabil, como “un viejo librero que sigue aferrándose a sus libros, leyendo a cuatro pasos de las ruinas, como si las palabras pudieran salvarlo del ruido, del sufrimiento, de la muerte lenta de la ciudad”.
Sí, los libros como refugio y también como recurso cuando todo a tu alrededor contribuye a tu deshumanización. ¿Cómo no ser reducido a una cosa? El único modo es que los libros sigan reforzando tu humanidad y tu interior. Uno podría preguntarse de qué sirve leer cuando todo se hunde. Sin embargo, es el gesto más subversivo, el más humano, para decir que, pese a todo, seguimos resistiendo. Por eso las dictaduras acaban prohibiendo los libros, que son el lugar de la imaginación, de lo posible. Tú atraviesas los libros, pero ellos también te atraviesan. Un libro muy bueno te transforma, te lleva a ver la realidad de otro modo. Si montas una pieza de teatro en Gaza, como Hamlet , escrita hace siglos, cuando dice “ser o no ser, esa es la cuestión’, a un palestino en Gaza le devuelve a la existencia misma de su pueblo. Los viejos textos siguen resonando en nuestra condición humana. Igual con el libro de Job, que se dirige a Dios sobre todas las desgracias que sufre y le pregunta: “¿Por qué yo?” Es la misma pregunta que plantean hoy los niños palestinos: “¿Por qué nosotros?”
¿Los libros para resistir?
Absolutamente, para mí los libros siempre han sido un lugar de resistencia para que el hombre no sea reducido a la animalidad. Es el problema de la guerra, que el más fuerte buscar deshumanizarte para que seas reducido a las necesidades mínimas: comer, beber y cobijarte. Esas son las necesidades de los animales.
Para Nabil, el refugio eran los libros. ¿Lo es hoy para los jóvenes gazatíes, o prefieren el fútbol?
Nabil lo perdió todo. Su apellido, Al Djabir, significa “el que repara”. Su misión es la reparación. Esa librería en medio del caos dice algo profundo sobre la humanidad. Los libros no te salvarán de las bombas, ni devolverán a los niños que murieron, pero permiten desarrollar en ti un espacio interior inviolable, a salvo de las peores opresiones. Cuando todo está destruido, los libros se convierten en una patria portátil. Hay muchas experiencias, en las prisiones, en las dictaduras. En Auschwitz hubo gente que resistió haciendo teatro, dando conferencias o leyendo. Hace poco se abrió una librería en Gaza. Muchos llevaron libros para que otros pudieran tomarlos prestados. No digo que la lectura vaya a resolverlo todo, pero es un espacio de humanidad, como puede serlo el fútbol o comer juntos. De repente hay personas que se encuentran cuando se quiso destruir a estas personas.
¿Qué piensa de la posición adoptada por Francia, un poco ambivalente, sobre Gaza, dado que aquí vive la comunidad judía más numerosa de Europa y también la mayor árabo – musulmana?
Creo que Francia no ha estado a la altura de su historia. No se puede presumir de ser el país que inventó los derechos humanos y no estar a la altura de lo ocurrido en Gaza. Prefiero claramente la posición de España, que para mí es de una dignidad bastante increíble. Tengo amigos que fueron allí a manifestarse porque ciertas manifestaciones estaban prohibidas en Francia. Me parece que, en el conflicto de Gaza, lo que ha salvado a Europa es la posición de España, que parte del principio de que en nombre de la justicia y del derecho internacional no se puede aceptar cualquier cosa.
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